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SCHALPER Y LA "DERECHITA COBARDE": EL DIPUTADO DE RN QUE VIAJÓ A RAMALLAH, USÓ EL LENGUAJE DEL ACTIVISMO PRO-PALESTINO Y HOY ALECCIONA A LOS REPUBLICANOS SOBRE MODERACIÓN

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SCHALPER Y LA "DERECHITA COBARDE": EL DIPUTADO DE RN QUE VIAJÓ A RAMALLAH, USÓ EL LENGUAJE DEL ACTIVISMO PRO-PALESTINO Y HOY ALECCIONA A LOS REPUBLICANOS SOBRE MODERACIÓN
Schalper en Belén, mayo 2019. Invitado y financiado por el gobierno palestino. Hoy da lecciones de moderación.

Diego Schalper tiene una frase que esta semana recorrió los medios políticos chilenos con la velocidad que solo tienen las frases bien construidas: la valentía de los diputados republicanos que presionan por la acusación constitucional contra Nicolás Grau es, según él, "valentía dactilar" —es decir, valentía de teclado— que "se parece más al populismo que a la política."

Es una frase elegante. El problema es quién la dice y desde dónde la dice.

Diego Schalper es el jefe de bancada de Renovación Nacional en la Cámara de Diputados. Es el mismo parlamentario que en mayo de 2019 viajó a Cisjordania invitado por el gobierno palestino, recorrió Hebrón, fue interpelado por colonos y soldados israelíes, y publicó en sus redes sociales que "si tratan así a parlamentarios extranjeros con protección diplomática, se imaginarán lo que le puede pasar a los palestinos." Es el mismo diputado que se reunió con el primer ministro palestino Mohammad Shtayyeh, que se fotografió en Belén y Jerusalén en una misión diseñada por el gobierno palestino para generar simpatía internacional hacia su causa, y que volvió a Chile habiendo prestado su figura y su cargo a una operación de lobby político organizada por una de las partes del conflicto.

Ese mismo Schalper, hoy, le dice a los diputados republicanos que su valentía es dactilar.

VDI Global tiene una posición clara sobre el conflicto israelí-palestino. Y tiene una posición igualmente clara sobre la coherencia que se le debe exigir a quienes pretenden dar lecciones de moderación y política seria dentro del bloque gobernante.

La AC contra Grau: el contexto del choque

El detonante inmediato es conocido. La diputada republicana Stephanie Jéldrez y el diputado Cristián Araya presionaron públicamente a los partidos de Chile Vamos —especialmente a RN— para que respaldaran la acusación constitucional contra el exministro de Hacienda Nicolás Grau, impulsada por el Partido Nacional Libertario, Republicanos y el Partido de la Gente.

Jéldrez afirmó que "hay una romantización de la moderación que ya pasó de moda" y usó el término "derechita cobarde" para referirse a quienes no se alineaban con el libelo. Araya sumó que "la unidad se va construyendo en la medida que puedes confiar en el otro."

La respuesta de Schalper fue extensa y conceptualmente articulada. Sostuvo que "la polarización renta en tiempos de dictadura del algoritmo, especialmente en un sistema electoral que premia el cultivo de nichos de apoyo y la radicalización", y que "esa valentía dactilar se parece más al populismo que a la política."

Hay algo de razón en el argumento abstracto de Schalper. La polarización por algoritmo es un fenómeno real. El populismo de las redes sociales distorsiona los incentivos políticos. Las acusaciones constitucionales no deberían ser instrumentos de espectáculo sino herramientas de control político con fundamentos sólidos.

Pero todo eso lo dice Schalper. Y Schalper tiene un historial que lo inhabilita moralmente para dar esa lección desde donde la da.

Mayo de 2019: el viaje que Schalper prefiere no recordar

En mayo de 2019, Diego Schalper formó parte de una delegación parlamentaria chilena que viajó a Cisjordania invitada por el gobierno palestino y la Comunidad Palestina de Chile. La delegación incluía figuras de distintos partidos: la presidenta de la UDI Jacqueline van Rysselberghe, el presidente de RN Mario Desbordes, el presidente de Evopoli Hernán Larraín Matte, el jefe de bancada DC Gabriel Ascencio, los diputados Sergio Gahona y Guillermo Ramírez de la UDI, y la entonces excandidatapresidencial del Frente Amplio Beatriz Sánchez.

El viaje fue diseñado y financiado por el gobierno palestino con un propósito político explícito: que parlamentarios chilenos de distintos sectores conocieran "en terreno" la situación de la población palestina bajo ocupación israelí, y volvieran a Chile con una perspectiva favorable a la causa palestina. No es una interpretación maliciosa. Es la descripción literal de lo que el propio organizador del viaje declaró públicamente: el objetivo era que más chilenos conocieran en terreno la situación en la que se desenvuelve el pueblo palestino, la vulneración de sus derechos humanos y la búsqueda de apoyo para hacer cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas.

Durante el recorrido por Hebrón, la delegación tuvo un incidente con colonos israelíes y soldados del Ejército de Israel, quienes les solicitaron sus pasaportes. El incidente fue menor según la propia embajada israelí. Pero Schalper lo utilizó para publicar un mensaje en sus redes sociales que no dejaba lugar a dudas sobre el encuadre con el que procesó el viaje: "Si tratan así a parlamentarios extranjeros con protección diplomática, se imaginarán lo que le puede pasar a los palestinos."

Esa frase no es la de un observador neutral. Es la frase de alguien que viajó a una zona de conflicto invitado por una de las partes, procesó la experiencia a través del marco narrativo que esa parte le ofreció, y lo amplificó en sus redes sociales usando su cargo parlamentario para darle peso institucional.

Eso tiene nombre en la línea editorial de VDI Global: es exactamente el tipo de operación de lobby político-diplomático que hemos criticado cuando la izquierda chilena la practica. Y que criticamos con el mismo rigor cuando la practica alguien de RN.

El problema de la moderación selectiva

Aquí está el núcleo del problema con Schalper, y es un problema que va más allá del episodio puntual de la AC contra Grau.

Schalper se presenta como el defensor de la moderación, de la política seria, de las mayorías construidas para resolver problemas reales. Es un argumento respetable en abstracto. Pero la moderación tiene un costo de credibilidad cuando quien la predica tiene un historial de acciones que no son moderadas sino simplemente moderadas en otra dirección.

Viajar a Cisjordania invitado por el gobierno palestino y volver con el lenguaje del activismo pro-palestino no es moderación. Es tomar partido en uno de los conflictos más complejos del mundo desde una posición de sesgo informativo total: solo escuchaste a una parte, solo recorriste los lugares que esa parte eligió que recorrieras, y solo procesaste la experiencia con el marco narrativo que esa parte te ofreció.

Llamar a "atrofiar" al gobierno de Boric tampoco es moderación. Schalper usó exactamente ese término en una reunión interna de RN. "Atrofiar" no es construir mayorías. Es obstrucción táctica. Es la "valentía dactilar" que hoy critica en los republicanos, pero ejercida desde RN y en otra dirección.

Y en el tema de la AC contra Grau, el argumento de la moderación también es insuficiente. La acusación constitucional tiene una base política que va más allá del espectáculo: el exministro de Hacienda encabezó una cartera durante un gobierno que dejó problemas económicos documentados, y la rendición de cuentas política es parte del sistema institucional, no solo una cuña incendiaria para el algoritmo. Que los republicanos la impulsen con énfasis en la confrontación no hace automáticamente que el instrumento sea ilegítimo.

La coherencia que la coalición de Kast necesita

El gobierno de José Antonio Kast llegó al poder con el 58% de los votos en segunda vuelta. Ese mandato fue construido en parte por Republicanos y en parte por Chile Vamos. Ambos sectores son parte de la coalición gobernante, y ambos tienen responsabilidades que cumplir para que el gobierno funcione.

La tensión entre Republicanos y RN no es nueva ni sorprendente. Es la tensión estructural de toda coalición que reúne a socios con distintos temperamentos políticos, distintos electorados y distintas culturas organizacionales. Los republicanos tienen una base más ideológica y confrontacional. RN tiene una tradición de moderación táctica que a veces roza la indefinición de principios.

Lo que no es aceptable, desde la perspectiva de VDI Global, es que esa tensión se resuelva con cada sector acusando al otro de los defectos que él mismo tiene en versión diferente. Schalper no puede acusar a los republicanos de populismo dactilar desde una trayectoria que incluye un viaje a Ramallah con el activismo pro-palestino como saldo. Y los republicanos no pueden exigir coherencia a RN mientras algunos de sus propios parlamentarios tienen conductas que tampoco resisten el escrutinio.

Lo que el gobierno de Kast necesita no es que sus aliados se destruyan mutuamente en el espacio público. Necesita que ambos sectores resuelvan sus diferencias con la madurez que el momento político exige, que identifiquen los terrenos de acuerdo y que actúen en consecuencia. Y necesita que quienes dan lecciones de política seria las den desde una coherencia que sus propias biografías parlamentarias respalden.

Lo que VDI Global le dice a Schalper

Diputado Schalper: usted tiene derecho a defender la moderación. Tiene derecho a cuestionar el estilo de los diputados republicanos. Tiene derecho a no respaldar la AC contra Grau si considera que no tiene fundamentos suficientes.

Lo que no tiene es autoridad moral para dar esa lección desde donde la da.

Usted viajó a Ramallah y Cisjordania invitado por el gobierno palestino. Volvió con el lenguaje del activismo pro-palestino y lo amplificó usando su cargo parlamentario. En ese viaje no visitó Israel. No escuchó la versión israelí. No recorrió los lugares que el gobierno israelí habría elegido mostrarle. Participó en una operación de lobby político diseñada por una de las partes del conflicto, exactamente del tipo que nosotros criticamos cuando la practican los concejales de Casablanca o los diputados del Frente Amplio.

Esa no es moderación. Es parcialidad con credenciales de centroderecha. Y es exactamente el tipo de inconsistencia que el Chile que eligió a Kast con el 58% de los votos tiene derecho a exigirle que explique.

La "derechita cobarde" que Jéldrez menciona no es cobarde porque no vote la AC. Puede ser cobarde cuando prefiere el cálculo de imagen por sobre la coherencia de principios. Cuando viaja a Ramallah invitado por el gobierno palestino y vuelve a hacer activismo en redes sociales. Cuando llama a "atrofiar" a Boric en una reunión interna y luego se presenta como el defensor de la política seria frente a los que "polarizan."

El gobierno de Kast necesita una coalición que sea leal, exigente y coherente. RN puede ser eso. Pero para serlo, necesita resolver primero la tensión interna entre sus propios discursos y sus propias conductas. Y esa conversación empieza reconociendo que el problema no son solo los diputados republicanos que teclean fuerte. A veces el problema es también el diputado moderado que viajó a Cisjordania.

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