BORIC EN EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS: TERE MARINOVIC DESMONTA AL EXPRESIDENTE QUE CREÓ EL PROBLEMA DEL CAE, NO LO RESOLVIÓ Y AHORA SALE A DAR CÁTEDRA DESDE LA OPOSICIÓN
La abogada y analista política Tere Marinovic publicó en su canal de YouTube FNM un análisis que va directo al hueso del debate sobre los embargos del CAE: antes de opinar sobre Quiroz, sobre la TGR, sobre el gobierno de Kast, hay que hablar de Gabriel Boric. Del expresidente que prometió condonar el CAE, no lo hizo, aumentó la morosidad con sus propias declaraciones, dejó el país en peores condiciones económicas que casi todos sus pares regionales, y hoy —cobijado por una pensión vitalicia de 17 millones de pesos mensuales desde los 40 años— sale a solidarizar con los deudores desde una comodidad que ningún chileno común tendrá jamás. VDI Global comparte el enfoque de Marinovic: el debate sobre el CAE no puede hacerse borrando al autor principal del problema.
El personaje antes del análisis
Tere Marinovic es abogada, analista política y conductora del canal de YouTube FNM, uno de los espacios de comentario político de centroderecha liberal más consistentes del ecosistema digital chileno. Su estilo combina rigor argumentativo con ironía fina, y su disposición a criticar a todos los actores del espectro —incluidos los de su propio sector cuando corresponde— la distingue del comentarismo meramente tribal.
En su análisis más reciente sobre el CAE, Marinovic hace exactamente eso: antes de entrar a evaluar la medida del gobierno de Kast de embargar las cuentas de los deudores morosos, detiene el relato y dice algo que pocos en el debate público se han atrevido a decir con esta claridad: Gabriel Boric no puede intervenir en este debate como si fuera un observador neutral o una voz moral. Es, en buena medida, el arquitecto del problema que hoy critica.
VDI Global suscribe ese punto de partida. Y lo desarrolla.
El país de nunca jamás: la metáfora que lo explica todo
Marinovic construye su análisis sobre una metáfora que resulta tan precisa que duele: Gabriel Boric es Peter Pan. Habita el país de nunca jamás. Un lugar donde las promesas no tienen consecuencias, donde las deudas no se pagan, donde los compromisos incumplidos no generan responsabilidad, y donde es posible opinar sobre los problemas que uno mismo creó sin que nadie lo llame a cuentas.
La metáfora no es un recurso retórico vacío. Marinovic la construye con datos concretos.
Boric llegó a la presidencia en 2022 con un compromiso de campaña explícito y sin matices: condonación universal de las deudas estudiantiles, fin del CAE, nuevo sistema de financiamiento transitorio hacia la gratuidad universal. El título del ítem en su programa de gobierno era inequívoco. No era una promesa vaga de "estudiar el tema". Era una promesa de condonar.
No lo hizo. No pudo hacerlo, entre otras razones, por falta de recursos. Eso es comprensible en un sentido técnico: las promesas de campaña con frecuencia colisionan con la realidad fiscal. Lo que no es comprensible —y aquí Marinovic apunta con precisión— es que la promesa incumplida haya tenido un efecto devastador sobre el propio problema que pretendía resolver.
El efecto Boric sobre la morosidad: cómo una promesa crea un desastre
Este es el punto más importante del análisis de Marinovic y el que el debate público ha esquivado con más consistencia.
Cuando un presidente anuncia que va a condonar una deuda, una parte de los deudores que estaban pagando deja de hacerlo. No por malicia necesariamente, sino por una lógica racional completamente predecible: si el Estado va a borrar mi deuda de todas formas, ¿para qué seguir pagando cuotas hoy?
Según los datos que Marinovic cita en su análisis, en 2022 la tasa de morosidad del CAE representaba el 28% del total de egresados. Al cierre de 2025, ese porcentaje había escalado al 53%. Un salto de 25 puntos porcentuales en tres años. Una cifra que no puede explicarse solo por deterioro económico general —Chile tuvo años de recuperación post-pandemia en ese período— sino que tiene una causa concreta: la señal que el propio presidente Boric emitió con sus promesas de condonación.
El costo de ese aumento de morosidad para el Estado chileno, según Marinovic, es de aproximadamente 500 millones de dólares al año. Plata que sale de los impuestos que pagan todos los chilenos —incluidos los que no pudieron estudiar, los que nunca accedieron al CAE, los que ganan menos que un profesional con título universitario— para cubrir garantías ejecutadas por deudores que pudiendo pagar, decidieron no hacerlo anticipando el perdonazo que nunca llegó.
Esta es la cadena causal que el debate público ha preferido ignorar: Boric prometió condonar → los deudores dejaron de pagar → la morosidad se disparó → el costo fiscal aumentó → el gobierno de Kast heredó el problema → implementó los embargos → Boric salió a criticar los embargos.
Marinovic lo llama con precisión: el señor que señaló el problema, prometió la solución, no cumplió y profundizó el hoyo, ahora aterrizó en el debate público con semejante impunidad.
La pensión vitalicia: el contexto que lo cambia todo
Hay un elemento del análisis de Marinovic que merece especial atención porque es el que convierte la crítica de Boric de discutible a directamente impresentable: su situación económica personal.
Gabriel Boric terminó su mandato presidencial a los 40 años. Desde ese momento, y hasta el día de su muerte, recibirá una dieta mensual de 7,3 millones de pesos en carácter de expresidente. Adicionalmente, cuenta con aproximadamente 10 millones de pesos mensuales en asignaciones para oficina, personal de apoyo, traslados y gastos operativos. En total, un paquete de beneficios de alrededor de 17 millones de pesos mensuales, a todo evento, independientemente de su situación económica, de sus méritos, de su desempeño como presidente, de si trabaja o no, de si contribuye o no al debate nacional.
Marinovic hace la comparación que nadie hace: el trabajador chileno que sale de su empleo en las mejores circunstancias posibles —después de 11 años de servicio— se va con una indemnización equivalente a 11 meses de sueldo. Eso es todo. No hay pensión vitalicia. No hay oficina pagada. No hay asignación de traslado. Nada.
Boric, en cambio, sale a los 40 años hacia una existencia económicamente blindada que ningún chileno común tendrá nunca. Puede trabajar si quiere —el Estado le paga igual. Puede no trabajar —el Estado le paga igual. Puede viajar, escribir, dar conferencias, pasear, opinar en redes sociales desde Berlín o desde Barcelona —el Estado le paga igual. Como ocurrió, dicho sea de paso, mientras en Chile se discutía el drama de los embargos: Marinovic documenta que entre el 19 de mayo y el 1 de junio, Boric circulaba por el Berlín Forum, un festival en Gales, la British Library, y Barcelona, donde asistió como público a la exposición de un economista que promueve subir impuestos a los super ricos.
Desde esa posición —desde la única zona de Chile donde la incertidumbre económica fue abolida, como lo describe Marinovic— el expresidente sale a solidarizar con los deudores del CAE que no pagan sus deudas. La ironía es tan gruesa que dificulta el análisis serio. Pero el análisis serio es exactamente lo que Marinovic hace.
"No voy a entrar en defensa de privilegios": la retórica de la institución
Marinovic dedica una parte de su análisis a desmontar el recurso retórico que Boric utilizó cuando se discutió en el Congreso la posibilidad de terminar con la dieta de los expresidentes.
Boric dijo, textualmente: "No voy a entrar en defensas de privilegios en ningún caso". Y luego agregó que el resguardo económico a los expresidentes se justifica para que puedan "seguir contribuyendo al debate nacional sin estar vinculados a un interés privado particular".
Marinovic lo desmonta con precisión: cuando Boric dice que no va a defender "privilegios", está usando la palabra institución para despersonalizar el beneficio. No está hablando de sus 17 millones mensuales. Está hablando de la figura abstracta del expresidente como institución de la república. El truco retórico consiste en trasladar la pregunta desde "¿merece Gabriel Boric 17 millones al mes?" —que es difícil de defender— hacia "¿merece la institución del expresidente un resguardo?" —que es mucho más fácil de responder afirmativamente.
Es una operación inteligente desde el punto de vista retórico. Y es completamente deshonesta desde el punto de vista sustantivo.
El CAE: la defensa del fondo con crítica a la forma
Marinovic hace algo que pocos analistas han hecho en este debate: defender el fondo de los embargos —la medida es legal, es legítima, el Estado tiene mandato de cobrar— mientras critica con igual contundencia la forma en que el gobierno de Kast la implementó y comunicó.
Sobre el fondo, el análisis es claro. El CAE tiene condiciones de protección extraordinariamente generosas: período de gracia de 18 meses post egreso, cuota que no puede superar el 10% del sueldo, tasa de interés del 2% anual, suspensión total del pago en caso de cesantía por períodos de seis meses renovables, y —punto crucial— la posibilidad de renegociar convenios de pago con condonación de intereses por mora a través del artículo 18 bis de la ley.
Un deudor que llegó al embargo no llegó por sorpresa. Pasó por 18 meses de gracia, recibió múltiples avisos del banco, luego del Estado como acreedor tras ejecutarse la garantía estatal, tuvo a disposición todos los mecanismos de protección de la ley, y eligió —en muchos casos conscientemente— no acogerse a ninguno.
Marinovic cita dos casos concretos que se hicieron públicos como "víctimas" de los embargos: un deudor que declaró que la TGR le embargó "todo su sueldo" y que tiene un hijo de un año, y otro que aseguró que le vaciaron la cuenta corriente, la cuenta de ahorro y la cuenta vista. La analista no tiene compasión con ninguno de los dos: si tenías hijo de un año y fuiste advertido reiteradamente de tu situación, tu problema no es la TGR. Es tu propia irresponsabilidad. Y si tenías cuenta vista, cuenta corriente y cuenta de ahorro, estás en condición de ahorrar, lo cual hace más difícil explicar por qué no pagabas.
El punto que Marinovic subraya con fuerza —y que VDI Global comparte— es este: ¿qué le diríamos a un chileno que no paga sus contribuciones de bienes raíces y alega que le embargaron la cuenta? La respuesta es obvia. El deudor del CAE merece exactamente el mismo trato. Ni más ni menos.
Sin embargo, sobre la forma, la crítica es igualmente directa. El gobierno cometió un error comunicacional grave: implementó una medida que iba a ser percibida como extrema —con razón o sin ella— sin haber preparado previamente a la opinión pública con información clara sobre quiénes son los morosos, cuáles son las condiciones del crédito, cuánto cuesta al resto de los chilenos la morosidad ajena, y por qué el cobro es no solo legal sino moralmente justificado.
El resultado fue predecible: los deudores embargados se convirtieron en víctimas mediáticas, la oposición —encabezada por Boric— ocupó ese espacio con facilidad, y el gobierno quedó a la defensiva explicando una medida correcta de manera torpe.
Quiroz: el ministro que necesita más política y menos técnica
Marinovic extiende la crítica al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, con un argumento que va más allá del CAE.
Hasta hace poco, Quiroz era el ministro intocable del gabinete de Kast: el técnico serio en un gobierno que necesitaba credibilidad económica. Pero en los últimos meses acumuló errores que erosionaron esa posición: un oficio que no debió escribirse, anuncios de recortes mal planteados —incluyendo al Ministerio de Seguridad, probablemente el más difícil de justificar en el contexto actual—, y la aparente paradoja de anunciar recortes por un monto similar al de un nuevo endeudamiento fiscal que el propio ministerio impulsó.
El diagnóstico de Marinovic sobre el rol de Kast en esto es particularmente interesante: el Presidente ha construido un modelo donde el ministro de Hacienda ejerce una autoridad que en rigor debería ser del jefe de gobierno. La armonización de criterios sectoriales, la priorización política de las medidas, la gestión del impacto comunicacional de las decisiones económicas: esas son funciones presidenciales que no pueden delegarse en un ministro técnico, por capaz que sea. Si el gobierno de Kast sigue funcionando con la ley del más fuerte —donde se impone el ministro con más poder en cada momento— cualquier logro será a pesar del Presidente, no gracias a él.
El fenómeno cultural: derechos sin deberes
El análisis de Marinovic no se queda en la coyuntura. En su tramo final, conecta el debate del CAE con algo más profundo: una mentalidad instalada en la sociedad chilena que combina la exigencia permanente de derechos con la evasión sistemática de los deberes correlativos.
No es solo del Frente Amplio. Es una forma de aproximarse a la realidad que puede encontrarse en todos los sectores: la idea de que si me endeudo más de lo que puedo pagar, la inmoralidad es del que me cobra. Que si el Estado me da un crédito y no lo pago, el problema es del sistema que me lo otorgó. Que si las consecuencias de mis decisiones resultan incómodas, la responsabilidad es de quien las hace cumplir.
Marinovic lo dice sin anestesia: los que cumplieron —los que pagaron sus cuotas del CAE puntualmente, los que se acercaron a renegociar cuando tuvieron dificultades, los que eligieron no estudiar porque no querían endeudarse— son los idiotas que cumplen con la ley. Y en Chile, históricamente, los idiotas que cumplen con la ley son los que más pagan y los que menos reciben.
Eso tiene un costo que va más allá del fiscal: erosiona la confianza en las instituciones, destruye los incentivos para el cumplimiento voluntario, y produce exactamente la cultura que permite que alguien como Boric salga a dar cátedra sobre derechos desde su país de nunca jamás sin que nadie lo llame seriamente a cuentas.
Conclusión: el debate que Chile necesita tener
El análisis de Tere Marinovic en FNM es el tipo de comentario político que el ecosistema mediático chileno necesita más: riguroso en los datos, honesto en las críticas a todos los actores —incluido el gobierno de Kast—, y dispuesto a establecer la cadena causal completa de un problema en lugar de entrar al debate desde el punto que más conviene a cada trinchera.
Boric no puede debatir sobre el CAE como si fuera un observador externo. Es parte central de la historia. Sus promesas aumentaron la morosidad. Su gobierno no resolvió el problema. Su situación económica personal lo ubica en las antípodas de cualquier chileno que deba priorizar entre pagar una deuda y cubrir sus gastos básicos.
El gobierno de Kast tiene razón en el fondo: el cobro es legal, es justo, y el Estado tiene mandato de ejecutarlo. Tiene que mejorar en la forma: la comunicación de medidas que van a ser resistidas requiere una preparación política que hasta ahora ha sido insuficiente.
Y los deudores que no pagaron pudiendo hacerlo, que ignoraron todos los mecanismos de protección que la ley pone a su disposición, y que ahora aparecen en los diarios como víctimas, merecen exactamente la misma consideración que recibe cualquier chileno que no cumple con sus obligaciones fiscales: ninguna especial.
Eso no es crueldad. Es adultos viviendo en Chile, no en el país de nunca jamás.
Fuente principal: Canal FNM de Tere Marinovic, YouTube. Los datos citados sobre morosidad CAE (28% a 53%), costo fiscal (500 millones de dólares anuales), cifras de desempleo y empleo formal al cierre del gobierno Boric son atribuidos a la analista y están en proceso de verificación con fuentes primarias.