SE VIENE LA GRAN BATALLA POR LA MEGARREFORMA: LOS PERSONAJES QUE DEFINEN SI CHILE SE RECONSTRUYE O SI LA MEDIOCRIDAD OPOSITORA Y LA DERECHITA COBARDE GANAN EN EL SENADO
La Megarreforma llegó al Senado. Noventa votos en la Cámara, una semana de negociación quirúrgica, un gobierno que demostró que tiene bancada y que sabe contar. Ahora viene la parte difícil. La parte que VDI Global lleva semanas advirtiendo que sería el verdadero campo de batalla: los 50 escaños de la Cámara Alta, donde el oficialismo llega con 23 votos base y necesita al menos 26 para aprobar la idea de legislar. Tres votos. La diferencia entre que Chile tenga certeza jurídica, rebaja del impuesto corporativo e invariabilidad tributaria por 25 años, o que la oposición y sus aliados internos entierren la reforma más importante del mandato Kast antes de que llegue a su trámite en particular.
Desde Israel, donde VDI Global opera y analiza la política chilena con la perspectiva que da la distancia y el rigor, el mapa del Senado que emerge del análisis de los actores clave es el de una batalla que el gobierno puede ganar — pero que requiere precisión diplomática, tiempo y la voluntad de algunos senadores de anteponer el interés del país a sus cálculos electorales personales.
El problema aritmético: 23 votos base, 3 faltantes
El punto de partida es claro y no admite maquillaje. El oficialismo llega al Senado con una base estimada de 23 votos. La mayoría simple para aprobar la idea de legislar requiere 26. El gobierno necesita tres votos adicionales en una cámara donde la oposición completa — PS, FA, PC, PPD — ya anunció voto en bloque en contra, y donde la DC también se opone. Eso significa que esos tres votos tienen que venir del centro o de la periferia del propio oficialismo ampliado.
Los ministros del Interior y Segpres Claudio Alvarado y José García Ruminot, más el ministro de Hacienda Jorge Quiroz, tendrán que recalibrar la estrategia política que funcionó en la Cámara para aplicarla en un terreno donde los márgenes son más estrechos, los egos son más grandes y las condiciones para el apoyo se negocian en conversaciones privadas que ningún medio va a cubrir en tiempo real.
Vanessa Kaiser: la incógnita que despejó sus dudas
El nombre que más preocupó al gobierno en los días previos fue el de la senadora Vanessa Kaiser del PNL. Su partido no forma parte del oficialismo, y existían cuestionamientos internos hacia el gobierno relacionados con el manejo de los indultos a condenados por violaciones a los derechos humanos con enfermedades terminales — debate que se intensificó con la muerte en prisión del exfiscal militar Óscar Podlech.
Kaiser fue explícita en su crítica en ese frente: "Tenemos que recuperarnos de nuestro deterioro ético y moral, cuya máxima expresión son hombres y mujeres enfermos terminales encerrados tras las rejas." Una declaración que encendió alertas en el gobierno sobre si ese cuestionamiento se trasladaría a la votación de la Megarreforma.
Pero Kaiser también fue explícita en separar ambos debates. "Desde el PNL hemos planteado en innumerables ocasiones que apoyaremos toda iniciativa que beneficie a los chilenos. Estamos conscientes de la necesidad de recuperar el desarrollo económico. Si lo que llega al Senado desde la Cámara va en esa línea, lo voy a apoyar." Una señal de respaldo que, sumada a la base de 23, lleva al oficialismo a 24 votos.
Eso asume, claro, que Kaiser mantenga esa posición cuando la votación llegue a sala. En política los compromisos públicos previos a una votación tienen el peso que el momento político les asigna. VDI Global lo registra pero no lo da por garantizado.
Walker y Calisto: los exDemócratas que podrían llevar al gobierno a 25
Los senadores Matías Walker y Miguel Calisto — ambos exDemócratas — ya habían anticipado su disposición a aprobar la idea de legislar, según consigna el análisis de Emol. Si esos dos votos se confirman, el gobierno estaría en 25. A uno solo de la mayoría.
Ese dato tiene una dimensión política que vale subrayar. La DC votó en contra en la Cámara. Pero Walker y Calisto, provenientes de ese mismo espacio político aunque ya fuera de la militancia DC, están dispuestos a respaldar la reforma. Eso es una señal de que el centro político chileno no es monolíticamente anti-Kast. Hay figuras que leen el mandato electoral de noviembre 2025 con más seriedad que sus antiguos correligionarios.
Pedro Araya: el voto 26 que el gobierno necesita y que todavía no tiene
El nombre más importante del tablero del Senado es el del senador Pedro Araya del PPD. Porque si Kaiser da 24, Walker y Calisto dan 25, Araya sería el voto 26. La mayoría. La aprobación en general.
Y Araya no está alineado. Sus declaraciones son las de un hombre que quiere negociar desde una posición de poder. "Estoy disponible para votar a favor de la idea de legislar, pero antes deben existir algunas conversaciones con el Ejecutivo." Hasta aquí, razonable. Un senador que pide diálogo antes de comprometer su voto en una reforma de esta envergadura no hace nada ilegítimo.
Pero Araya también advirtió que hasta el momento de la publicación de este análisis no ha existido ningún acercamiento por parte del gobierno. "Seguimos siempre disponibles a una conversación con el Ejecutivo para abordar distintos tipos de proyectos, pero hasta este minuto no ha existido ningún acercamiento." Y fue más lejos: "A partir de lo que hemos visto, es una mala reforma. Si no hay una conversación, una explicación del Ejecutivo, es difícil votarla a favor."
Eso es la señal más clara de lo que viene. Araya quiere que el gobierno lo llame. Quiere una conversación que lo posicione como actor relevante en la tramitación. Y quiere que el Ejecutivo le explique los contenidos de una reforma que ya fue debatida extensamente en la Cámara. Lo que está pidiendo no es información técnica. Está pidiendo reconocimiento político. El gobierno tendrá que decidir si el precio de ese reconocimiento es razonable o no.
Desde VDI Global señalamos con claridad: si Araya termina siendo el voto 26 de la Megarreforma, habrá que leer con mucha atención qué condiciones acompañan ese respaldo. Un PPD que prometió 2.500 indicaciones para bloquear la reforma en la Cámara y que ahora tiene a uno de los suyos como árbitro de su aprobación en el Senado, no es un aliado. Es un rehén que cobra precio.
La Comisión de Hacienda: Macaya como conductor, Gatica como incógnita
El debate técnico y político más denso de la tramitación se concentrará en la Comisión de Hacienda del Senado, presidida por Javier Macaya de UDI e integrada por María José Gatica de RN, Rodolfo Carter de Republicanos, y las senadoras PS Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini — la misma Cicardini que salió a hablar de "ley de los súper ricos" esta semana.
Macaya tendrá en esa comisión el mismo rol que Agustín Romero cumplió en la Cámara: conducir el debate, ordenar los tiempos y buscar los acuerdos que permitan avanzar artículo por artículo. Es una función que requiere tanto rigor técnico como habilidad política, y Macaya tiene credenciales en ambas dimensiones.
El nombre más observado dentro de la comisión es el de la senadora María José Gatica de RN. Y aquí aparece la dimensión más inquietante del análisis. En la Cámara, algunos artículos relevantes de la Megarreforma — incluyendo los vinculados a minería de datos e inteligencia artificial y la eliminación de la franquicia SENCE — fueron rechazados con votos de Renovación Nacional. Es decir, diputados del partido que teóricamente debería respaldar al gobierno votaron en contra de artículos específicos del proyecto.
Si ese patrón se repite en el Senado con Gatica y otros senadores RN, la reforma puede aprobar en general pero llegar al trámite en particular con sus artículos más relevantes bajo amenaza. Eso es exactamente el tipo de vaciamiento quirúrgico que la Red Matthei sabe ejecutar: dejar pasar el proyecto para poder desfigurarlo después.
La variable Sala Cuna Universal: el caballo de Troya
Hay un dato que no pasa inadvertido en el análisis y que merece ser señalado con toda la claridad editorial que caracteriza a VDI Global. En la Cámara Baja se aprobó una indicación de Sala Cuna Universal impulsada por el diputado Jorge Brito del Frente Amplio. Un diputado de la oposición que logró incluir una indicación en la reforma del gobierno. Y senadoras de RN han manifestado afinidad con esa iniciativa.
Eso tiene una lectura política que el gobierno no puede ignorar: existe un mecanismo de negociación cruzada donde la oposición puede ofrecer sus votos para artículos específicos a cambio de que el oficialismo de RN apoye indicaciones de origen opositor. Si ese patrón se consolida en el Senado, la Megarreforma puede terminar siendo un proyecto radicalmente distinto al que salió de la Cámara. No en su aprobación general, sino en su contenido específico.
Lo que el gobierno necesita hacer en el Senado y lo que no puede permitirse
El análisis de los actores clave del Senado genera una conclusión que VDI Global formula con la claridad que el momento político exige. El gobierno Kast tiene tres tareas simultáneas en el segundo trámite constitucional de la Megarreforma.
La primera: llamar a Araya. No como favor sino como inversión política en el voto que falta. Sin ese llamado, el gobierno llega a la votación en general con 25 votos y un margen de cero. Eso no es gobernanza. Es ruleta.
La segunda: vigilar a RN en la Comisión de Hacienda. Gatica y los senadores de Renovación Nacional son el punto de máxima vulnerabilidad del proyecto en el trámite en particular. Si RN repite el patrón de la Cámara — donde algunos diputados votaron en contra de artículos clave — la rebaja del impuesto corporativo y la invariabilidad tributaria pueden quedar vaciadas antes de que el proyecto llegue a votación final.
La tercera y más importante: no ceder en el corazón del proyecto. El precio que Araya, los senadores de centro y la Red Matthei van a cobrar por sus votos no puede ser la desnaturalización de las reformas que definen el sentido económico del proyecto. Si la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23% se negocia hasta el 26%, si la invariabilidad tributaria por 25 años se reduce a 10, si los artículos de certeza jurídica se vacían de contenido en comisión, el gobierno habrá aprobado en general una reforma que en particular no existe.
La gran batalla por la Megarreforma acaba de comenzar. Y esta vez no hay 90 votos de margen. Hay exactamente 3.
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