CHILE, EL COMPRADOR QUE NADIE CONFIRMA: LAS PISTAS QUE APUNTAN A QUE LA FACH SERÁ LA PRIMERA FUERZA AÉREA SUDAMERICANA EN OPERAR EL F-35
El Departamento de Guerra de Estados Unidos adjudicó a Lockheed Martin un contrato de 154 millones de dólares para fabricar componentes de 11 cazas F-35 Lightning II destinados a un comprador "no revelado". Las opciones que circulan en fuentes especializadas son Grecia, Rumania, Singapur, República Checa y Chile. El Ministerio de Defensa chileno no confirmó ni descartó la operación, limitándose a señalar que las compras de armamento son reservadas y que Chile "no tiene restricciones de Estados Unidos para adquirirlo". Pero la cadena de señales acumuladas en los últimos meses —desde un
reabastecimiento histórico en pleno vuelo hasta una bandera chilena exhibida dentro de un F-35 en Santiago— hace que la hipótesis chilena sea, para los analistas de defensa de la región, la más consistente de todas.
El contrato que destapó la incógnita
El 9 de junio de 2026, el Departamento de Guerra de Estados Unidos publicó en su sitio web un anuncio que, en medio de la rutina de comunicados de adquisiciones militares, pasó casi inadvertido para el público general pero generó reacción inmediata en redes sociales especializadas en defensa chilenas. Según detalla el medio especializado Defence Blog, dos sociedades de Lockheed Martin —Lockheed Martin Corp. y Lockheed Martin Aeronautics Co.— recibieron un anticipo de 153,9 millones de dólares para comenzar la compra de materiales, piezas y componentes necesarios para fabricar once unidades del caza F-35 Lightning II.
El comprador, sin embargo, no fue revelado. El mecanismo a través del cual se tramita esta venta es el programa Foreign Military Sales (FMS) del gobierno estadounidense, que permite a países aliados adquirir equipo de defensa mediante acuerdos gubernamentales directos, sin pasar por el mercado comercial abierto. Las entregas de estas once aeronaves, según las estimaciones de la propia industria, podrían comenzar recién en 2031.
Las opciones que se manejan como posibles destinatarios son cinco: Grecia, Rumania, Singapur, República Checa y Chile. Todos esos países tienen procesos de modernización de su flota de combate en curso o ya formalizados en distintas etapas. Pero Chile es, de los cinco, el único caso en que ningún anuncio oficial previo había confirmado una decisión de compra, lo que ha convertido a nuestro país en el centro de la especulación regional.
Lo que dijo —y no dijo— el Ministerio de Defensa
Ante esta incógnita, medios especializados consultaron directamente al Ministerio de Defensa de Chile para confirmar o descartar que el país sea el comprador anónimo de estos once F-35. La respuesta oficial fue cuidadosamente ambigua: "En Chile, las compras de armamento y material bélico por parte de las Fuerzas Armadas tienen un carácter reservado, por motivos de seguridad y defensa nacional."
Esa frase, por sí sola, ni confirma ni descarta nada. Es el estándar de respuesta institucional para cualquier consulta sobre adquisiciones de defensa en Chile, donde la ley efectivamente otorga reserva a este tipo de procesos. Pero el Ministerio agregó un segundo elemento que sí resulta revelador: "En todo caso, Chile suele informar sus procesos de adquisiciones oportunamente y, en el caso específico del F-35, solo cabe señalar que nuestro país no tiene restricciones de parte de Estados Unidos para adquirirlo."
Esa segunda frase no era necesaria para responder la pregunta formulada. Si la intención del Ministerio hubiera sido simplemente descartar a Chile como comprador, la respuesta más simple y categórica habría sido decir que Chile no está negociando ningún proceso de compra de F-35 en este momento. En cambio, la cancillería de Defensa eligió confirmar explícitamente que no existen restricciones estadounidenses para que Chile adquiera este caza, una afirmación que solo tiene sentido comunicacional si el Ministerio quiere, de manera deliberada, dejar la puerta abierta a la especulación sin confirmar el hecho.
La cadena de señales que se acumula desde marzo
Para entender por qué la hipótesis chilena tiene tanto peso entre los analistas especializados, es necesario reconstruir una secuencia de hechos que se ha venido acumulando desde marzo de 2026, mucho antes de que el contrato con Lockheed Martin se hiciera público.
El proceso comenzó a inicios de marzo, cuando se confirmó que el avión más avanzado de Lockheed Martin llegaría a Santiago para ser exhibido en la Feria Internacional del Aire y el Espacio (FIDAE) 2026. En ese momento, medios especializados peruanos ya advertían sobre la asimetría regional que esto representaba: mientras Perú evaluaba la compra de nuevos aviones de combate bajo la figura de "secreto militar" para reemplazar sus envejecidos Mirage 2000, Chile se posicionaba para dar un salto tecnológico mayor con la eventual adquisición de un caza de quinta generación, una categoría que ningún país de Sudamérica ha alcanzado jamás. El periodista peruano Lewis Mejía, editor de Perú Defensa & Seguridad, llegó a comentar a un medio peruano que la sola presencia del F-35 en la feria chilena ya representaba una señal relevante para el equilibrio militar de la región.
El siguiente hito ocurrió el 4 y 5 de abril de 2026, cuando se registró un hecho sin precedentes en la historia de la aviación militar chilena: un avión cisterna KC-135E Stratotanker de la Fuerza Aérea de Chile realizó, por primera vez, un reabastecimiento en vuelo a dos cazas F-35A Lightning II de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que se dirigían a Santiago para participar en FIDAE 2026. La maniobra se ejecutó en espacio aéreo internacional a una altitud de aproximadamente 26.000 pies, mediante el sistema de pértiga rígida o "flying boom". El Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos calificó la operación como una representación de la "asociación y preparación del Hemisferio Occidental", mientras que la propia FACh destacó que la operación demostró "interoperabilidad y un alto nivel de preparación" de sus aviadores.
Este detalle técnico no es menor: que un país pueda reabastecer en vuelo a un caza de quinta generación con procedimientos compatibles, tripulaciones certificadas y comunicación segura con la fuerza aérea estadounidense, es exactamente el tipo de capacidad de interoperabilidad que las fuerzas armadas de Estados Unidos exigen evaluar en cualquier potencial comprador de este sistema de armas antes de autorizar su venta.
Durante la propia FIDAE 2026 —inaugurada por el Presidente José Antonio Kast, quien declaró en la apertura que Chile busca "fortalecer las relaciones con el mundo desde el realismo, el respeto y la defensa de sus intereses"— ocurrió otro momento simbólico ampliamente difundido: uno de los F-35 exhibió en su interior una bandera chilena durante sus demostraciones en vuelo sobre Santiago, un gesto que el Comando Sur estadounidense difundió a través de sus propias redes sociales oficiales. El sobrevuelo en formación que incluyó al F-35A junto a dos F-16 chilenos y el propio KC-135E de la FACh completó una postal que, para los analistas de defensa de la región, funcionó como una señal pública difícil de interpretar como mera coincidencia diplomática.
Por qué Chile es, técnicamente, el candidato más sólido de la región
Más allá de las señales simbólicas, existen razones estructurales que hacen de Chile un candidato particularmente sólido para esta adquisición, en comparación con otros países sudamericanos.
Chile posee actualmente una de las flotas de combate más relevantes de América Latina, con 46 cazas F-16 operativos, una plataforma fabricada por la misma industria de defensa estadounidense y que ya opera bajo estándares de mantenimiento, doctrina y entrenamiento compatibles con el ecosistema de Lockheed Martin. Adicionalmente, Estados Unidos adjudicó recientemente a BAE Systems Information and Electronic Systems Integration un contrato de ingeniería de hasta 98,8 millones de dólares específicamente para mantener la capacidad operativa de los sistemas de aviónica de esos F-16 en Chile, lo que confirma una relación de mantenimiento y soporte logístico de largo plazo entre la industria de defensa estadounidense y las capacidades aéreas chilenas.
A esto se suma que Chile no enfrenta, según confirmó el propio Ministerio de Defensa, restricciones por parte de Estados Unidos para adquirir el F-35, a diferencia de otros países de la región cuyas relaciones de defensa con Washington atraviesan tensiones de distinto origen.
El contraste con Perú es particularmente revelador. El proceso de adquisición peruano de nuevos aviones de combate se encuentra amparado bajo la figura de "secreto militar", lo que permite a la Agencia de Compras de las Fuerzas Armadas peruana realizar una contratación directa sin competencia abierta, evaluando actualmente propuestas de tres fabricantes distintos para reemplazar sus Mirage 2000. El gobierno peruano ya autorizó una transferencia inicial de 340 millones de dólares, equivalente al 15% del monto total estimado, aunque se requiere alcanzar el 30% para iniciar negociaciones formales. Sin embargo, ningún antecedente público hasta ahora sugiere que el F-35 sea una de las opciones que la Fuerza Aérea del Perú esté evaluando con seriedad, lo que refuerza la lectura de que la categoría de caza de quinta generación está, por ahora, reservada exclusivamente a la hipótesis chilena dentro del contexto sudamericano.
Lo que esto significaría para el equilibrio militar regional
Si la hipótesis chilena se confirma en los próximos meses, las implicancias para el balance estratégico de Sudamérica serían considerables. Ningún país de la región ha operado jamás un caza de quinta generación. La incorporación del F-35 —con sus capacidades de sigilo, sensores avanzados, fusión de datos en tiempo real con otras plataformas aliadas y un motor capaz de superar Mach 1,6— representaría un salto tecnológico cualitativo, no meramente cuantitativo, respecto de cualquier otra fuerza aérea sudamericana.
Esto inevitablemente generará lecturas estratégicas en los países vecinos. Perú, que ya observa con atención el proceso chileno mientras define su propia adquisición bajo reserva, tendría que recalibrar sus propios planes de modernización aérea frente a la posibilidad de que Chile incorpore una plataforma generacionalmente superior a la que cualquier otro país de la región tiene en evaluación. Argentina, que recientemente avanzó en la adquisición de F-16 usados con apoyo del gobierno de Javier Milei para entrenamiento de pilotos, también observará con atención cómo se reconfigura el balance aéreo del Cono Sur si Chile efectivamente incorpora el caza más avanzado disponible en el mercado occidental.
La cautela que corresponde mantener
VDI Global reporta esta información con el rigor que la sensibilidad del tema exige. No existe, a la fecha de este informe, ninguna confirmación oficial por parte del gobierno de Chile, del Departamento de Guerra de Estados Unidos, ni de Lockheed Martin, que establezca a Chile como el comprador de los once F-35 en cuestión. Lo que existe es un conjunto de antecedentes técnicos, declaraciones ambiguas pero reveladoras del Ministerio de Defensa chileno, y una secuencia de hechos simbólicos —el reabastecimiento histórico, la bandera chilena, el sobrevuelo conjunto— que, en su conjunto, constituyen indicios consistentes pero no prueba concluyente.
El propio carácter reservado que la ley chilena otorga a las compras de armamento significa que es perfectamente posible que la confirmación oficial nunca llegue de manera explícita, y que el país solo conozca con certeza la identidad del comprador cuando las entregas efectivamente comiencen a materializarse, hacia 2031 según las proyecciones actuales de la industria.
VDI Global continuará monitoreando este proceso y actualizará la cobertura en la medida en que surjan nuevos antecedentes verificables, sin adelantar conclusiones que la propia reserva legal del proceso impide confirmar con certeza en este momento.
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