WASHINGTON RECONOCE LO QUE SIEMPRE NEGÓ EN PÚBLICO: NEGOCIÓ LA TREGUA EN EL LÍBANO A TRAVÉS DE TEHERÁN, NO DE BEIRUT, MIENTRAS 47 LIBANESES Y 4 SOLDADOS ISRAELÍES MURIERON EN 48 HORAS
Israel y Hezbolá renovaron este viernes un alto el fuego tan frágil como los anteriores, después de que un ataque con dron o misil antitanque matara a cuatro soldados israelíes en Kfar Tebnit, y la respuesta israelí con 150 ataques aéreos dejara 47 muertos libaneses, incluidos siete mujeres y dos niños. Lo más revelador no es la violencia, que se ha vuelto rutinaria en el sur del Líbano. Es que un funcionario estadounidense admitió, sin ningún intento de ocultarlo, que Estados Unidos y Catar negociaron la tregua hablando con Irán, no con el gobierno libanés. Es la confirmación pública de algo que Washington y Jerusalén reconocían solo en privado: que el control real sobre Hezbolá lo tiene Teherán, y que el memorando de entendimiento firmado esta semana ya está siendo invocado por Irán para presionar a Israel a detenerse.
El reconocimiento que nadie había hecho tan abiertamente
Durante años, la diplomacia estadounidense e israelí sostuvo formalmente que el Líbano tenía agencia propia sobre Hezbolá, y que cualquier proceso de pacificación debía canalizarse, al menos en apariencia, a través del gobierno de Beirut. Ese libreto se rompió este viernes de la manera más explícita posible: un alto funcionario estadounidense confirmó a la prensa que la tregua renovada entre Israel y Hezbolá fue negociada por Estados Unidos y Catar mediante conversaciones directas con Irán, no con el Líbano.
El propio reporte lo subraya con precisión: el funcionario estadounidense "ni siquiera intentó ocultar" que los mediadores dependieron de Teherán para lograr el cese de hostilidades. Es un reconocimiento que equivale a admitir, en los hechos, que la soberanía libanesa sobre su propio territorio y sobre el grupo armado más poderoso que opera dentro de sus fronteras es, en la práctica, una ficción diplomática que Washington ya no se esfuerza en sostener ni siquiera de cara al público.
Si el propio gobierno estadounidense reconoce que debe negociar con Irán para frenar a Hezbolá, entonces el memorando de entendimiento firmado esta semana —que deja fuera, como ya se ha documentado, el desarme de los proxies de Teherán— no solo fue una concesión generosa hacia el régimen iraní. Fue, además, una validación implícita de que ese régimen seguirá teniendo la llave de la violencia en el norte de Israel durante todo el tiempo que decida ejercerla.
Lo que ocurrió sobre el terreno: 4 soldados, 47 civiles, 150 ataques
Los hechos que precedieron a esta tregua son, en sí mismos, una medida exacta de la fragilidad del proceso de paz que Washington proclama haber alcanzado. En la madrugada del viernes, un dron o misil antitanque impactó contra un tanque israelí en la aldea de Kfar Tebnit, en el sur del Líbano, matando a cuatro soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel.
La respuesta israelí fue de una magnitud que desmiente cualquier narrativa de contención: 150 ataques aéreos contra lo que Israel identificó como objetivos de Hezbolá. El primer ministro Benjamin Netanyahu declaró que esos ataques mataron a decenas de terroristas de la organización. El Ministerio de Sanidad libanés, por su parte, confirmó que esos mismos ataques causaron la muerte de al menos 47 personas y dejaron 97 heridos, entre ellos al menos siete mujeres y dos niños, sin que las cifras oficiales distingan entre civiles y combatientes.
El presidente libanés, Joseph Aoun, condenó los ataques calificándolos de "una peligrosa escalada" que atenta contra todos los esfuerzos en curso para consolidar el alto el fuego, vinculando explícitamente esa escalada con los "acontecimientos recientes" entre Estados Unidos e Irán, en referencia al memorando firmado esta semana.
La zona de amortiguación que Israel no va a abandonar
El elemento que explica por qué esta tregua es tan inestable como las anteriores es que no incluyó ningún compromiso de retirada de Israel de la amplia zona de amortiguación que sus fuerzas establecieron en el sur del Líbano, que se extiende hasta 10 kilómetros de profundidad desde la frontera hacia territorio libanés. Esa zona es precisamente la que Hezbolá invoca para justificar sus continuos ataques contra las tropas israelíes y contra las ciudades del norte de Israel.
Netanyahu fue categórico al reiterar el viernes que las Fuerzas de Defensa de Israel permanecerán en esa zona, argumentando que es necesaria para proteger a los ciudadanos israelíes del norte. Es un argumento con respaldo histórico: Israel mantuvo una zona de amortiguación similar entre 1985 y el año 2000, retirándose entonces debido a las constantes bajas de sus propias fuerzas, un patrón que hoy se repite casi a diario.
Ningún país democrático puede ser obligado a retirar sus fuerzas de una zona de seguridad mientras el grupo armado que la justifica sigue intacto, armado y dispuesto a atacar. La exigencia de retirada sin desarme previo de Hezbolá no es una propuesta de paz. Es una invitación a repetir, en términos casi idénticos, el fracaso que ya vivió Israel hace veintiséis años.
El memorando que ya se usa como arma de presión contra Israel
Aquí es donde el acuerdo firmado esta semana entre Estados Unidos e Irán revela toda su fragilidad y su potencial daño para la posición israelí. Según informes recogidos en el propio reporte, Irán ha alegado que las continuas operaciones de Israel en el Líbano constituyen una violación del memorando de entendimiento, citando específicamente la cláusula que estipula "una terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano".
Teherán ha usado esa interpretación para retrasar el envío de su delegación a Suiza para la primera ronda de conversaciones técnicas, que debía celebrarse inicialmente este viernes y que, a la fecha de este informe, no tiene nueva fecha anunciada públicamente.
Es exactamente la advertencia que ya se había formulado al analizar el texto oficial del memorando: una cláusula redactada con la imprecisión suficiente como para que Irán la use, desde el primer día, como instrumento de presión política contra las operaciones legítimas de defensa de Israel. El propio régimen que financia a Hezbolá invoca ahora un acuerdo firmado por Estados Unidos para exigir que Israel detenga su respuesta a los ataques de esa misma organización terrorista.
Las críticas "sin precedentes" de la propia administración Trump
El reporte confirma un dato que merece ser subrayado con toda su fuerza: la continuidad de las operaciones israelíes en el Líbano ha provocado "críticas públicas sin precedentes" por parte de la propia administración Trump. Es la confirmación, desde una fuente periodística independiente, de que existe una presión activa de Washington hacia Jerusalén para que limite su capacidad de respuesta frente a Hezbolá, justo en el momento en que esa organización demuestra, con el asesinato de cuatro soldados israelíes, que sigue plenamente operativa y dispuesta a atacar.
La administración Trump ha optado, en los hechos, por una posición que exige a Israel moderación y condicionamiento, mientras mantiene una tolerancia mucho mayor hacia el régimen iraní que sostiene, arma y financia al actor que está matando soldados israelíes. No es equilibrio. Es una asimetría que beneficia a quien amenaza a Israel por sobre quien se defiende de esa amenaza.
Ben Gvir, Araghchi y la espiral retórica que no ayuda a nadie
El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, reaccionó al asesinato de los cuatro soldados con una declaración de extrema dureza: "Todo el Líbano debe arder." Es la expresión de una frustración legítima ante la pérdida de vidas israelíes, pero no constituye una posición de política de Estado responsable ni contribuye a una solución sostenible. Un ministro de un gobierno democrático debería tener el cuidado retórico de distinguir entre la organización terrorista responsable de los ataques y la población civil libanesa, que ya carga con 47 muertos en 48 horas.
La reacción del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, que usó esa misma declaración de Ben Gvir para acusar a Israel de ser un "culto genocida" que "amenaza a toda la humanidad" y que busca "guerra permanente", es, en sí misma, una operación de propaganda que merece ser identificada como tal. Que el régimen que financia a Hezbolá, que ha sostenido durante años un programa de misiles balísticos y que reprime con violencia sistemática a su propia población se presente como árbitro moral de la conducta israelí es, llanamente, cínico.
Ninguna de las dos declaraciones —la de Ben Gvir ni la de Araghchi— ayuda a estabilizar una región que ya tiene 51 muertos en dos días. Pero hay una diferencia esencial: una proviene de un ministro de un país que está siendo atacado y que defiende, con un lenguaje extremo, el derecho de su país a existir. La otra proviene del régimen que financia el ataque, y que utiliza la indignación legítima ante la violencia para deslegitimar la existencia misma de Israel.
El incumplimiento que el Líbano sigue sin resolver
Vale la pena recordar, para entender la raíz estructural de esta crisis recurrente, que el acuerdo entre Israel y el Líbano de noviembre de 2024, que puso fin a más de un año de hostilidades iniciadas por Hezbolá, estipulaba explícitamente que el ejército libanés debía desarmar a esa organización terrorista. Hasta el día de hoy, según confirma el propio reporte, Beirut no lo ha hecho.
Ese incumplimiento, sostenido durante más de un año y medio, es la causa de fondo de cada nueva escalada que se repite en el sur del Líbano. Mientras el gobierno libanés no tenga la capacidad —o la voluntad política, dado el peso que Hezbolá ejerce sobre la vida institucional libanesa— de desarmar a la organización que arrastró a su país a la guerra, cualquier alto el fuego será, exactamente como describe este reporte, "tan frágil como siempre".
Lo que estos hechos confirman
Que Washington reconozca abiertamente que debe negociar con Teherán para controlar a Hezbolá, que ejerza presión "sin precedentes" sobre Israel mientras Irán usa el propio memorando firmado como arma de presión contra las operaciones defensivas israelíes, y que ese desequilibrio se traduzca en el terreno en la muerte de cuatro soldados israelíes y 47 civiles libaneses en menos de 48 horas, confirma que el camino diplomático elegido por la administración Trump no está produciendo estabilidad. Está produciendo una tregua frágil que beneficia, en los hechos, al régimen que financia la violencia, y deja a Israel defendiéndose en condiciones cada vez más desfavorables frente a sus propios aliados.
Contenido de afiliado. VDI Inversiones es afiliado de FP Markets, broker regulado por ASIC (AFSL 286354) y CySEC (371/18). VDI Inversiones puede recibir una compensación si te registras a través de este enlace. El trading de CFDs implica un riesgo elevado de pérdida de capital y puede no ser adecuado para todos los inversores.