"PATUDEZ TREMENDA": BIANCHI LE DICE A MILEI QUE MAGALLANES NO NECESITA SU PERMISO PARA HACER NEGOCIOS CON LAS MALVINAS
El senador por Magallanes Karim Bianchi respondió con dureza a la ofensiva diplomática que Argentina lanzó contra vuelos comerciales entre Punta Arenas y las Islas Malvinas. "Es una patudez tremenda que los argentinos pretendan que nosotros, porque ellos tienen una disputa, una causa, de la cual incluso podemos nosotros acompañarlos, nos vengan a colocar condiciones", dijo en Vía Pública, de 24 Horas. El episodio llega apenas un día después de que el canciller Francisco Pérez Mackenna tuviera que salir a precisar la postura oficial de Chile sobre el mismo tema en plena interpelación.
Lo que gatilló la molestia de Buenos Aires
El Gobierno de Javier Milei denunció que la empresa británica Thales UK Limited operó vuelos no autorizados entre las Malvinas y Punta Arenas, con una aeronave matriculada en el Reino Unido, y anunció procedimientos sancionatorios, denuncias penales y gestiones diplomáticas. Es decir, Argentina no solo protestó por lo que considera un vuelo irregular de una empresa británica: buscó, en los hechos, que esa disputa se extendiera también a Chile, por permitir que esas operaciones usaran su territorio como punto de conexión.
Bianchi traza la línea: una cosa es la causa, otra el comercio
El senador fue explícito en separar dos planos que, a su juicio, Argentina insiste en mezclar. "Nosotros somos una zona de ganado ovino, eso llegó de las Malvinas o de las Falkland, así se formó esta gran industria de Magallanes, y nosotros podemos tener una visión, una colaboración, reivindicar la causa argentina, pero eso no tiene nada que ver con que Magallanes busque hacer negocios con otros países", sostuvo.
Su argumento central fue una comparación directa: "¿acaso si nosotros tuviéramos un problema con otro país, no sé, si tuviéramos un problema con Bolivia, Argentina va a dejar de hacer negocios con Bolivia?". Y resumió su posición con una frase que ya circula como titular: "negocios son negocios, no estamos haciendo nada ilegal, no estamos tampoco faltando a nada".
La grieta que ya se había abierto dentro del propio Gobierno
Este episodio no aparece de la nada. Apenas un día antes, en la histórica interpelación que documentamos en nuestra cobertura anterior, el canciller Pérez Mackenna debió reafirmar la posición oficial de Chile sobre las Malvinas, después de que el ministro de Defensa, Fernando Barros, generara ruido en Radio Polar de Punta Arenas al señalar que, si bien Chile respalda la pretensión argentina, existe una "situación de hecho" derivada de 200 años de administración británica sobre las islas. Barros tuvo que salir después a descartar que sus dichos representaran un cambio de política exterior.
Bianchi fue todavía más lejos que Barros, al plantear abiertamente que no está claro a nombre de quién habla el Presidente cuando reivindica la causa argentina: "no sé si es una reivindicación que el pueblo chileno o Magallanes esté haciendo". Y remató desde su identidad regional antes que partidaria: "yo soy primero magallánico. Por tanto, yo defiendo los intereses de la Región de Magallanes y me parece que es positivo que haga comercio con Inglaterra o las Falkland o las Malvinas".
Lectura editorial
Bianchi tiene razón en lo esencial. Chile mantiene, como hemos documentado extensamente, una política de Estado sostenida desde 1990 de respaldo diplomático a la causa argentina por las Malvinas, y no hay ninguna señal de que ese respaldo esté en discusión. Pero de ahí a que Argentina pretenda usar esa solidaridad histórica como palanca para condicionar las relaciones comerciales que una región chilena decide establecer con un tercer país, hay un salto que ningún Estado soberano debería aceptar sin más. Bianchi lo llamó "patudez", y la palabra le queda corta: es, lisa y llanamente, la misma lógica de sobre-reclamo que hemos visto una y otra vez en boca de funcionarios argentinos respecto de Magallanes.
Es revelador, además, el momento en que ocurre. Apenas un día antes, el propio canciller tuvo que salir a reafirmar la posición oficial en el Congreso, después de que su ministro de Defensa introdujera un matiz sobre la "situación de hecho" del control británico. Que ahora sea un senador regional, y no La Moneda, quien marque con mayor claridad los límites de lo que Chile está dispuesto a tolerar en materia de presión externa, confirma que el Ejecutivo necesita definir con mayor precisión dónde termina la solidaridad diplomática y dónde empieza la autonomía comercial de sus propias regiones.
El argumento de fondo de Bianchi —que Magallanes necesita desarrollar oportunidades económicas propias, y que ningún país vecino tiene derecho a vetarlas invocando una disputa que no es la de Chile— es exactamente el tipo de firmeza regional que esta columna ha reclamado en otras ocasiones frente a la presión argentina. La diferencia es que, esta vez, la presión no vino por Magallanes mismo, sino por el derecho de la región a decidir con quién comercia.
Conclusión
La respuesta de Karim Bianchi confirma que la paciencia chilena frente a las pretensiones de Buenos Aires de condicionar decisiones que le corresponden exclusivamente a Chile tiene límites, incluso cuando de por medio está una causa que el país respalda desde hace más de tres décadas. Reivindicar a un vecino no equivale a subordinarle la política comercial propia. VDI Global seguirá de cerca cómo el Gobierno central termina de definir su posición frente a este nuevo round de tensión con Argentina.