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TRUMP AL BORDE DE UNA DECISIÓN QUE ENCARECERÍA LA ENERGÍA EN TODO EL PLANETA: LA CASA BLANCA EVALÚA CORTAR LAS EXPORTACIONES DE DIÉSEL EN MEDIO DE UNA CRISIS QUE YA DIVIDE A SU PROPIO GABINETE

TRUMP AL BORDE DE UNA DECISIÓN QUE ENCARECERÍA LA ENERGÍA EN TODO EL PLANETA: LA CASA BLANCA EVALÚA CORTAR LAS EXPORTACIONES DE DIÉSEL EN MEDIO DE UNA CRISIS QUE YA DIVIDE A SU PROPIO GABINETE

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by Redacción VDI Global

El mundo entero quedó en vilo esta semana ante la posibilidad de que Estados Unidos, el principal exportador de productos refinados del planeta, decida cortar durante 90 días sus exportaciones de diésel. El propio presidente Donald Trump lo confirmó públicamente ante la Asamblea General de la ONU: "hacemos mucho diésel... he pedido detener las exportaciones dentro de mi gente". La medida, que según Politico ya estaría siendo preparada formalmente por la Casa Blanca, enfrenta la resistencia abierta de varios de sus propios secretarios de gabinete, mientras los mercados energéticos globales ya reaccionaron con pánico y el presidente chileno José Antonio Kast advirtió que se trataría de "una mala noticia para el mundo entero".

"Que no salga el diésel": la frase de Trump que hizo temblar a los mercados

La confirmación más directa llegó del propio Trump, en declaraciones a periodistas: "he dicho que no saquemos el diésel". Fue en el marco de la Asamblea General de la ONU donde el mandatario estadounidense fue todavía más explícito sobre sus intenciones: "hacemos mucho diésel. He pedido detener las exportaciones dentro de mi gente". Según reportó Politico, citando fuentes no identificadas, la Casa Blanca estaría preparando un plan formal para prohibir las exportaciones de diésel durante 90 días, y Trump estaría inclinado a anunciar la medida antes de que termine esta semana.

La reacción de los mercados fue inmediata y contundente. Apenas se conoció el reporte de Politico, los márgenes de refinación de diésel en Estados Unidos —el llamado "diesel crack"— cayeron 12,70 dólares hasta 97,85 dólares por barril, mientras las acciones de las principales refinadoras estadounidenses, incluidas Valero, Marathon Petroleum y Phillips 66, se desplomaron en bolsa.

Una crisis que ya tenía al diésel en máximos históricos

El contexto que explica esta posible decisión es, en sí mismo, una crisis energética de proporciones globales. El precio del diésel en Estados Unidos promedia actualmente cerca de 6,50 dólares por galón, un alza de aproximadamente 90 centavos en un solo mes y de más de 2,80 dólares en comparación con el año anterior. Detrás de esa escalada hay una combinación tóxica de factores que exceden ampliamente la política interna estadounidense: la guerra con Irán ha cortado las exportaciones de diésel desde una de las regiones más importantes para ese combustible en el mundo; los ataques con drones ucranianos han inutilizado una serie de refinerías rusas —Rusia es el segundo mayor exportador mundial de diésel—; y tanto Rusia como China han impuesto, además, restricciones propias a sus exportaciones. La crisis, en otras palabras, ya estaba en marcha mucho antes de que Trump considerara sumar una restricción adicional desde el mayor productor mundial.

El propio gabinete de Trump se opone: "el martillo contundente no funciona"

Lo que convierte a esta historia en un episodio de crisis institucional, y no solo económica, es la resistencia abierta que la medida enfrenta dentro del propio gobierno estadounidense. El secretario de Energía, Chris Wright, fue categórico en un evento organizado por The Economist en Nueva York: "la herramienta contundente de prohibir las exportaciones de diésel definitivamente no funciona". Wright explicó el mecanismo con crudeza: "si no puedes exportar el diésel que sale de nuestras refinerías, te quedas sin lugares para almacenarlo, y tienes que reducir la refinación en Estados Unidos, lo que generaría presión al alza sobre los precios de la gasolina y el combustible para aviones". Según Wright, una prohibición total generaría "gasolina más cara de inmediato".

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el secretario del Interior, Doug Burgum, se sumaron a esa oposición interna. Burgum había advertido semanas antes que no estaba "en absoluto confiado" en que una prohibición de exportaciones efectivamente bajara los precios, alertando que podría "en realidad perjudicar a los estadounidenses" en zonas dependientes de importaciones. Un funcionario de la Casa Blanca llegó incluso a calificar como "noticia falsa" el reporte de Politico sobre la preparación del plan, una contradicción pública que confirma el nivel de confusión y disenso interno que rodea esta decisión.

La presión política que inclinó la balanza: senadores agrícolas y un gobernador petrolero

Pese a esa resistencia técnica, la presión política interna terminó pesando más. Según reportes de la industria, el punto de inflexión llegó el fin de semana pasado, cuando el senador de Iowa Chuck Grassley, una de las voces más influyentes del sector agrícola, respaldó públicamente una prohibición, citando el daño que los altos precios del diésel generan en los ingresos de los agricultores. Esa posición desató una ola de demandas similares desde senadores republicanos de estados agrícolas, en un momento donde las elecciones de mitad de mandato están a menos de siete semanas.

De manera reveladora, incluso el gobernador de Luisiana, Jeff Landry —cuyo estado alberga algunas de las refinerías más grandes del mundo— pidió públicamente una prohibición de 90 días. El representante de Tennessee, Tim Burchett, presentó además un proyecto de ley específico para prohibir las exportaciones de diésel, apareciendo en el pleno de la Cámara junto a un cartel que declaraba que los precios del diésel están "fuera de control".

Kast advierte al mundo desde Chile: "sería una mala noticia para el mundo entero"

La magnitud potencial de esta crisis quedó reflejada en las declaraciones del propio presidente José Antonio Kast, consultado directamente sobre el impacto que tendría esta medida para Chile y el planeta. El Mandatario fue enfático: "el tema de las guerras no solamente afecta a los países, a las regiones que están en guerra, sino que empobrece al mundo entero", y explicó que la concentración de la capacidad de refinación mundial en pocos países —Estados Unidos entre ellos, tras la destrucción de refinerías rusas e iraníes— agrava exponencialmente cualquier restricción adicional.

Kast fue categórico sobre las consecuencias: "si hay 10% menos de diésel en el mundo, eso va a tener un efecto colateral muy duro, muy serio", y advirtió que la medida "afectaría efectivamente los precios del combustible de todo el mundo, partiendo por la misma Europa", que compra buena parte del 10% de la refinación estadounidense que hoy se exporta. El Presidente confirmó que su Gobierno ya está "pensando medidas paliativas" ante un eventual anuncio, aunque insistió en que, de concretarse, "sería una muy mala noticia para el mundo entero".

Lectura editorial

Este episodio expone, con crudeza, hasta qué punto la crisis energética derivada de la guerra con Irán y los ataques ucranianos contra la infraestructura petrolera rusa ha alcanzado una dimensión verdaderamente global, capaz de poner en jaque incluso las decisiones internas del propio gobierno estadounidense. Que un presidente deba evaluar restringir las exportaciones de su principal producto refinado, en contra del criterio técnico explícito de tres de sus propios secretarios de gabinete, confirma que la presión política de corto plazo —con elecciones de mitad de mandato a la vista y precios domésticos en máximos históricos— está pesando más que las advertencias sobre las consecuencias globales de esa decisión.

Compartimos la preocupación expresada por el presidente Kast: una medida de esta naturaleza, adoptada por la principal potencia exportadora de combustibles refinados del mundo, tendría un efecto de contagio inmediato sobre economías que, como la chilena, dependen en parte de ese suministro internacional. Es, además, un ejemplo revelador de cómo los conflictos bélicos activos en distintas partes del mundo —Irán, Ucrania— terminan generando consecuencias económicas que trascienden ampliamente sus fronteras geográficas inmediatas, golpeando directamente el bolsillo de consumidores en continentes que no tienen relación directa con esos conflictos.

Conclusión

El mundo permanece esta semana a la espera de una decisión que Estados Unidos podría anunciar en cualquier momento, con un gobierno dividido internamente, mercados ya reaccionando con volatilidad, y gobiernos como el de Chile advirtiendo con crudeza sobre sus eventuales consecuencias globales. Una decisión tomada en Washington, bajo presión electoral doméstica, podría terminar encareciendo el combustible en cada rincón del planeta. VDI Global seguirá de cerca el desenlace de esta crisis en las próximas horas.

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