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"NOS ROCIARON CON BENCINA Y NOS DEJARON ENCERRADOS CONTRA LA PARED": LOS TESTIMONIOS DE LA GOLPIZA A ESTUDIANTES DE DERECHA EN LA UC

"NOS ROCIARON CON BENCINA Y NOS DEJARON ENCERRADOS CONTRA LA PARED": LOS TESTIMONIOS DE LA GOLPIZA A ESTUDIANTES DE DERECHA EN LA UC

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by Redacción VDI Global

Lo que el Gobierno había calificado el jueves como un ataque "cobarde y artero" tiene ahora nombre, rostro y relato en primera persona. Estudiantes del Movimiento Gremial y de Solidaridad, ambos de orientación afín a la derecha, describieron a Ex-Ante cómo un banderazo pacífico en el frontis de la Casa Central de la Universidad Católica terminó con ellos atrapados contra la pared, rociados con bencina y aguarrás, golpeados con palos y piedras, mientras las puertas del campus permanecían cerradas y no podían refugiarse adentro.

Un banderazo a cinco días de las elecciones de la FEUC

Todo comenzó poco antes de las 7:30 de la mañana del jueves, cuando un grupo del Movimiento Gremial se reunió en las puertas de la Casa Central para realizar un banderazo, a cinco días de las elecciones de la Federación de Estudiantes de la UC. En paralelo, dirigentes de Solidaridad —también afín a la derecha— organizaban un acto similar en el Campus San Joaquín.

Hugo Herrera, de 20 años, estudiante de Derecho y candidato a secretario general de la FEUC por Solidaridad, relató que cerca de 30 alumnos de ese movimiento salieron a la Alameda a las 9:30, antes de que llegara el grupo convocado por la Confech, instalándose en la vereda con dos lienzos: "No queremos un Chile paralizado, sino un Chile que prospere", y "Seguimos aquí", en alusión a episodios de marchas anteriores. A su lado se sumaron más de 40 miembros del Movimiento Gremial. Tomás García, de 24 años, expresidente de ese movimiento, explicó la motivación: "nuestro interés era que no dañaran la propia institución a la cual nosotros pertenecemos".

De los insultos a la agresión física

Durante la primera hora, el hostigamiento fue verbal. "Iba pasando la gente, algunos nos insultaban, otros no hacían nada, ni nos miraban, y después empezó la marcha", relató Herrera. Carolina Mingo, de 21 años, estudiante de Terapia Ocupacional y coordinadora general de Solidaridad, describió que la marcha avanzaba desde dos frentes simultáneos.

Cerca de las 11:00, el ambiente cambió por completo. "Estas agresiones empezaron de manera instantánea, apenas nos vieron en el frontis de nuestra universidad. No hubo ninguna especie de provocación, simplemente nos vieron y decidieron atacarnos", afirmó García. Juan Ignacio León, de 21 años, estudiante de Ingeniería, describió la escena: "había un gran número de encapuchados, que se acercaron a nosotros de forma violenta, a golpearnos, quitarnos nuestros lienzos y romperlos. Nos rociaron con bencina y líquidos tóxicos. A mí me llegaron piedras en distintas partes del cuerpo".

"Me patearon, me escupieron, me pegaron con palos"

El relato de Carolina Mingo es, quizás, el más gráfico de todos: "nos llegaron botellas de vidrio, pintura y aguarrás, que es inflamable. También nos echaron gas pimienta. Me patearon, me escupieron, me pegaron con palos". Un compañero intentó asistirla, llevándola hacia la puerta de la universidad, pero relató que un manifestante siguió golpeándola "repetidas veces" por la espalda mientras huía.

Hugo Herrera describió cómo varios encapuchados lo tomaron y le arrebataron una bandera: "terminé en el piso, me agarraron de los brazos y quedé con un par de cicatrices. Me rociaron con aguarrás y también con bencina, quedé con las manos y el cuello negros".

Encerrados contra la pared, con las puertas cerradas

Uno de los elementos más graves del relato es que, mientras ocurría el ataque, los estudiantes de la UC no podían refugiarse en su propio campus: los accesos estaban cerrados. "Estábamos encerrados entre ellos y la pared, no podíamos escapar de esa situación", recordó Herrera. Mingo coincidió: "fue bastante fuerte, porque estaban todos golpeando las puertas y no las abrían. En un minuto abrieron una puerta y estábamos todos desesperados entrando, cerca de 50 personas, y era como una torre de gente que se iba cayendo porque desde atrás los delincuentes seguían tirando cosas dentro de la universidad". Esa puerta volvió a cerrarse poco después. Diez estudiantes fueron atendidos por el servicio de emergencias de salud del campus; cuatro de ellos terminaron derivados al Hospital Clínico UC Christus.

La respuesta institucional, y una voz distinta desde la FECH

Ambos movimientos estudian presentar querellas criminales contra quienes resulten responsables. La propia Universidad Católica, que condenó los hechos, presentó una denuncia ante Carabineros, mientras el presidente Kast y su Gobierno condenaron lo ocurrido.

En paralelo, la presidenta de la FECH, Laura Mlynarz, militante del Partido Comunista, calificó de "inaceptable" ese tipo de enfrentamientos entre estudiantes, pero puso también el foco en lo que describió como "el nivel de represión policial, el contingente que desplegó Carabineros, que dejó a miles de estudiantes gaseados y mojados durante una movilización masiva y completamente pacífica en su mayoría".

Lectura editorial

Los testimonios recopilados por Ex-Ante confirman, con un nivel de detalle que no deja espacio para la ambigüedad, la magnitud real de lo que el propio Gobierno ya había calificado como un ataque cobarde y artero. No se trata de un empujón aislado en medio de una marcha tensa: es el relato coincidente de varios estudiantes que describen haber sido rociados con bencina y aguarrás —sustancias inflamables—, golpeados con palos y piedras, y luego literalmente atrapados contra las puertas cerradas de su propia universidad, sin posibilidad de refugiarse, mientras quienes los agredían seguían arrojando objetos.

Es revelador, y merece ser señalado sin medias tintas, el contraste entre la respuesta de la Universidad Católica —que condenó los hechos sin ambigüedades y presentó denuncia formal— y la respuesta de la presidenta de la FECH, quien, pese a calificar el enfrentamiento de "inaceptable", decidió desviar buena parte de su declaración hacia una crítica al actuar policial, en lugar de concentrar su condena en el ataque específico sufrido por estudiantes de otra universidad por el simple hecho de sostener banderas con consignas distintas a las de la marcha convocante. Es exactamente el tipo de equivalencia moral que hemos denunciado reiteradamente en esta cobertura: cuando la violencia proviene de encapuchados dentro de una movilización propia, la respuesta inmediata de ciertos sectores tiende a diluirse comparándola con la actuación de las fuerzas de orden, en lugar de condenarla con la misma contundencia.

Que diez estudiantes hayan requerido atención médica, con cuatro derivados a un hospital, y que varios de ellos describan haber quedado con marcas visibles de bencina en manos y cuello, confirma que este episodio trasciende ampliamente la categoría de "incidente" con la que a veces se minimizan estos hechos. Se trata de un ataque violento, coordinado y sostenido en el tiempo, contra jóvenes cuyo único acto fue sostener un lienzo con una consigna política distinta.

Lo que corresponde exigir

  • Que Carabineros y la Fiscalía identifiquen con celeridad a los responsables de rociar con sustancias inflamables a los estudiantes, dado el riesgo extremo que esa conducta específica implica.
  • Que la propia Universidad Católica explique por qué los accesos del campus permanecieron cerrados durante el ataque, dejando a decenas de estudiantes sin posibilidad de refugio inmediato.
  • Que las querellas anunciadas por el Movimiento Gremial y Solidaridad avancen con el mismo rigor judicial que cualquier otro caso de violencia política.
  • Que dirigentes estudiantiles de todos los sectores, incluida la propia FECH, condenen este ataque específico con la misma claridad con que cuestionan el actuar policial, sin diluir la responsabilidad de los agresores en comparaciones laterales.

Conclusión

Los testimonios de Hugo Herrera, Tomás García, Juan Ignacio León y Carolina Mingo confirman que lo ocurrido en las afueras de la Universidad Católica fue mucho más grave que un simple episodio de tensión entre manifestantes: fue un ataque violento y sostenido contra jóvenes que ejercían su derecho a manifestarse de manera distinta, dejados sin refugio por puertas que no se abrían mientras seguían siendo agredidos. VDI Global seguirá de cerca el avance de las querellas y las acciones legales anunciadas tras este episodio.

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