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BRASIL ENTRA EN SU ÚLTIMA SEMANA CON UN EMPATE TÉCNICO Y UN LULA QUE PREFIERE LA CALLE AL DEBATE

BRASIL ENTRA EN SU ÚLTIMA SEMANA CON UN EMPATE TÉCNICO Y UN LULA QUE PREFIERE LA CALLE AL DEBATE

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by Redacción VDI Global

Brasil vota el domingo 4 de octubre y el cierre de campaña arrancó este domingo con una imagen que resume la carrera: el Partido de los Trabajadores sacó a la calle más de 500 actos en las 27 capitales para sostener a Luiz Inácio Lula da Silva, mientras Flávio Bolsonaro recorría Aracaju y Goiânia en caravanas de motos y, al caer la noche, desafiaba al Presidente a presentarse al debate de TV Globo del jueves. Las encuestas no despejan nada. Lula y el hijo mayor de Jair Bolsonaro siguen dentro del margen de error.

## Un domingo de calle para el oficialismo

La campaña de Lula no publicó agenda oficial del candidato para el domingo. No hizo falta. Bajo la consigna "Bora Lula", el PT y sus organizaciones aliadas anunciaron más de 500 actividades repartidas en las 27 capitales y en cientos de municipios, según la programación difundida por el propio partido. Hubo bicicleteadas en la Avenida Paulista, reparto de volantes en la zona oeste de Río, actos en la Praça Raul Soares de Belo Horizonte y concentraciones en Recife, Fortaleza, Porto Alegre y Curitiba. La convocatoria llegó incluso a Lisboa, Valencia y Londres.

El discurso de esas jornadas se apoyó en cinco banderas del Gobierno: el alza del salario mínimo, la exención del impuesto a la renta para quienes ganan hasta 5.000 reales, el fin de la jornada 6x1, la eliminación de tributos a la canasta básica y la ofensiva contra las casas de apuestas en línea. Esa última pieza pesa. A fines de la semana pasada Lula firmó una medida provisoria que prohíbe las apuestas de cuota fija y obliga a los sitios autorizados a salir del aire el 6 de octubre, dos días después de la votación. La medida todavía debe pasar por el Congreso, que tiene 120 días para confirmarla.

La postal del día fue esa: mítines rivales llenando las calles a una semana de la elección, con dos campañas que ya no buscan convencer a nadie nuevo y sí asegurarse de que los propios salgan a votar.

## Flávio, en moto y a la ofensiva

El candidato del Partido Liberal tuvo una jornada de dos estados. Por la mañana encabezó un acto en el barrio de Atalaia, en Aracaju (Sergipe), seguido de una caravana de motos. Por la tarde repitió el formato en Goiânia, desde el estadio Serra Dourada hasta el Parque Flamboyant. Las plazas estaban bien escogidas: el Nordeste es territorio históricamente lulista y Goiás un bastión conservador.

La noticia política del día, sin embargo, llegó por la noche. Flávio confirmó su participación en el debate presidencial de TV Globo del jueves 1 de octubre y usó la ocasión para desafiar a Lula en términos duros. Según trascendió, lo llamó su único adversario en la campaña y prometió usar el estudio para enfrentarlo con lo que considera la verdad, en un lenguaje bastante más áspero que el habitual en un cierre de campaña.

Lula, en cambio, no confirmó. De acuerdo con reportes de prensa en Brasil, el Presidente no pretende asistir y su estrategia repetiría la de 2006, cuando evitó todos los debates de primera vuelta. El antecedente inmediato apunta en esa dirección: la cadena Record canceló su debate de primera vuelta la semana pasada tras la ausencia de ambos punteros. En agosto, ninguno de los dos se había presentado al de Band.

## Los números: nadie despega

La última encuesta Datafolha, con trabajo de campo el 22 y 23 de septiembre y 2.002 entrevistas, dejó a Lula con 40% y a Flávio con 36% en primera vuelta. Detrás aparecen Augusto Cury con 5%, Ronaldo Caiado con 4% y Renan Santos con 3%. El margen de error es de dos puntos, así que el propio instituto habla de empate técnico. En la simulación de segunda vuelta la distancia se achica: 47% contra 45%.

Otras mediciones cuentan la misma historia con el orden cambiado. Un sondeo Quaest del 23 de septiembre pone a Flávio con 42% y a Lula con 41% en un eventual balotaje; otro de BTG Pactual/Nexus deja a Lula con 46% y a Flávio con 45%. Los indecisos, en tanto, no llegarían al 5%.

Con tan pocos votantes por convencer, la campaña pasa a ser un ejercicio de movilización. Para evitar la segunda vuelta del 25 de octubre, alguien tiene que superar el 50% de los votos válidos el domingo. Ninguna encuesta publicada lo muestra. Por eso cada punto de participación vale oro: una abstención alta en el Nordeste le pegaría a Lula, y una movilización floja en Goiás y en los otros bastiones conservadores, a Flávio.

## Minas Gerais, el estado que decide

La última semana tiene un mapa claro. De acuerdo con antecedentes conocidos este fin de semana, ambos candidatos volverán a Minas Gerais: Lula estaría el miércoles 30 en Juiz de Fora y el viernes 2 en Belo Horizonte, mientras Flávio prepara dos paradas en el estado, probablemente con su primer acto público en la capital minera. En Brasil se repite un dicho que la historia electoral ha respetado bastante: quien gana en Minas se lleva la banda presidencial.

Flávio ya pasó la semana anterior por Teófilo Otoni, Governador Valadares y Juiz de Fora. La insistencia de los dos comandos en el mismo estado dice más que cualquier encuesta sobre dónde creen que se define el resultado.

## El apellido que ordena la elección

Nada de esta campaña se entiende sin el padre del candidato. Jair Bolsonaro cumple una condena de 27 años de prisión por intentar revertir su derrota de 2022. Flávio, senador y primogénito del expresidente, heredó la candidatura de la derecha y, con ella, un electorado que sigue viendo el proceso contra su padre como persecución política y otro que lo ve como la prueba de que la democracia brasileña se defendió.

Lula, por su parte, busca un cuarto mandato no consecutivo. Llega con 80 años y con un Gobierno que ha hecho de la agenda social su escudo principal. Su equipo lo sabe, y por eso el domingo se habló de salario mínimo y de impuestos, y poco de seguridad o corrupción.

## Qué está en juego más allá de la presidencia

El 4 de octubre no solo se elige presidente. También se renuevan las 27 gobernaciones, dos tercios del Senado y la Cámara de Diputados completa. El resultado legislativo va a condicionar a quien gane: un Lula reelecto frente a un Congreso dominado por el centro y la derecha tendría poco margen para su agenda, y un Flávio en el Planalto necesitaría acuerdos con el mismo Centrão que ha sostenido a gobiernos de todos los signos.

Para la región, la elección decide también el tono de la principal economía sudamericana frente a Washington, frente a China y frente a los gobiernos de izquierda del vecindario. Con Argentina bajo Javier Milei y un giro a la derecha en varios países andinos, un triunfo de Flávio reordenaría el mapa político sudamericano. Una victoria de Lula mantendría a Brasil como el principal polo de la izquierda latinoamericana.

## Lectura editorial

La ausencia de Lula en los debates es una decisión legítima y también una señal. Un Presidente que se siente cómodo con su gestión va al estudio a defenderla; uno que prefiere 500 actos coreografiados por su partido antes que dos horas frente a su rival está calculando que exponerse le resta más de lo que suma. En 2006 le funcionó. En 2026 el país está partido en dos y el votante que duda, poco o mucho, merece ver a los candidatos confrontados en igualdad de condiciones.

Tampoco conviene idealizar a Flávio. Su tono del domingo, con insultos directos al Presidente, apunta más a la base que al indeciso, y la derecha brasileña necesita ofrecer algo más que la reivindicación del apellido. La mejor carta de su campaña es otra: el desgaste de un oficialismo que vuelve a prometer lo mismo y que recurrió, a días de la votación, a una medida provisoria para prohibir las apuestas por decreto, con efecto inmediato sobre millones de usuarios y sin pasar antes por el Congreso.

La medida de las apuestas merece un comentario aparte. El problema de la ludopatía es real en Brasil y hay argumentos sanitarios serios para regular con dureza. Pero cerrar de golpe un mercado legal, con decenas de operadores autorizados, en plena campaña y con un plazo que vence dos días después de la elección, tiene más de golpe de efecto electoral que de política pública meditada. Si el Congreso la deja caer en 120 días, habrá sido un eslogan con fecha de vencimiento.

## En perspectiva

Brasil llega a su elección más reñida desde 2022 con dos candidatos que representan proyectos opuestos y con un electorado casi sin indecisos. La diferencia se va a jugar en Minas Gerais, en la participación y en un debate al que, por ahora, solo uno de los dos ha dicho que irá. El jueves se verá si la silla vacía de Lula en Globo le cuesta algo.

Hay un dato que conviene tener a mano: en 2022, Lula ganó la segunda vuelta por menos de dos puntos. Las encuestas de esta semana dicen que la historia podría repetirse con cualquiera de los dos nombres arriba.

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