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"COMUNISTOUR" TERCERA TEMPORADA: CARMONA VIAJA DE NUEVO A CUBA Y DEFIENDE SU SISTEMA DE PARTIDO ÚNICO COMO "DEMOCRÁTICO"

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"COMUNISTOUR" TERCERA TEMPORADA: CARMONA VIAJA DE NUEVO A CUBA Y DEFIENDE SU SISTEMA DE PARTIDO ÚNICO COMO "DEMOCRÁTICO"

El presidente del Partido Comunista, Lautaro Carmona, se prepara para hacer maletas nuevamente rumbo a La Habana, en lo que constituirá su tercera visita a la isla como máximo dirigente de la colectividad. En la antesala de este nuevo viaje, Carmona concedió una entrevista a El Mercurio en la que, consultado sobre el modelo político cubano, sostuvo sin ambages: "es un sistema democrático del punto de vista de la historia de Cuba. No le estoy poniendo ni más ni menos, hay que conocer la historia de Cuba, ¿por qué hay unipartidismo? Eso viene del tiempo de (José) Martí, cuando tuvo el pueblo cubano que darse una organización para poder desalojar a los españoles". Esta columna, que ya documentó los dos viajes previos de Carmona a la isla durante este mismo año bajo el concepto de "Comunistour", considera indispensable someter esta afirmación específica —que Cuba es "un sistema democrático"— al escrutinio factual que exige cualquier caracterización de un régimen político, independientemente de qué figura la formule o con qué justificación histórica pretenda sostenerla.

Lo que dice Carmona, y lo que la evidencia comparada demuestra

La afirmación de Carmona merece dividirse en dos partes para su análisis correcto. La primera es un dato histórico verificable: en efecto, el sistema de partido único cubano tiene sus raíces ideológicas en el pensamiento de José Martí sobre la necesidad de unidad nacional frente al colonialismo español, una referencia histórica legítima que el propio Partido Comunista de Cuba ha invocado sistemáticamente desde la revolución de 1959 para justificar la ausencia de pluralismo partidario en la isla. Esa genealogía histórica es, en efecto, un hecho documentado y no está en discusión.

Lo que sí merece un cuestionamiento riguroso es la segunda parte de la afirmación: que ese sistema de partido único, tal como opera Cuba en la actualidad, sea calificable como "democrático". Ningún índice internacional de medición de calidad democrática —ni el Economist Intelligence Unit Democracy Index, ni Freedom House, ni el V-Dem Institute de la Universidad de Gotemburgo— clasifica a Cuba como una democracia, ni siquiera en sus categorías más flexibles de "democracia híbrida" o "democracia defectuosa". Cuba aparece sistemáticamente clasificada, en la totalidad de estos índices reconocidos internacionalmente, dentro de la categoría de "régimen autoritario", el escalón más bajo de estas mediciones, compartiendo esa clasificación con países como Corea del Norte, Turkmenistán o Eritrea, no con democracias imperfectas de la región latinoamericana.

Los elementos que definen a Cuba como régimen autoritario, no democrático

Conviene ser específico sobre qué elementos concretos sustentan esa clasificación internacional, para que el argumento no quede en el terreno de la opinión abstracta. La Constitución cubana, vigente desde 1976 y reformada en 2019, consagra explícitamente en su artículo quinto al Partido Comunista de Cuba como "fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado", una disposición que elimina de raíz cualquier posibilidad de competencia electoral real entre organizaciones políticas alternativas, un requisito mínimo e ineludible que toda definición seria de democracia exige, desde los estándares clásicos de Robert Dahl sobre la poliarquía hasta los criterios contemporáneos de cualquier índice de medición democrática. No existen en Cuba partidos de oposición legalizados que puedan competir en elecciones nacionales, no existe libertad de prensa en el sentido en que la entienden los estándares internacionales —los medios de comunicación cubanos son, en su totalidad, propiedad y control del Estado—, y organizaciones internacionales de derechos humanos han documentado de manera sistemática, durante décadas, la persecución de disidentes políticos, periodistas independientes y activistas de derechos humanos en la isla.

Es relevante, además, contextualizar esta declaración de Carmona en el momento específico que atraviesa Cuba: el propio reportaje de El Mercurio señala que la isla enfrenta actualmente "la peor crisis de su historia", una crisis económica y social que ha generado un éxodo migratorio de proporciones históricas en los últimos años, con cientos de miles de cubanos abandonando el país, y que ha derivado en protestas populares esporádicas —como las ocurridas en julio de 2021— que fueron reprimidas por el aparato de seguridad del Estado cubano, con cientos de detenidos y condenas de larga duración contra manifestantes pacíficos, documentadas por organismos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional.

El tercer viaje del año: la frecuencia que ya es un patrón consolidado

Esta será la tercera visita de Carmona a Cuba en su calidad de presidente del Partido Comunista chileno durante este mismo año, confirmando el patrón que esta columna ya identificó bajo el concepto de "Comunistour" en su cobertura del viaje anterior, motivado entonces por el centenario del nacimiento de Fidel Castro. Que la máxima autoridad de un partido político chileno con representación parlamentaria activa destine tres viajes en un solo año a un mismo destino internacional, y que en cada una de esas visitas u ocasiones conexas repita y profundice una caracterización del régimen cubano que contradice de manera frontal el consenso internacional sobre la naturaleza autoritaria de ese sistema político, es un patrón que merece ser documentado con la misma consistencia con que esta columna ha seguido otros patrones de conducta de dirigentes políticos de distintos sectores.

El contexto doméstico: la Reconstrucción y el rol fallido del PC con el PPD

Más allá de la pregunta sobre Cuba, la propia entrevista de Carmona aborda también su lectura sobre el proyecto de Reconstrucción —la megarreforma tributaria que esta columna ha cubierto extensamente durante las últimas semanas— y el rol que le cupo al Partido Comunista en la fallida negociación entre La Moneda y el PPD por esa misma iniciativa en el Senado, un episodio que esta columna documentó en detalle bajo el título "Chile Vamos, el mismo guion en 2 actos", centrado entonces en la disputa entre la UDI y RN. Que el presidente del PC participe activamente en la evaluación de esas negociaciones legislativas domésticas, mientras simultáneamente defiende en la misma entrevista el carácter "democrático" del régimen de partido único cubano, es una yuxtaposición que merece destacarse: el propio Carmona ejerce y defiende, dentro de Chile, las reglas del juego democrático pluripartidista —incluida la negociación legislativa entre bancadas de distinto signo que él mismo evalúa en esta entrevista—, mientras sostiene simultáneamente que un sistema que elimina por completo esa misma competencia partidaria "es un sistema democrático" en otro país.

La doctrina marxista como marco de justificación

El propio titular de la nota de El Mercurio señala, con acierto, que "el dirigente apela a la doctrina marxista para defender sus posturas". Esta columna reconoce que, dentro del marco teórico marxista-leninista, existe efectivamente una tradición doctrinaria que redefine el concepto de "democracia" en términos sustancialmente distintos a los de la tradición liberal-republicana que hoy predomina en la mayoría de los organismos internacionales de medición democrática: la noción de "democracia popular" o "democracia socialista", propia de esa tradición, pone el énfasis en la participación económica y social de las masas trabajadoras y en la ausencia de una clase burguesa que controle los medios de producción, antes que en el pluralismo partidario y la alternancia electoral competitiva que caracterizan a la tradición liberal.

Esta columna no pretende desconocer que existe, en efecto, ese marco teórico alternativo dentro de la tradición marxista, y reconoce que Carmona tiene el derecho legítimo de invocarlo desde su propia identidad ideológica. Lo que esta columna sí cuestiona, con el mismo rigor que aplica a cualquier otra afirmación política sujeta a verificación, es que ese marco teórico particular —minoritario y en gran medida superado por el consenso académico y político internacional contemporáneo sobre lo que constituye una democracia— se presente ante la opinión pública chilena sin la debida contextualización de que se trata de una redefinición conceptual propia de una tradición ideológica específica, y no de una descripción objetiva y neutral del funcionamiento institucional real de Cuba, que la evidencia comparada internacional clasifica de manera abrumadoramente consistente como un régimen autoritario de partido único.

Por qué esto importa más allá de la anécdota

Esta columna ha sido consistente en su exigencia de rigor aplicada a todos los sectores políticos del espectro chileno, y el caso de Carmona no es una excepción a ese estándar. Que el presidente de un partido con representación activa en el Congreso Nacional chileno —un partido que, además, integra o ha integrado coaliciones de gobierno en la historia reciente del país— sostenga públicamente, en la antesala de su tercer viaje anual a la isla, que el régimen de partido único cubano es "un sistema democrático", sin matizar en ningún momento las evidencias documentadas de represión política, ausencia de pluralismo electoral y control estatal absoluto de los medios de comunicación que caracterizan a ese sistema, no es una afirmación menor que pueda dejarse pasar sin contextualización factual. Se trata de una caracterización que contradice de manera frontal el consenso comparado internacional sobre la naturaleza del régimen cubano, formulada además por quien, dentro de Chile, participa activamente y se beneficia plenamente de las instituciones del pluralismo democrático que Cuba no reconoce a sus propios ciudadanos.

Conclusión: la historia no redefine la democracia

El argumento de Carmona —que hay que "conocer la historia de Cuba" para entender por qué existe el unipartidismo— es, en el mejor de los casos, una explicación genética del origen histórico de ese sistema, pero no constituye, en ningún caso, una justificación válida para calificarlo hoy como "democrático". Comprender por qué surgió un régimen de partido único en un contexto histórico específico —la lucha independentista cubana del siglo XIX y la revolución de 1959— es un ejercicio legítimo de análisis histórico que esta columna no cuestiona. Confundir esa comprensión histórica con una caracterización política actual que contradice de manera sistemática la evidencia comparada internacional sobre la naturaleza autoritaria del régimen cubano contemporáneo, es un salto argumentativo que esta columna no puede dejar pasar sin el contraste factual correspondiente, independientemente de la simpatía ideológica que Carmona y su partido mantengan, de manera legítima dentro del pluralismo chileno, hacia el proyecto histórico de la revolución cubana.

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