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LA DERECHA PROGRE QUIERE LA VOCERÍA: SCHALPER EXIGE UN NUEVO MINISTRO VOCERO TRAS HABER CONTRIBUIDO A SACAR A SEDINI

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by Redacción VDI Global
LA DERECHA PROGRE QUIERE LA VOCERÍA: SCHALPER EXIGE UN NUEVO MINISTRO VOCERO TRAS HABER CONTRIBUIDO A SACAR A SEDINI

El jefe de bancada de los diputados de Renovación Nacional, Diego Schalper, declaró en entrevista con La Tercera que "el gobierno del Presidente Kast necesita un vocero urgentemente", proponiendo abiertamente volver al diseño original de un ministro secretario general de Gobierno dedicado exclusivamente a la vocería, separado de las funciones de Interior que hoy ejerce de forma conjunta el biministro Claudio Alvarado. Esta columna, que ya identificó a Schalper —según fuentes propias de VDI Global— como uno de los dirigentes que presionó y contribuyó al sabotaje que terminó sacando a Mara Sedini de ese mismo cargo, no puede pasar por alto la ironía de que sea precisamente él quien hoy reclama con mayor insistencia la necesidad urgente de restablecer esa vocería.

Lo que Schalper propuso: un "director de orquesta" para el ruido oficialista

El diagnóstico de Schalper parte de una queja específica sobre el funcionamiento interno de la coalición de gobierno: "estoy muy preocupado porque hay una especie de competencia de quién está poniendo la música, y lo único que se está generando es un ruido ambiental que perjudica al gobierno". Según su lectura, esa competencia por definir la agenda comunicacional del oficialismo estaría opacando anuncios de fondo del propio gobierno, como la incorporación progresiva de distintos tipos de cáncer al plan GES o un paquete de más de 200 mil empleos que, en su opinión, "no tienen resonancia en la opinión pública" precisamente por ese ruido interno.

La solución que propone es explícita y no deja lugar a ambigüedades: "el gobierno del Presidente Kast necesita un vocero que, ojalá diariamente, o al menos cada dos, tres días, les transmita a los chilenos dónde están los focos. En el contexto de ruido ambiente que desafortunadamente se está generando, va a ser necesario poner un director de orquesta". Consultado directamente sobre si fue un error no reemplazar a Mara Sedini con alguien dedicado exclusivamente a las vocerías tras su salida en mayo, Schalper fue categórico: "es necesario tener una persona que les cuente a los chilenos diariamente cuál es el mensaje del gobierno. En vista de las circunstancias actuales, el gobierno del Presidente Kast necesita un vocero urgentemente". Y ante la pregunta específica sobre si correspondía nombrar un nuevo ministro secretario de gobierno, en un cargo que actualmente se pretende fusionar con Interior, su respuesta fue todavía más contundente: "más que espacio, se ha transformado en una necesidad".

La ironía que esta columna no puede pasar por alto

Resulta, cuando menos, llamativo que sea Diego Schalper —el mismo dirigente que, según fuentes propias de esta redacción, habría exigido a Sedini la designación de personas de su confianza en cargos específicos del gobierno, y cuya negativa habría derivado en una campaña de desprestigio mediático contra la entonces vocera— quien hoy aparezca en la prensa reclamando con mayor urgencia que nadie la necesidad de restablecer esa misma vocería. Si las fuentes que sostienen nuestra investigación previa son correctas, Schalper conoce mejor que la mayoría de los dirigentes de Chile Vamos las verdaderas razones de fondo detrás de la salida de Sedini, y sin embargo hoy presenta el problema exclusivamente como un déficit de diseño institucional —la falta de un cargo dedicado— en lugar de reconocer la dimensión de fuego amigo y presión partidaria que, según nuestras fuentes, también contribuyó a esa salida.

Esta columna no está en condiciones de afirmar con certeza que Schalper busque, con esta propuesta pública, allanar el camino para que un nombre de su propia confianza o de su sector dentro de RN termine ocupando ese cargo vacante. Pero la secuencia de hechos —presión y sabotaje contra la vocera anterior, según nuestras fuentes, seguida ahora de una campaña pública insistente para que se nombre a un nuevo vocero, sin que el propio Schalper quiera identificar públicamente a los candidatos que él mismo dice tener en mente— es, cuando menos, merecedora de escrutinio. El propio diputado fue preguntado directamente si identificaba a alguien capacitado para asumir el rol, y su respuesta fue reveladora por su misma evasión: "identifico varios, pero con motivo de que les vaya bien, no lo voy a decir ante la opinión pública". Es decir, Schalper tiene nombres concretos en mente, pero prefiere no exponerlos, en un ejercicio de opacidad que contrasta con la insistencia pública que sí manifiesta sobre la necesidad del cargo.

"La derecha progre": el intento de RN por presentarse como el sector moderado y responsable

El título de esta columna refleja un fenómeno más amplio que trasciende la sola propuesta de un nuevo vocero: en toda la entrevista, Schalper construye deliberadamente una narrativa en la que RN aparece como el sector responsable, centrado en las prioridades ciudadanas —seguridad, empleo e ingresos—, mientras el Partido Republicano queda retratado como el actor que introduce "ruido" con una agenda propia y desalineada de las urgencias reales del país. Consultado explícitamente sobre si la promoción de iniciativas como la privatización de Codelco o el proyecto "Escucha su corazón" por parte de los republicanos constituía un error, Schalper no lo calificó de erróneo en sí mismo, pero sí lo enmarcó como una distracción: "cuando se apruebe la megarreforma, se va a generar una expectativa de un punto de inflexión en la economía, que yo creo que va a ocurrir, pero que va a demorar. Por lo tanto, tenemos que acompañar a los chilenos, probablemente con subsidios directos".

Esta autopresentación de RN como la "derecha progre" —moderada, técnica, centrada en la gestión antes que en las causas valóricas o estructurales que promueve el Partido Republicano— es, en sí misma, una estrategia de posicionamiento político que busca diferenciar a RN de su socio de coalición de cara a la propia disputa interna por el liderazgo de la derecha chilena, en momentos en que ambas colectividades ya evalúan escenarios de coordinación de cara a las elecciones municipales y una eventual candidatura presidencial única. El propio Schalper lo reconoce sin ambages hacia el final de la entrevista, al ser consultado sobre la posibilidad de una coalición ampliada: "espero que, a medida que nos vayamos coordinando, se vaya dando una convergencia que nos permita llegar a las elecciones municipales con candidatos únicos en cada comuna, y en cada región en la de gobernadores. ¿Y por qué no pensar en una primaria única? Para entregarles un segundo gobierno a nuestras ideas".

El doble estándar sobre "quién pone la música"

Uno de los pasajes más reveladores de la entrevista, y que esta columna considera necesario destacar por su inconsistencia interna, es la respuesta de Schalper cuando se le pregunta directamente por qué RN sí puede impulsar sus propias iniciativas —como elevar los requisitos para presentar una acusación constitucional o reestructurar el Instituto Nacional de Derechos Humanos— mientras critica al Partido Republicano por hacer exactamente lo mismo con sus propios proyectos. Su respuesta fue un ejercicio de distinción que raya en la contradicción: "en RN hemos respondido cuando se pone una canción arriba de la mesa. Intentamos conducir esa canción a aquello que permite gobernabilidad (...) ante una iniciativa de un partido que no es parte del gobierno, propusimos un curso de acción que, de aprobarse, el directo beneficiado, además de la estabilidad del país, es el gobierno de Kast".

Es decir, según la propia lógica de Schalper, cuando RN impulsa una agenda propia —incluso una tan estructural como modificar los requisitos de la acusación constitucional o reformar un organismo autónomo como el INDH— se trata de "conducir gobernabilidad", mientras que cuando el Partido Republicano hace lo mismo con sus propias iniciativas, se trata de "ruido ambiente" que perjudica al gobierno. Esta columna no encuentra en la entrevista un criterio objetivo que distinga sustantivamente ambos casos más allá de quién es el actor que impulsa cada iniciativa, lo que confirma que buena parte de la crítica de Schalper hacia los republicanos responde más a una disputa de posicionamiento entre socios de coalición que a una diferencia real de principios sobre qué corresponde o no impulsar desde el oficialismo.

El golpe a Camila Vallejo: "mientras la señora Vallejo se permite mentir"

Otro pasaje que merece atención es la respuesta de Schalper frente a la pregunta sobre si existe desorden en el gobierno, ejemplificada en las vocerías contradictorias sobre los aranceles de Estados Unidos. Lejos de reconocer plenamente el problema, Schalper giró la respuesta hacia una comparación con la oposición: "eso también es efecto de que no contemos con alguien que fije la vocería oficial del gobierno. Pero yo creo que hay mucha acción del gobierno. En seguridad, mientras la señora Vallejo se permite mentir, el ministro Arrau nos cuenta que hemos bajado en un 17% en materia de homicidios, prácticamente a un tercio los ingresos ilegales".

Esta columna ya había revisado, en su análisis detallado de las declaraciones de Camila Vallejo, cuáles de sus afirmaciones eran fácticamente correctas y cuáles constituían falacias argumentativas o comparaciones sesgadas, sin necesidad de calificar de "mentira" el conjunto de su discurso, que en gran parte correspondía al terreno legítimo de la opinión política. La acusación de Schalper de que Vallejo "se permite mentir" es, en ese sentido, una simplificación retórica que no distingue —como sí lo hizo esta columna— entre los elementos verificables y los elementos interpretativos del discurso de la exvocera. Cabe además contrastar la cifra que Schalper cita —una baja de 17% en homicidios— con el hecho de que la propia Vallejo, en la entrevista que esta columna analizó, calificó la promesa de seguridad de Kast como "una gran estafa", en gran medida apoyándose en el reconocimiento que hizo la propia exministra Trinidad Steinert sobre la ausencia inicial de un plan estructurado. Ambas cifras y relatos pueden, en principio, ser parcialmente correctos sin ser mutuamente excluyentes: es posible que los homicidios hayan bajado 17% y que, al mismo tiempo, la gestión de seguridad haya arrancado con la improvisación que tanto Steinert como Vallejo señalaron en su momento.

El antecedente de Piñera: la referencia que Schalper invoca para legitimar su crítica

Es interesante notar que Schalper apela reiteradamente a la figura del fallecido expresidente Sebastián Piñera para legitimar su reclamo de disciplina comunicacional dentro de la coalición: "eso siempre nos lo recordaba el presidente Piñera", señala al describir el principio de que el foco de la acción política oficialista debe estar en las prioridades ciudadanas y en la agenda del gobierno, no en las agendas propias de cada partido. Esta apelación a Piñera como estándar de comportamiento oficialista es, en sí misma, una estrategia retórica hábil: al invocar a una figura fallecida y ampliamente respetada dentro de la propia coalición, Schalper busca dotar de mayor autoridad moral a su crítica hacia el Partido Republicano, sin tener que sostenerla exclusivamente en su propio criterio como dirigente de RN.

Lectura editorial: la vocería como campo de batalla, no como solución de fondo

Esta columna ha documentado extensamente, a lo largo de las últimas semanas, cómo la disputa por el control comunicacional del gobierno de Kast se ha convertido en uno de los frentes más persistentes de desgaste para la actual administración: desde las presiones que, según nuestras fuentes, Schalper y otros dirigentes de RN ejercieron sobre Mara Sedini, pasando por el testimonio de la propia exministra sobre el poder desmedido del Segundo Piso presidencial, hasta la reciente validación pública de ese mismo diagnóstico por parte de la exvocera de Piñera, Karla Rubilar. La propuesta de Schalper de nombrar urgentemente un nuevo vocero se inserta en esa misma disputa, no como una solución neutral y técnica al problema comunicacional del gobierno, sino como una intervención más de un actor que, según la evidencia disponible, ya tuvo un rol activo en la crisis que llevó a la salida de la vocera anterior.

El riesgo que esta columna identifica es que la designación de un nuevo ministro vocero, lejos de resolver el problema de fondo —la disputa de poder entre la vocería formal y el Segundo Piso presidencial, así como las presiones partidarias por el cuoteo de cargos dentro de la coalición—, termine convirtiéndose en un nuevo campo de batalla donde distintos sectores de Chile Vamos y del Partido Republicano compitan por instalar a una figura de su propia confianza, replicando exactamente el mismo patrón de disputa que ya afectó a Sedini. Si ese fuera el desenlace, el gobierno de Kast no habría resuelto su problema de diseño comunicacional: simplemente lo habría trasladado a un nuevo nombre, expuesto a las mismas presiones internas que ya derribaron al anterior.

Lo que corresponde exigir

Esta columna considera que, si efectivamente el gobierno de Kast decide avanzar hacia la designación de un nuevo ministro vocero separado de la cartera de Interior —una decisión que, en términos de diseño institucional, esta línea editorial no objeta en sí misma—, ese proceso debe blindarse expresamente de las mismas presiones partidarias que, según nuestras fuentes, contribuyeron a la salida de Sedini. La Moneda tiene la responsabilidad de garantizar que la nueva vocería responda exclusivamente a la conducción presidencial y a las prioridades ciudadanas que el propio Schalper dice defender, y no a los intereses de cuoteo de ningún partido de la coalición, incluido el suyo propio. De lo contrario, la insistencia pública de Schalper en la necesidad "urgente" de este cargo corre el riesgo de leerse, con toda razón, como el interés de quien ya intentó controlar ese espacio antes, y que hoy simplemente busca una segunda oportunidad para hacerlo, esta vez bajo la fachada de una preocupación institucional legítima.

Conclusión: quién pone la música, en efecto

La pregunta que Schalper mismo instala —"quién está poniendo la música" dentro del oficialismo— es, en definitiva, la pregunta correcta para evaluar toda esta secuencia de hechos, aunque no en el sentido en que él la formula. La música que hoy suena más fuerte dentro de la coalición de gobierno no es la de la competencia entre RN y el Partido Republicano por definir la agenda comunicacional, sino la de un patrón sostenido de presiones internas sobre la vocería de gobierno, documentado por esta columna desde el propio testimonio de Mara Sedini, confirmado por fuentes propias sobre el rol específico de dirigentes de RN, y validado públicamente por figuras de la talla de Karla Rubilar. Que sea precisamente Diego Schalper quien hoy reclame con mayor urgencia un nuevo director de orquesta para esa misma música, es la ironía que esta columna no puede dejar de señalar.

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