NI BRILLANTES NI INMACULADOS: LOS TRES PRESIDENTES QUE CHILE SIGUIÓ ELIGIENDO
Entre 2006 y 2026, Chile entregó cinco períodos presidenciales a solo tres personas. Ninguna fue condenada por la justicia, y conviene decirlo desde el comienzo. Pero tampoco ninguna dejó La Moneda con la hoja de vida que prometieron sus campañas. Piñera, Bachelet y Boric no eran precisamente brillantes ni inmaculados, y el país lo sabía cuando votó por ellos.
Piñera: el empresario que nunca se bajó del todo del negocio
Con Sebastián Piñera el problema nunca fue uno solo. Fue un patrón.
En 1982, siendo gerente general del Banco de Talca, enfrentó una orden de detención por infracciones a la Ley General de Bancos. Pasó unos 24 días prófugo hasta que la Corte Suprema revocó la orden. Años después, la exministra de Justicia Mónica Madariaga reconoció que había intervenido en el caso. Nunca hubo condena, pero la sombra quedó.
Después vino la multa de la Superintendencia de Valores y Seguros por comprar acciones de LAN con información privilegiada, que pagó sin reclamar. Luego, las inversiones de su familia en la pesquera peruana Exalmar, mientras Chile litigaba contra Perú en La Haya. Y en 2021, los Pandora Papers: la venta de Minera Dominga se cerró en las Islas Vírgenes Británicas con una cláusula que dependía de decisiones regulatorias de su propio gobierno. Le costó una acusación constitucional que la Cámara aprobó y el Senado rechazó.
En lo político, tampoco brilló. Su primer gobierno no supo leer el malestar estudiantil de 2011. El segundo fue sorprendido por el estallido de octubre de 2019, y su primera respuesta fue declarar que el país estaba en guerra y sacar a los militares a la calle. Lo que siguió fueron violaciones a los derechos humanos documentadas por el INDH y organismos internacionales, incluidos cientos de lesiones oculares. Su aprobación cayó a 6% en la encuesta CEP, el porcentaje más bajo obtenido por un mandatario desde el retorno a la democracia.
Desde su propio sector le cobran otra cuenta: haber abierto el proceso constituyente sin tener claro hacia dónde iba.
Bachelet: la popularidad que sobrevivió a todo
A Michelle Bachelet se la recuerda con cariño en buena parte del país. Cuesta entender por qué, si uno revisa el expediente.
Su primer gobierno cargó con el Transantiago, un sistema de transporte implementado de forma desastrosa que castigó durante años a millones de santiaguinos. Y cerró con el 27F. Esa madrugada, el SHOA descartó la alerta de tsunami, la ONEMI transmitió información confusa y la propia Presidenta dijo públicamente que no había riesgo. Más de un centenar de personas murió en la costa por olas que nadie les advirtió.
Una sola de esas muertes habría bastado para exigir responsabilidad política. Nadie en la cúpula la asumió. Bachelet declaró como testigo, los tribunales rechazaron las querellas en su contra y el plazo para una acusación constitucional venció sin que nadie la presentara.
Cuatro años después, el país la reeligió con amplia mayoría.
El segundo mandato fue el de las reformas estructurales: tributaria, educacional y constitucional. Sus críticos sostienen que estaban mal diseñadas, que frenaron la inversión y que coincidieron con años de bajo crecimiento. El proceso constituyente, además, terminó en nada. Encima estalló el caso Caval, que involucró a su hijo y a su nuera y golpeó su principal capital político, que era la credibilidad personal. Y la crisis del SENAME dejó al descubierto muertes de niños que estaban bajo la tutela del Estado.
Boric: gobernar con un programa derrotado
Gabriel Boric llegó a La Moneda con un discurso refundacional. Seis meses después, el 62% de los chilenos rechazó la propuesta constitucional que él había respaldado. Desde ese día gobernó con un programa que el país ya había descartado en las urnas.
Los tropiezos se acumularon rápido. A fines de 2022 indultó a condenados por hechos del estallido, algunos con antecedentes previos, y la polémica terminó con la salida de la ministra de Justicia. En 2023, el caso Democracia Viva y la trama de fundaciones mostró a personas cercanas a su coalición recibiendo recursos públicos de forma irregular. Justo el grupo que prometía otra forma de hacer política.
En 2024 llegó el caso Monsalve. Su subsecretario del Interior fue denunciado por violación, y la forma en que el gobierno manejó la información dejó dudas serias. Monsalve mantiene la presunción de inocencia mientras no exista sentencia en su contra; el manejo político del caso, en cambio, ya fue juzgado por la opinión pública.
La seguridad, con el avance del crimen organizado y el asesinato de carabineros, fue la principal preocupación ciudadana durante todo su mandato.
Sobre su preparación también hay datos concretos. Egresó de Derecho en la Universidad de Chile en 2009, reprobó su examen de grado en 2011 y nunca escribió su memoria. Su experiencia antes de llegar a la Presidencia se limitaba a la dirigencia estudiantil y a dos períodos como diputado.
Lectura editorial
El problema de fondo no está solo en La Moneda. Está también en el votante.
Desde 2006, la coalición de gobierno ha perdido todas las elecciones presidenciales. Chile vota por castigo, elige a quien promete corregir al anterior y después se sorprende cuando el nuevo repite los errores con otro color. Bachelet fue reelegida después del 27F. Piñera volvió después de Exalmar y la multa por LAN. Boric llegó sin título y sin experiencia de gestión, y ganó igual.
Ninguno de los tres es un delincuente, y quien lo afirme le regala argumentos a sus defensores. La crítica seria es otra: son figuras con episodios graves que el electorado decidió pasar por alto, y que nunca respondieron políticamente como correspondía. Esa falta de exigencia no es culpa de los candidatos. Es una decisión de los ciudadanos.
Lo que queda
Veinte años, tres nombres, cinco gobiernos. Muertes evitables sin responsables, negocios mezclados con decisiones de Estado, fundaciones que se llevaban fondos públicos y un subsecretario del Interior denunciado por violación.