LAS FRAGATAS DE CHILE NO SE DECIDEN EN BUENOS AIRES
El Reino Unido ofreció a la Armada de Chile construir en el país fragatas modernas basadas en el diseño Arrowhead 140, el mismo que da origen a las nuevas Tipo 31 de la Royal Navy. La propuesta, presentada por la británica Babcock International, contempla fabricar los buques en los astilleros de ASMAR con transferencia de tecnología. En Argentina, la noticia se leyó en clave Malvinas: como un paso que fortalecería la influencia británica en el Atlántico Sur. VDI Global lo dice sin rodeos: Chile elige sus buques de guerra por razones técnicas, industriales y de defensa propias. No por la disputa de otros.
La oferta
Babcock propone una alianza de largo plazo con los Astilleros y Maestranzas de la Armada para construir las fragatas en Chile, con mano de obra local y adaptación a los sistemas que requiera la Armada. Tiene antecedentes: el mismo modelo se licenció en Polonia, con la clase Wicher, y en Indonesia. La iniciativa se alinea con la Política Nacional de Construcción Naval 2025-2040, que busca que Chile fabrique sus propios buques.
La oferta incluye además un concepto operativo llamado ARMOR Force. La idea es que la fragata funcione como centro de mando de embarcaciones de superficie no tripuladas, capaces de cumplir misiones de defensa antiaérea, guerra antisubmarina o respuesta ante enjambres de drones. Es la dirección que están tomando las principales marinas del mundo.

El exvicealmirante de la Royal Navy y ejecutivo de Babcock, sir Nick Hine, confirmó en octubre, durante una visita a Valparaíso, que hay conversaciones a nivel de gobiernos, armadas e industria.
Una relación de dos siglos
La cooperación naval entre Chile y el Reino Unido tiene más de doscientos años. En la etapa reciente, Chile compró en 2005 tres fragatas Tipo 23 a la Royal Navy, que luego modernizó con Lockheed Martin Canada: nuevo sistema de combate, radar tridimensional y misiles antiaéreos Sea Ceptor. En 2025, Londres evaluó transferir otra Tipo 23, la HMS Argyll.
En 2026, la relación se intensificó. En febrero, en Escocia, la bandera chilena apareció entre los socios potenciales del programa Tipo 31. En junio hubo una nueva ronda de conversaciones entre ministerios de Defensa en Londres. Y en agosto, el ministro Fernando Barros se reunió con el embajador británico David Concar.
ASMAR, el punto central
El valor de la oferta no está solo en el buque. Está en dónde se construye. ASMAR ha demostrado capacidad en los últimos años: botó el rompehielos Almirante Viel, construyó las patrulleras OPV-80 y en junio lanzó al mar el buque multipropósito Magallanes, del proyecto Escotillón IV. Construir fragatas en Talcahuano significaría empleo calificado, transferencia de conocimiento y una base industrial que Chile podría sostener por décadas.
Babcock no es el único interesado. En la feria Exponaval de diciembre, en Valparaíso, también presentarán sus ofertas la española Navantia, la neerlandesa Damen, la francesa Naval Group y el astillero indio Mazagon. La competencia es buena para Chile.
La lectura argentina
En Buenos Aires, la oferta británica se interpreta de otra forma. Para una parte del análisis argentino, cualquier fortalecimiento de la relación naval entre Chile y el Reino Unido ocurre en el marco de la disputa por las Malvinas y de la presencia militar británica en el Atlántico Sur. Equipar a la Armada chilena con tecnología británica, según esa mirada, extendería la influencia de Londres en los corredores australes cercanos a las islas.
El contexto alimenta esa lectura. Londres presentó un plan de más de 300 millones de libras para las islas hasta 2030, con un nuevo puerto y desarrollo petrolero. Busca permitir que sus empresas reclamen daños por las sanciones argentinas. Y Chile prepara la reapertura de la ruta comercial entre Punta Arenas y las Malvinas con el carguero Danstar.
Lectura editorial
VDI Global respeta la sensibilidad argentina sobre las Malvinas. Chile la respeta también: desde 1990 respalda en Naciones Unidas el reclamo argentino por la vía pacífica. Esa es una política de Estado y no está en discusión.
Pero respaldar un reclamo no significa entregar a otro país un poder de veto sobre las compras de defensa chilenas. Chile ha operado buques de origen británico durante décadas, incluso después de 1982, sin que eso haya cambiado su posición sobre las islas. Elegir una fragata no es tomar partido en una disputa ajena. Es elegir la mejor herramienta para defender el mar propio.
Hay además una ironía que conviene señalar. La Armada chilena reforzó su presencia en Magallanes este año, con fragatas, submarinos y un despliegue anfibio de 1.800 efectivos, precisamente porque desde Argentina surgieron voces que pusieron en duda el régimen del Estrecho. Si hoy Chile necesita buques modernos en el sur, no es por las Malvinas. Es por su propia soberanía.
Dicho esto, la decisión debe tomarse con la cabeza fría. Las preguntas correctas no son geopolíticas, sino técnicas e industriales. Qué porcentaje del buque se construirá realmente en ASMAR. Cuánta tecnología se transferirá y con qué garantías. Cuál es el costo total del ciclo de vida. Qué tan rápido llegarían las primeras unidades. Y cómo se integrarían con los F-16, los aviones de patrullaje y los futuros sistemas no tripulados. Navantia, Damen, Naval Group y Mazagon deben responder lo mismo. Gane quien ofrezca más a Chile.
También hay una línea que Chile debe cuidar. Una cosa es comprar fragatas británicas. Otra muy distinta es convertirse en plataforma logística de los intereses británicos en el Atlántico Sur. Lo primero es una decisión soberana. Lo segundo comprometería la relación con Argentina sin beneficio para Chile. La neutralidad chilena en la disputa por las islas es un activo que no conviene gastar.
Las fragatas de Chile se deciden en Valparaíso y en Santiago. No en Londres. Y tampoco en Buenos Aires.
Lo que viene
La Exponaval de diciembre será la vitrina de las ofertas en competencia. La Armada deberá definir los requisitos técnicos del programa y el gobierno, su financiamiento en el marco de la Ley de Financiamiento de Capacidades Estratégicas. La decisión probablemente tome años. Lo importante es que se tome con criterios chilenos.
