VENEZOLANOS SUMAN 11 MESES DE CAÍDA EN EL MERCADO LABORAL CHILENO Y PIERDEN 60 MIL EMPLEOS FORMALES: SE VAN LOS MÁS CALIFICADOS
La comunidad venezolana, la más numerosa entre los migrantes en Chile, lleva casi un año reduciendo su presencia en el mercado laboral. En el trimestre julio-septiembre, su fuerza de trabajo cayó 8% respecto del año anterior y perdió 60.879 empleos asalariados formales en el sector privado. Los datos, elaborados por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales sobre la base de la Encuesta Nacional de Empleo del INE, muestran algo más que una cifra migratoria: retratan un mercado laboral chileno que dejó de ser atractivo, incluso para quienes llegaron buscando una oportunidad.
Los números
El análisis, a cargo del economista Juan Bravo, entrega un cuadro detallado:
- Fuerza laboral venezolana: cae 8% anual y suma 11 meses consecutivos de descenso.
- Población en edad de trabajar: baja 5,8%, unas 36 mil personas menos en doce meses. Se explica por una caída de 42.694 en la fuerza laboral y un aumento de 6.635 inactivos.
- Empleo formal privado: los venezolanos ocupan 60.879 puestos asalariados formales menos que un año atrás. En el resto de los extranjeros, en cambio, ese empleo crece 3,1%, con 11.867 trabajadores más.
- Educación superior: la fuerza laboral venezolana con estudios superiores completos cae 18%, unas 53.818 personas.
- Género: la fuerza laboral de hombres venezolanos baja 20,1%, mientras la de mujeres crece 7,1%.
- Desempleo: el número de venezolanos desocupados cae 24,4%.
La caída se concentra en quienes llevan menos de cinco años en Chile.
Qué está pasando
Para Bravo, la explicación principal es demográfica: hay un “proceso gradual de emigración” de la comunidad venezolana. Y los que se van no son cualquiera. Son, sobre todo, hombres en edad productiva y con educación superior, que en muchos casos trabajaban en empleos por debajo de su formación.
Eso explica una paradoja aparente. Que el desempleo entre venezolanos baje no es una buena noticia: refleja que salen con más intensidad quienes no tenían trabajo. Los que se quedan enfrentan un mercado más precario. En el informe anterior del mismo observatorio, la informalidad entre trabajadores venezolanos había subido de 27,9% a 34,4% en un año.
El problema de fondo es chileno
El dato venezolano es la punta de un fenómeno mayor. En el trimestre junio-agosto, el empleo asalariado formal privado en Chile perdió casi 154 mil puestos en doce meses. Cerca de 99 mil correspondían a trabajadores chilenos, la mayor destrucción desde 2021. Otros 55 mil eran extranjeros, la caída más fuerte registrada para ese grupo, superior incluso a la de la pandemia.
En otras palabras, los migrantes no se están yendo porque los chilenos hayan recuperado sus empleos. Se están yendo porque el mercado laboral en su conjunto se deteriora. Bravo lo ha dicho antes: la salida responde sobre todo al debilitamiento de la economía, a menores oportunidades y a la caída de los ingresos.
Hay además un efecto que conviene no olvidar. Los trabajadores migrantes no solo ofrecen trabajo: también consumen, arriendan, pagan impuestos y cotizan. Su salida no libera automáticamente puestos para chilenos ni baja la tasa de desempleo en la misma proporción.
Los sectores expuestos
El impacto no será parejo. Un estudio anterior del observatorio mostró que el 61,1% de los conductores de motocicleta en Chile, una ocupación ligada al reparto a domicilio, son venezolanos. Comercio, gastronomía, construcción y servicios también concentran a trabajadores de esa nacionalidad. Si la tendencia sigue, algunos rubros podrían enfrentar escasez de mano de obra en tareas que hoy los chilenos ocupan poco.
Lectura editorial
VDI Global no evalúa a las personas por su nacionalidad. La migración venezolana a Chile ha sido muy diversa: profesionales, técnicos, emprendedores y trabajadores que aportaron a la economía, junto con problemas reales de irregularidad, informalidad y presión sobre servicios públicos. Ambas cosas son ciertas.
Pero los datos de esta semana dejan una conclusión incómoda. Chile está perdiendo justamente a los migrantes que más le convenía retener: los que tienen educación superior, los que estaban en empleos formales, los que cotizaban. Se quedan, en proporción, los que tienen menos opciones de irse, y en condiciones más precarias. Es lo contrario de lo que debería buscar una política migratoria seria.
La política migratoria debe ser ordenada y firme: control de fronteras, expulsión de quienes delinquen y regularización solo con requisitos claros. VDI Global ha defendido esa línea. Pero ordenar la migración no es lo mismo que espantar el talento. Un país que envejece y crece poco necesita atraer y retener a trabajadores calificados, vengan de donde vengan.
El mensaje más importante, sin embargo, no es migratorio. Es económico. Que incluso quienes huyeron de una crisis profunda en su país estén dejando Chile dice mucho del estado del mercado laboral. Un millón de desocupados, la destrucción de empleo formal más alta en años y salarios estancados no se resuelven con discursos sobre migración. Se resuelven con inversión, crecimiento y reglas que faciliten contratar. Esa es la tarea del gobierno.
Lo que viene
El INE publicará a fines de noviembre las cifras del trimestre agosto-octubre. Si la tendencia se mantiene, la fuerza laboral venezolana cumplirá un año completo de caídas. Para el gobierno, el dato que importa no será ese, sino si el empleo formal de todos, chilenos y extranjeros, empieza a recuperarse.