UN DÍA ESPECIAL, SE ACABÓ LA AVENTURA DE BACHELET: LA CANDIDATURA QUE ESTADOS UNIDOS NUNCA ESTUVO DISPUESTO A PERMITIR
Michelle Bachelet renunció a su candidatura para dirigir la Secretaría General de la ONU, poniendo fin a una postulación que nunca tuvo destino real desde el momento en que la administración Trump dejó en claro, en todos los tonos posibles, que ella no era su candidata. El golpe final llegó con el tercer sondeo exploratorio del Consejo de Seguridad, realizado el viernes 18 de septiembre: apenas un voto de aliento contra once de desaliento y tres sin opinión, dejándola nuevamente séptima entre ocho candidatos, pero esta vez como la postulante con mayor rechazo de todo el proceso.
El obstáculo insalvable: Washington nunca la quiso
Desde que el entonces Presidente Gabriel Boric la nominó en febrero, junto a Brasil y México como países patrocinantes, la candidatura de Bachelet cargaba con un problema estructural sin solución posible: necesitaba al menos la abstención de Estados Unidos, potencia con poder de veto en el Consejo de Seguridad, y nueve votos favorables entre los quince miembros. Donald Trump nunca accedió siquiera a recibirla, pese a gestiones directas de la propia cancillería brasileña. Un portavoz del Departamento de Estado fue explícito ante Folha de Sao Paulo al señalar que el próximo secretario general debía alejar a la ONU de una ideología "absurda, politizada y progresista". El embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, respaldó públicamente las críticas de un parlamentario del Capitolio contra la expresidenta chilena.
Un artículo de The Washington Post del 22 de agosto ya había anticipado el desenlace, señalando textualmente que "Estados Unidos ha indicado anteriormente que no apoya a Bachelet debido a su supuesta cercanía con China". Con ese veto de fondo instalado desde el primer día, lo máximo que logró la candidata chilena en todo el proceso fueron seis votos, obtenidos en el primer sondeo exploratorio de julio.
La caída libre: de 6 votos a solo 1, en apenas siete semanas
La trayectoria de las tres votaciones exploratorias muestra un desplome sostenido y cada vez más pronunciado. En el primer sondeo informal, el 30 de julio, Bachelet obtuvo 6 votos de aliento, quedando en cuarto lugar. En el segundo, el 21 de agosto, se desplomó a apenas 2 alientos, con 6 desalientos y siete miembros sin opinión, cayendo al séptimo puesto entre ocho candidatos: en veinte días había perdido cuatro de sus seis apoyos iniciales. La estocada final llegó el 18 de septiembre, con la tercera votación exploratoria: un solo voto de aliento, once de desaliento y tres sin opinión, confirmándola nuevamente séptima, pero ahora como la candidata con la mayor cantidad de rechazos explícitos de todo el proceso.
El fantasma de Kast: la decisión que la oposición sigue usando como excusa
En marzo, el gobierno de José Antonio Kast retiró formalmente el patrocinio chileno a la candidatura, argumentando públicamente que consideraba bajas sus probabilidades de éxito. Según reconstruye Ex-Ante, existían dos razones adicionales que el Mandatario nunca puso sobre la mesa: primero, que dentro del Gobierno simplemente no existía disposición alguna a respaldar a una candidata que representa la antítesis ideológica de todo lo que defiende Kast; y segundo, que en las últimas semanas de su mandato, el propio Boric y Bachelet habían organizado la candidatura a espaldas del entonces presidente electo, incluyendo gestiones directas con los gobiernos brasileño y mexicano, sabiendo de antemano que lo más probable era que Kast no la respaldara una vez asumiera el cargo.
Desde entonces, un sector de la oposición chilena ha insistido en que ese retiro de patrocinio fue lo que hundió la candidatura. Los propios números desmienten esa narrativa: era matemáticamente imposible que la postulación de Bachelet prosperara sin el voto —o al menos la abstención— de Estados Unidos, y ese veto estadounidense estuvo presente desde el primer día, con total independencia de la decisión chilena sobre el patrocinio formal.
México y Brasil: el retiro silencioso del respaldo
El desenlace final incluyó, además, un episodio revelador sobre la pérdida de respaldo de los propios países patrocinantes. Bachelet viajó a Ciudad de México a presentar un informe de la Cepal y solicitó una audiencia con la presidenta Claudia Sheinbaum, quien en mayo la había recibido en el Palacio Nacional con elogios públicos en redes sociales. Esta vez, la respuesta fue un goteo de evasivas —"no estoy segura si la voy a poder recibir, porque tengo bastantes actividades"— que terminó por hacerla esperar dos días. Que la mandataria de uno de los dos países copatrocinantes pusiera públicamente en duda la viabilidad del encuentro equivalía, en los hechos, a retirarle el respaldo sin decirlo explícitamente.
De México voló a Brasilia a reunirse con Lula, encuentro del que no trascendió ningún comunicado oficial, aunque se filtró que ambos consensuaron mantener la candidatura hasta la votación exploratoria de septiembre, que finalmente terminó con todas sus aspiraciones. El propio equipo de Bachelet, con el excanciller Heraldo Muñoz a la cabeza, había presentado la campaña como "una cuestión de convicción", con la propia expresidenta citando a Desmond Tutu para explicar que había que ser "prisionero de la esperanza".
Lectura editorial
El desenlace de esta candidatura confirma lo que la administración estadounidense dejó absolutamente claro desde el primer día: una figura con la trayectoria de cercanía histórica hacia China que caracteriza a Bachelet, y con el perfil ideológico progresista que Washington explícitamente rechazó como estándar deseable para conducir Naciones Unidas, nunca tuvo un camino real hacia la Secretaría General mientras Estados Unidos mantuviera su poder de veto en el Consejo de Seguridad. La honestidad con que el Departamento de Estado calificó públicamente el tipo de liderazgo que buscaba evitar —"absurdo, politizado y progresista"— es un diagnóstico que compartimos sin reservas: Naciones Unidas necesita una conducción alineada con los intereses de las democracias occidentales y capaz de enfrentar con seriedad las amenazas reales a la seguridad internacional, no una figura que arrastra, según reportó incluso The Washington Post, dudas fundadas sobre su cercanía con Beijing.
Es revelador, además, que sectores de la oposición chilena hayan preferido durante meses sostener el relato de que el retiro del patrocinio de Kast fue lo que "hundió" la candidatura, cuando la evidencia numérica —seis votos en julio, dos en agosto, uno en septiembre, con Estados Unidos negándose desde el inicio siquiera a recibirla— demuestra sin ambigüedad que el veto estadounidense operó con total independencia de cualquier decisión chilena. Es, en el fondo, otro intento de la izquierda de construir un relato de víctima política allí donde solo existió un rechazo internacional legítimo y bien fundado hacia un perfil que la principal potencia mundial consideró, con toda razón, incompatible con la dirección que Naciones Unidas necesita hoy.
Conclusión
La renuncia de Michelle Bachelet cierra, de manera definitiva, una aventura diplomática que nunca tuvo sustento real desde el momento en que Washington fijó su posición. El desplome sostenido de seis votos a uno en apenas siete semanas, y el progresivo distanciamiento de sus propios países patrocinantes, confirman que esta candidatura estaba condenada mucho antes de que Chile decidiera retirarle formalmente su respaldo. VDI Global seguirá de cerca el desenlace de esta carrera por la Secretaría General de la ONU.