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ISRAEL, 21 HORAS: EL LIKUD HABLA DE ROBO, LA OPOSICIÓN TANTEA A LOS PARTIDOS ÁRABES Y TRUMP MUEVE SUS PIEZAS

ISRAEL, 21 HORAS: EL LIKUD HABLA DE ROBO, LA OPOSICIÓN TANTEA A LOS PARTIDOS ÁRABES Y TRUMP MUEVE SUS PIEZAS

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Por Redacción VDI Global

La Comisión Central Electoral terminó de contar todas las mesas regulares. El bloque de Benjamin Netanyahu queda con 53 escaños, la alianza de Gadi Eisenkot con 48 y la Lista Conjunta y Ra’am con un récord de 19. Nadie llega a 61. Esta noche comenzó el conteo de unos 600.000 votos de doble sobre, en su mayoría de soldados. Mientras tanto, el Likud acusó a los partidos árabes de haberse robado la elección. La oposición estudia usar sus votos para quitarle la presidencia de la Knéset. Y Donald Trump dejó claro que no quiere a Ben Gvir ni a Smotrich en el próximo gobierno.

El mapa, con las mesas regulares completas

Con el 93% de las mesas y el 85,6% de los votos contados, el conteo de las urnas comunes terminó durante la tarde. La distribución provisoria es esta:

  • Likud: 26 escaños, seis menos que en 2022.
  • Yashar (Eisenkot): 21.
  • B’Yachad (Naftali Bennett y Yair Lapid): 12.
  • Lista Conjunta: 12.
  • Los Demócratas (Yair Golan): 8.
  • Shas: 7.
  • Judaísmo Unido de la Torá: 7.
  • Otzma Yehudit (Itamar Ben Gvir): 7.
  • Yisrael Beytenu (Avigdor Liberman): 7.
  • Ra’am (Mansour Abbas): 7.
  • Sionismo Religioso-Zehut (Bezalel Smotrich): 6.

Respecto del mediodía, el Likud perdió un escaño y Yashar otro, mientras la Lista Conjunta y Ra’am ganaron uno cada una. La coalición saliente, que llegó a sumar 68 escaños, queda en 53: quince menos.

Los partidos de liderazgo árabe pasan de 10 a 19, su mejor resultado histórico. Quedaron fuera la lista de los Reservistas y Pueblo de Israel, la formación del exgeneral Ofer Winter. Personas cercanas a Winter acusaron a Netanyahu de haberle drenado votos y calificaron eso como un error estratégico de la derecha. Esos votos de centroderecha se pierden.

La participación final fue de 77,7%, la más alta desde 1999.

Lo que falta: 600.000 sobres

El conteo de los sobres dobles, que incluyen a soldados, reservistas, desplazados, diplomáticos, presos y pacientes, empezó esta noche en la Knéset. Equivalen a unos 14 escaños, y la participación entre los militares llegó a 79,9%. El resultado final podría conocerse entre el jueves y el viernes.

Este voto tradicionalmente se aleja de los partidos árabes, lo que favorece al bloque de Netanyahu. Pero también se aleja de los partidos ultraortodoxos, que son parte de ese mismo bloque. En una campaña donde la conscripción de los jóvenes haredíes fue un tema central, nadie puede dar por hecho hacia dónde se moverán esos dos o tres escaños.

La acusación del Likud

Cerca de las 18:00, el Likud emitió una declaración que cambió el tono del día. Sostuvo que la elección fue robada por partidos árabes que, según el texto, apoyan el terrorismo y la destrucción del Estado judío, mediante sobornos, amenazas, violencia, falsificaciones y software prohibido para movilizar votantes. Pidió a la policía y al Shin Bet una investigación a fondo.

El partido anunció que entregará cientos de testimonios y supuestas pruebas. Entre ellas, miles de sobres con dinero en efectivo junto a papeletas de Ra’am, amenazas a funcionarios de mesa, votación con identidades falsas y diferencias entre el número de sobres y los votantes registrados.

La Comisión Central Electoral respondió que revisará las denuncias de todos los partidos como parte de su examen habitual posterior a cada elección. Un funcionario del organismo había desestimado más temprano, en televisión, la existencia de un fraude. La policía sí detuvo a algunas personas por sospecha de compra de votos, pero esas detenciones no prueban un fraude coordinado en las mesas de localidades árabes. Hasta esta hora, el Likud no ha hecho públicas las pruebas que dice tener.

La oposición cuenta 67

Del otro lado, la aritmética es tentadora. Las cuatro fuerzas de la alianza de Eisenkot suman 48 escaños. Con la Lista Conjunta y Ra’am llegan a 67, una mayoría holgada.

Yair Golan, líder de Los Demócratas, fue el primero en decirlo sin rodeos. Sostuvo que Netanyahu perdió, que 65 es más que 55 y que así funciona la democracia israelí. Pidió formar un gobierno de cambio en alianza con los ciudadanos árabes. También desafió a Netanyahu: si quiere hablar de mayoría sionista, que descuente de su bloque a los 16 diputados de los partidos haredíes no sionistas. Mañana se reunirá con Eisenkot y Lapid.

Desde la Lista Conjunta, su presidente Yousef Jabareen se declaró listo para abrir el camino a la salida del gobierno. Ahmad Tibi, de la misma lista, dijo que la oposición puede formar gobierno si tiene el coraje, y que le tienden la mano. Mansour Abbas, de Ra’am, afirmó que su voto cambiará el gobierno.

Según la prensa israelí, la oposición evalúa un primer paso concreto: usar esa mayoría de 66 o 67 votos para desplazar al presidente de la Knéset, Amir Ohana, del Likud. Sería una señal de fuerza antes de que el presidente Isaac Herzog inicie sus consultas.

El muro de Bennett y Liberman

El problema es que esa mayoría existe en el papel y no en la voluntad de quienes tendrían que firmarla. Liberman descartó durante toda la campaña gobernar con partidos árabes o con los haredíes. Según reportes de la prensa local, esta tarde no estaba contestando las llamadas de Eisenkot ni de Bennett.

Bennett, que en 2021 formó gobierno con Ra’am, dijo antes de la elección que tras el 7 de octubre no existe mandato para repetir esa fórmula. Eisenkot ha evitado comprometerse con los partidos árabes. Propuso que el candidato a primer ministro de la oposición sea el líder del partido más grande del bloque, lo que lo favorece a él, pero todavía no hay acuerdo interno.

Netanyahu aprovechó esa grieta en su discurso. Calificó de vergüenza que haya partidos dispuestos a cooperar con formaciones que, según él, atacan a los soldados de las FDI. Se preguntó cómo pueden hablar del pacto con quienes sirven aliándose con ellos.

Washington entra en la conversación

El factor nuevo del día vino de Estados Unidos. Según fuentes estadounidenses citadas por la prensa israelí, Trump quiere un gobierno israelí sin Ben Gvir ni Smotrich, y considera que la violencia de colonos dificulta su visión para la región. Juntos, Otzma Yehudit y Sionismo Religioso-Zehut suman 13 escaños. Sin ellos, el bloque de Netanyahu cae a 40.

La Casa Blanca calificó de falsos y prematuros los reportes de que prefiere una coalición específica, y dijo no haber decidido si intervendrá en las negociaciones. Trump, sin embargo, se atribuyó parte del repunte de Netanyahu durante el recuento. Sobre Irán afirmó que la guerra terminará muy rápido, pero que debe terminar bien. Puso como condición una declaración absoluta e inequívoca de que el régimen nunca tendrá armas nucleares. Agregó que él y Netanyahu deben terminar el trabajo.

Un medio estadounidense informó además que Washington advirtió a varios países del Golfo que se preparen para una ofensiva corta e intensa contra Irán después de las elecciones de mitad de período. La Casa Blanca no comentó planes militares, pero recordó que todas las opciones siguen abiertas.

Los mercados tomaron nota: el shekel y los bonos israelíes cayeron durante la jornada ante la falta de un ganador claro.

Herzog pide amplitud

El presidente Herzog llamó a los partidos a entrar en las negociaciones con la mente abierta. Antes de la elección había dicho que haría todo lo posible por formar un gobierno estable y evitar volver a las urnas. Los resultados oficiales deben publicarse a más tardar el 4 de noviembre. Desde ahí tendrá una semana para consultar a todos los partidos y encargar la formación del gobierno.

Lectura editorial

El día después de la elección dejó dos certezas y una amenaza.

La primera certeza: Netanyahu no ganó. Un bloque que pierde quince escaños y queda a ocho de la mayoría recibió un castigo, por mucho que el Likud siga siendo el partido más votado. La segunda: la oposición sionista tampoco ganó. Con 48 escaños, depende de 19 diputados con los que la mitad de sus propios líderes ha jurado no gobernar.

La amenaza es la acusación de robo. Si el Likud tiene pruebas de compra de votos, debe entregarlas y la policía debe investigarlas a fondo, sin importar a quién afecten. Las detenciones de hoy indican que hay casos que mirar, y nadie debería minimizarlos. Pero hay una distancia enorme entre un delito electoral puntual y afirmar que la elección fue robada. Esa distancia no se cruza con un comunicado. El sistema electoral israelí funcionó a la vista de todos los partidos y con una participación histórica. Desacreditarlo antes de que termine el conteo debilita justamente aquello que distingue a Israel de sus enemigos.

Sobre los partidos árabes, también hace falta seriedad. Ra’am ya integró un gobierno en 2021, y el Estado no colapsó. La Lista Conjunta, en cambio, incluye corrientes que niegan el carácter judío del Estado. Meterlos a todos en el mismo saco, como hace el Likud, o tratarlos como socios naturales, como hace Golan, son dos formas de evitar la discusión real. Es razonable que Bennett y Liberman pongan límites después del 7 de octubre. Lo que no es razonable es pretender gobernar con esos límites y sin esos votos. A los dos hombres que hoy tienen la llave les toca elegir qué pesa más.

Queda Irán. Mientras la política israelí cuenta sobres y negocia presidencias de la Knéset, Washington habla de terminar el trabajo y prepara a sus aliados del Golfo. Ningún gobierno de transición debería tomar una decisión de esa escala sin una legitimidad clara. Tampoco puede Israel darse el lujo de pasar meses sin gobierno mientras Teherán reconstruye lo que perdió.

Lo que viene

Mañana Golan se reúne con Eisenkot y Lapid, y los sobres dobles seguirán entrando. El viernes debería haber cifras casi definitivas. Con ellas empezará la parte más larga de esta elección, la que no se decide en las urnas sino en las salas de reunión.

Las opciones están sobre la mesa: un gobierno de unidad que hoy nadie acepta, deserciones desde la derecha opositora, un gobierno en minoría con apoyo externo árabe o una sexta elección en siete años. Ninguna es buena. Una de ellas va a ocurrir.

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