BRASIL, A OCHO DÍAS DEL BALOTAJE: LULA CIERRA LA BRECHA Y LAS ENCUESTAS DEJAN A LA ELECCIÓN EN UN EMPATE TÉCNICO CON FLÁVIO BOLSONARO, JUSTO ANTES DEL PRIMER CARA A CARA
La carrera presidencial de Brasil llega a su recta final sin favorito claro. Hace una semana, Flávio Bolsonaro lideraba por entre cuatro y seis puntos. Hoy, PoderData lo da empatado con Lula en 50% de los votos válidos, Datafolha lo ubica apenas dos puntos arriba y Quaest, uno de los institutos que más pesa en el debate público brasileño, registra una diferencia de dos puntos en votos totales. Este domingo 18 se enfrentan por primera vez cara a cara en un debate televisado. El balotaje es el 25 de octubre.
Cómo se llegó al empate
La primera vuelta dejó una diferencia estrecha. Flávio Bolsonaro obtuvo 47,03% de los votos válidos y Lula 45,16%. Con esos números, el expresidente quedaba a casi dos puntos, y las primeras encuestas del balotaje confirmaron esa ventaja: la semana pasada, Datafolha daba 52% a 48% a favor de Flávio y PoderData, 53% a 47%.
En siete días, la ventaja se achicó. La nueva medición de Datafolha, con trabajo de campo entre el 13 y el 15 de octubre, a 2.520 electores y con un margen de error de dos puntos porcentuales, dio a Flávio 51% de los votos válidos y a Lula 49%. En votos totales, Flávio tiene 47%, Lula 45%, 6% votaría en blanco o nulo y 2% está indeciso. La diferencia está dentro del margen de error.
PoderData fue más lejos. Su sondeo del 13 al 15 de octubre, con 3.000 entrevistas y un margen de 1,8 puntos, dejó a ambos candidatos con 50% de los votos válidos. En ocho días, el instituto pasó de una ventaja de seis puntos para Flávio a un empate exacto.
Quaest, con trabajo de campo entre el 10 y el 13 de octubre, 2.154 entrevistados y dos puntos de margen de error, publicó su primera medición específica del balotaje. En el escenario estimulado, es decir, con los nombres presentes, Flávio obtiene 46%, Lula 44%, 9% votaría en blanco, nulo o no iría a votar, y 1% está indeciso. En el escenario espontáneo, sin mostrar nombres, Flávio tiene 43% y Lula 42%. En ambos casos la diferencia queda en el límite del margen de error.
Los tres institutos cuentan la misma historia: Flávio sigue ligeramente adelante o empatado, pero la distancia se achicó respecto de la semana pasada.
Qué dicen los números por debajo del titular
El empate no es lo único relevante. Los datos de PoderData muestran movimientos más finos que explican por qué la carrera se cerró.
El potencial de voto de Lula, es decir, la proporción de personas que dicen que votarían por él, subió de 42% a 44% en tres días. El rechazo a Lula se mantiene en 46%, sin cambios desde la primera vuelta. El rechazo a Flávio subió un punto, de 44% a 45%. Los dos candidatos tienen hoy un rechazo prácticamente idéntico, y eso no ocurría hace una semana.
La aprobación del Gobierno de Lula está en 46% y la desaprobación en 47%, con 7% que no responde. La gestión del PT tiene 46% de aprobación y 49% de desaprobación. Son cifras de un Gobierno dividido por la mitad, no de uno con respaldo mayoritario ni de uno rechazado de forma masiva.
Hay un dato más: 51% de los encuestados cree que Flávio tiene más posibilidades de ganar, frente a 42% que lo cree de Lula. En política, la expectativa de victoria pesa, y la ventaja de Flávio en esa pregunta sigue siendo clara.
Lo que movió la aguja
La mayor noticia de la semana en materia de política pública ocurrió el 14 de octubre, cuando el Senado aprobó el fin de la jornada 6x1. La medida reduce la semana laboral de 44 a 40 horas, pasa del esquema de seis días de trabajo y uno de descanso a cinco y dos, y se hace sin recorte de salarios. Es una de las banderas de Lula y tiene respaldo amplio en la población. Brasil sería el tercer país de América Latina con una jornada de 40 horas, después de Ecuador y Venezuela.
Flávio Bolsonaro se había opuesto al proyecto y terminó apoyándolo antes de la votación. La jugada neutraliza parte del efecto, aunque el crédito político de una medida así tiende a quedarse con quien la impulsó desde el principio. Lula la integró de inmediato a su campaña.
Lula suma otras promesas. Prometió transporte urbano gratuito los fines de semana en todo el país si es reelegido, y su campaña impulsa otras iniciativas que ya estaban en carpeta: condonación de deudas para microempresarios, un fondo de becas universitarias y la eliminación de impuestos a los combustibles. También amplió el programa Bolsa Familia antes de la primera vuelta. Es un paquete económico pensado para llegar a los votantes que todavía dudan.
Del otro lado, Flávio prepara este domingo un acto en la avenida Paulista de São Paulo, junto al gobernador Tarcísio de Freitas y al alcalde Ricardo Nunes, que describió como «el mayor acto de la democracia». La Paulista es el escenario simbólico del bolsonarismo. El acto busca mostrar capacidad de movilización a ocho días del balotaje.
El debate del domingo
El domingo 18, a las 20:00 hora de Brasil, Lula y Flávio se enfrentan en un debate televisado. Si ambos asisten, será el primer encuentro cara a cara de la campaña, porque ninguno participó de los debates de la primera vuelta. La regla es sencilla: si alguno no se presenta, su atril queda vacío. El último debate de la campaña será el 23 de octubre, dos días antes de la votación.
La asistencia tuvo su propio episodio. El martes 13, Flávio dijo en una rueda de prensa que no iría. Esa noche, Lula confirmó su presencia y dijo que esperaba que su adversario asistiera para que la población conociera las diferencias entre ambos programas. El miércoles por la mañana, Flávio revirtió su decisión en un video. «Es claro que voy al debate, solo quería que tú confirmaras», le dijo a Lula, y explicó que había fingido ausencia como estrategia.
Más allá de la anécdota, un debate cara a cara en un balotaje igualado tiene un peso que no tuvo ninguno de los eventos de la primera vuelta. Con una diferencia dentro del margen de error y cerca de la mitad del país sin cambiar de opinión, cualquier tropiezo se amplifica. Los indecisos son pocos, entre 1% y 2% según el instituto, pero los que votan en blanco o nulo, entre 6% y 9%, son un grupo sensible a lo que ocurra en un escenario así.
El tercer actor: los votos que no están en juego
Renan Santos, el cuarto candidato más votado en la primera vuelta, descartó apoyar a Lula o a Flávio en el balotaje. No es un dato menor. En el último sondeo de AtlasIntel antes de la primera vuelta, con trabajo de campo del 23 al 28 de septiembre, 5.005 entrevistados y un punto de margen de error, Santos tenía 5,3% de los votos válidos. Esos votantes no tienen una dirección definida, y una parte probablemente termine en la abstención o en el voto en blanco.
Las encuestas muestran que el balotaje se decide en los márgenes. En esa lógica, la participación y el voto en blanco pesan tanto como la intención declarada.
Una advertencia sobre las encuestas
Conviene decir algo sobre la precisión de los sondeos. En el último estudio de AtlasIntel antes de la primera vuelta, Lula aparecía con 46,2% de los votos válidos y Flávio con 43,1%, tres puntos a favor del actual presidente. El resultado fue el inverso: Flávio ganó con 47,03% contra 45,16%. Es decir, hubo un error de casi cinco puntos en la diferencia entre ambos.
No significa que las encuestas actuales estén equivocadas ni que el error se repita. Pero indica que la distancia entre el sondeo y la urna puede ser grande en esta elección, y que un empate técnico no es un empate seguro. Con una diferencia de dos puntos y márgenes de error de dos puntos, cualquier resultado entre una victoria clara de Lula y una de Flávio es posible.
Lectura editorial
Hay dos formas de leer el momento. La primera es la del impulso: en una semana, Lula recortó entre cuatro y seis puntos de ventaja, y la tendencia, medida por dos institutos distintos, apunta en su dirección. Si eso se mantiene, el balotaje terminaría con Lula adelante.
La segunda es la de la inercia: Flávio sigue primero o empatado en las tres mediciones, ganó la primera vuelta, cuenta con la expectativa de victoria de la mayoría y mantiene un rechazo prácticamente idéntico al de Lula. Una encuesta que muestra una diferencia de dos puntos es, en lo esencial, un empate. Pero un empate con tendencia no es lo mismo que un empate sin ella.
Lo que sí parece claro es que la campaña entra en la fase en que se juegan los detalles. El debate, la capacidad de movilización de cada bando, la gestión del voto de Renan Santos y la participación el día de la elección van a pesar más que cualquier encuesta. Lula tiene la ventaja de poder mostrar medidas concretas, como el fin de la jornada 6x1, aprobada en el Congreso a último momento. Flávio tiene la de ser el candidato que lideró la primera vuelta y que todavía conserva el favoritismo en la percepción pública.
Brasil es la mayor economía de Sudamérica. Lo que ocurra el 25 de octubre importa para toda la región. Por eso conviene mirar los datos con calma: el país está dividido casi exactamente por la mitad, y quien gane lo hará con una diferencia que podría ser mínima.
Conclusión
A ocho días del balotaje, la elección en Brasil está abierta. Las encuestas coinciden en un empate técnico, con una leve ventaja de Flávio Bolsonaro en Datafolha y en Quaest, y un empate exacto en PoderData. Lo que cambió en una semana es la dirección: Lula sube y Flávio baja.
El primer cara a cara de la campaña será este domingo. Después de eso quedarán el debate del 23 y el voto del 25. Entre los dos candidatos hay poco que separar en los números, y mucho por definir en lo que ocurra hasta el último día.