TRES POLÉMICAS EN DOS SEMANAS: EL EMBAJADOR JUDD OPINA DE LO QUE NO LE CORRESPONDE, Y CHILE DEBE RESPONDER CON FIRMEZA
El embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, afirmó que “no hay una Antártica que pertenezca a Chile”. Un día después vinculó la cooperación de su país a lo que Washington espera de Chile, incluido el respaldo en el Estrecho de Magallanes. Antes había opinado sobre la relación con China. La Cancillería evalúa una nota de protesta. VDI Global considera que debe enviarla.
Qué dijo y cuándo
El martes 6 de octubre, en un encuentro virtual de la Fundación Chilena del Pacífico, Judd fue consultado sobre el sistema antártico y las reclamaciones territoriales. Comenzó diciendo que el tema “queda fuera de mi jurisdicción”. Y a continuación respondió igual: “el sistema de tratados de Antártica dice que no hay un territorio que es de un país, por lo tanto no hay una Antártica que pertenezca a Chile”. Agregó que Chile y Argentina tienen reclamaciones superpuestas.
El miércoles 7, en el Día del Comercio Global organizado por CSAV, tras referirse a China, sostuvo que la cooperación estadounidense depende de que Chile trabaje en asuntos importantes para Washington. Si Chile quiere apoyo contra el crimen organizado y respaldo para proteger sus derechos sobre el Estrecho de Magallanes, dijo, debe cooperar. El embajador emitió después un comunicado negando que hubiera condicionado la soberanía chilena; dice que sus palabras fueron “tergiversadas” y que buscaba destacar oportunidades de cooperación.
Antes, el 25 de septiembre, había cuestionado las críticas en Chile por el trato con China, y habló de preocupaciones de soberanía en una relación que “va más allá de lo comercial”.
El Tratado Antártico no dice lo que Judd dice que dice
El Artículo IV del Tratado Antártico establece que ninguna parte renuncia a sus reclamaciones previas, que nadie reconoce ni niega las de otros, que ninguna actividad durante la vigencia del tratado sirve de base para hacer valer o negar una reclamación y que no se admiten reclamaciones nuevas. Es un congelamiento, no una extinción. La reclamación chilena, que se extiende entre los meridianos 53° y 90° de longitud oeste, sigue vigente y es parte de nuestro ordenamiento.
Que el embajador de una potencia exprese la posición de su país sobre el régimen antártico es una cosa. Que lo haga en un seminario local, presentando como regla la interpretación más conveniente a su gobierno, y diciendo que la reclamación del país que lo recibe “no existe”, es otra.
Lo que le exige su cargo
La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que Chile y Estados Unidos han ratificado, impone en su Artículo 41 a quienes gozan de privilegios y de inmunidades el deber de respetar las leyes del Estado receptor y de no inmiscuirse en sus asuntos internos. Los asuntos oficiales, además, se tratan con o a través de la Cancillería, no en foros públicos.
Si eso se vulneró formalmente es un juicio que le corresponde a la Cancillería. Pero el estándar de conducta está escrito, y un embajador acreditado en Santiago sabe cuál es. El Artículo 9 da al Estado receptor la facultad de declarar a un miembro de la misión persona non grata. No es el paso que corresponde hoy; sí es un recordatorio de que la paciencia de un Estado receptor tiene límites.
Cómo reaccionó Chile
El canciller Francisco Pérez Mackenna afirmó que el Estrecho de Magallanes “fue, es y será siempre chileno” y que Chile no necesita apoyo extranjero para defender su soberanía; sobre la Antártica, que la soberanía chilena está “perfectamente definida”. No descartó una nota de protesta. La mesa del Senado, encabezada por Paulina Núñez e Iván Moreira, dijo que la soberanía “no está en discusión ni depende del respaldo” de ningún país. El diputado Gonzalo Winter (FA) calificó los dichos de vergonzosos y humillantes, y pidió una nota de protesta. Es raro ver al oficialismo y a la oposición de acuerdo.
Lectura editorial
Estados Unidos es un aliado de Chile, y Chile es un país amigo de Estados Unidos. Nada de lo que sigue cuestiona eso. Lo que se cuestiona es la conducta de un funcionario que ya suma tres episodios en dos semanas.
Un embajador tiene mucho que hacer en Chile: seguridad, comercio, inversión, crimen organizado. Para eso está la Cancillería, que existe justamente para que esas conversaciones ocurran de manera discreta. Lo que no tiene que hacer es pronunciarse en seminarios sobre qué territorio es o no de nuestro país, ni insinuar que el apoyo en el Estrecho de Magallanes depende de cuánto coopera Chile con las prioridades de Washington. Aunque lo haya dicho con otra intención, lo dicho está dicho, y se escuchó.
La soberanía no se condiciona ni se negocia. Menos aún en una mesa de cócteles.
El Gobierno del Presidente Kast tiene una oportunidad clara: enviar la nota de protesta y dejar constancia de la posición chilena sobre la Antártica y el Estrecho de Magallanes. Se esperaría también una palabra presidencial; el tono lo marca quien conduce la política exterior. Amigos, sí. Subordinados, jamás.
Si Judd quiere seguir opinando, que lo haga en Washington.