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LULA REMONTA Y GANA SU CUARTO MANDATO CON CASI 52%: CAMPAÑA DIGITAL DE «EJÉRCITO», GASTO SOCIAL DE ÚLTIMA HORA Y UN RIVAL QUE NO RECONOCE LA DERROTA

LULA REMONTA Y GANA SU CUARTO MANDATO CON CASI 52%: CAMPAÑA DIGITAL DE «EJÉRCITO», GASTO SOCIAL DE ÚLTIMA HORA Y UN RIVAL QUE NO RECONOCE LA DERROTA

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Por Redacción VDI Global

Luiz Inácio Lula da Silva ganó el balotaje del domingo 25 de octubre con cerca de 51,8% de los votos válidos frente a 48,2% de Flávio Bolsonaro, una diferencia de más de cuatro millones de votos. Es la primera vez desde el fin de la dictadura que un candidato que quedó segundo en la primera vuelta gana la segunda. Ninguna de las principales encuestas lo anticipó. Flávio Bolsonaro dijo que no reconoce el resultado y que pedirá anular la elección.

El resultado

Con el escrutinio casi completo, las cifras publicadas por distintos medios varían en centésimas: 51,76%, 51,79% para Lula, 48,24% o 48,21% para Flávio. La diferencia final, según una de las notas, es de 4.430.191 votos, y el Tribunal Superior Electoral habría proclamado al ganador en la mañana del lunes. Las cifras definitivas deben verificarse en el TSE.

La primera vuelta, el 4 de octubre, había sido favorable al senador: Flávio Bolsonaro obtuvo 47,03% y Lula 45,16%, la diferencia más estrecha desde la vuelta a la democracia. En el balotaje, Lula cerró esa brecha y la invirtió. Desde 1989, el que lideraba la primera vuelta siempre había ganado la presidencia. Esta vez no.

Lula asumirá su cuarto mandato no consecutivo. Será el primer presidente brasileño elegido en cuatro ocasiones y tendrá 81 años al asumir. En su discurso dijo que no buscará un quinto mandato. La participación subió: la abstención bajó de 21,8% a 19,21%, y los votos blancos y nulos también cayeron.

Las encuestas fallaron

La última medición de Datafolha, del 23 y 24 de octubre, daba 51% a Flávio y 49% a Lula en votos válidos, y la de CNT/MDA, 50,7% a 49,3%. Ambas hablaban de empate técnico con una leve ventaja para el senador. El resultado fue de casi cuatro puntos a favor de Lula. Las notas coinciden en que ninguna encuesta importante anticipó el triunfo.

Es un error mayor que el margen de ±2 puntos. Puede deberse a un voto tardío, a una participación más alta de lo previsto o a una subestimación sistemática del electorado de Lula, pero las notas no ofrecen una explicación y conviene esperar el análisis de los institutos.

La campaña digital

La nota de Emol, con información de EFE, atribuye parte del giro a un cambio de estrategia. Antes de la primera vuelta, el PT priorizó el trabajo en terreno y relegó lo digital. Después de ese resultado, el comando redirigió recursos a las redes, y el propio Lula reconoció que la primera parte de su campaña había sido desorganizada.

La pieza central fue un canal de WhatsApp llamado «Ejército de Lula», creado y administrado por el diputado André Janones, descrito como el «arquitecto digital» de la victoria. Tenía más de 10 millones de seguidores. Según el diario O Globo, citado en la nota, Janones enviaba instrucciones a los suscriptores para compartir fragmentos de videos, usar etiquetas específicas en X, buscar términos para intentar influir en las tendencias de Google, saturar de comentarios las publicaciones de opositores y contrarrestar narrativas de desinformación. Lula se sumó con una frase: «Soy mariscal en el ejército del general Janones».

La campaña de Flávio pidió al TSE que prohibiera el canal. Según la consultora Quaest, citada indirectamente, Lula superó a su rival en un índice de popularidad digital, aunque la nota no detalla la metodología. La derecha, dice el texto, dominaba hasta entonces el terreno digital.

La nota no ofrece evidencia sobre el efecto real de esas tácticas en el resultado. Describe intentos de influir en tendencias, no un impacto medido.

El gasto de última hora

Hay otro factor que las notas ponen sobre la mesa. En las semanas previas al balotaje, el Gobierno adoptó medidas con efecto directo en los hogares. El Bolsa Familia subió 15% la semana antes de la votación, para unos 50 millones de beneficiarios, a un costo de unos 5.800 millones de reales. Se suspendieron durante 30 días los impuestos federales a los combustibles y se subsidió el diésel para importadores, a un costo de unos 5.200 millones de reales. Hubo un plan de refinanciamiento de deudas por unos 3.000 millones de reales y un proyecto de transporte público gratuito los fines de semana. Diez días antes de la votación, el Congreso aprobó una reducción de la jornada laboral de seis a cinco días y de 44 a 40 horas sin recorte de salario. Flávio Bolsonaro respaldó esa medida al final de la campaña.

Las notas no vinculan estas medidas con el resultado, y sería un error afirmar que explican la victoria. Pero hablan de un Gobierno que usó todas las herramientas del Estado en la recta final, y de una oposición que respaldó al menos una de ellas.

El rival que no reconoce

Flávio Bolsonaro dijo que no reconoce el resultado y que pedirá la anulación de la elección. Calificó lo ocurrido como «inaceptable» y sostuvo que nunca podrá saber cuántos votos habría recibido en los lugares donde la votación no se extendió.

El reclamo apunta a una decisión de la jornada. Según las notas, el juez del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin extendió la votación hasta las 19:00 en todo el país por quejas de servicio de transporte reducido, sobre todo en São Paulo y Salvador. La orden habría llegado a la mayoría de las mesas después de que cerraran. Flávio recordó que el juez fue abogado de Lula. Una de las notas informa que el presidente del TSE, Kássio Nunes Marques, descrito como aliado de Bolsonaro, trasladó unos 590.000 electores a otros locales sin aviso, sobre todo en regiones favorables a Lula. Esa afirmación aparece en una sola nota y no se verifica.

La Policía Federal abrió una investigación por presuntos delitos vinculados al transporte de electores en el estado de Sergipe, y un responsable del transporte en Salvador habría sido objeto de una orden de arresto. Eduardo Bolsonaro, desde Estados Unidos, dijo que la situación «huele a golpe».

Las notas no presentan pruebas de fraude ni informan de una respuesta del TSE al pedido de anulación. Tampoco explican en qué mesas ni cuántos votos habría afectado la extensión del horario.

Lo que dijo Lula

En su discurso de victoria, Lula agradeció a la juventud que «salió a defender la democracia» y destacó la baja abstención. Dijo que regulará las plataformas digitales, que las grandes tecnológicas interfirieron en la elección y que Brasil «no acepta ser el patio trasero de nadie». Acusó a Flávio de mentir y calificó el resultado como una derrota del negacionismo y la falsedad. Cerró con una frase de seguridad: «Para el pueblo la protección y para los bandidos la cárcel». También dijo que quiere una inteligencia artificial brasileña y que trabajará con un Congreso más conservador que en su mandato anterior.

La referencia a Estados Unidos no es casual. En 2025, la administración de Donald Trump impuso aranceles de hasta 50% a algunos productos brasileños y los vinculó públicamente con el caso judicial contra Jair Bolsonaro. Trump no se había pronunciado sobre el resultado según las últimas notas. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, felicitó a Lula.

Un Congreso que no es suyo

Lula gana la Presidencia, pero no el Congreso. El Partido Liberal es la primera fuerza, con 121 de 513 diputados y 28 de 81 senadores. Para gobernar, Lula dependerá del «Centrão», el bloque de centroderecha que negocia apoyo a cambio de cargos y recursos. La reducción de la jornada laboral, aprobada con apoyo de ambos lados, muestra que hay terreno de acuerdo, pero también que el costo de cada voto se pagará.

Lo que se sabe y lo que no

Se sabe que Lula ganó con cerca de 51,8%, que superó a su rival por más de cuatro millones de votos, que ninguna encuesta importante lo anticipó, que Flávio dice que no reconoce el resultado y que Zanin extendió el horario de votación.

No se sabe si el TSE responderá al pedido de anulación ni en qué términos. No hay pruebas públicas de fraude. No se conoce el efecto real de la campaña digital ni del gasto social en el resultado. No hay, en las notas consultadas, una reacción del Presidente Kast ni del Gobierno chileno. Y las cifras finales varían ligeramente entre fuentes.

Lectura editorial

VDI Global sostiene tres cosas.

Primero, el resultado se acepta. Una diferencia de más de cuatro millones de votos no se revierte con la sospecha. Si Flávio Bolsonaro tiene pruebas de irregularidades, corresponde presentarlas ante la justicia electoral, no negarse a reconocer. Anunciar que no se reconoce una elección sin evidencia pública es un daño a la democracia brasileña, venga de quien venga.

Segundo, hay preguntas legítimas sobre la jornada que merecen respuesta. La extensión del horario de votación por decisión de un juez que fue abogado del ganador, y el traslado de electores sin aviso, son hechos que el TSE debe explicar con transparencia. Esa explicación no cambia el resultado, pero protege la confianza en el sistema.

Tercero, VDI Global mira con reservas el modelo de gobierno de izquierda que Lula representa, y observa que esta victoria se apoyó en el uso intensivo del gasto público en las semanas previas y en una maquinaria digital de militancia coordinada. Son herramientas legítimas, pero deben distinguirse de la persuasión. Habrá que ver si esa coalición se sostiene cuando el Congreso conservador pida cuentas y el espacio fiscal se agote.

Qué vigilar

  • La respuesta del TSE al pedido de anulación y al reclamo por la extensión del horario.
  • Si Flávio Bolsonaro presenta pruebas o recurre ante la justicia.
  • La reacción de Washington, de Buenos Aires y de Santiago.
  • Las negociaciones de Lula con el Centrão para formar mayoría.
  • El análisis de los institutos sobre por qué fallaron las encuestas.
  • La regulación de las plataformas digitales que Lula prometió.
  • El resultado de la investigación de la Policía Federal en Sergipe.

Conclusión

Brasil eligió a Lula por cuarta vez, tras remontar una desventaja de primera vuelta que ningún candidato había revertido. Con ese triunfo viene una pregunta de otro tipo: si su rival aceptará que perdió. Mientras el TSE responde y las cifras se consolidan, lo que queda a la vista es un país dividido casi por la mitad, con un Congreso opuesto y un presidente de 81 años que promete su último mandato.

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