A CINCO DÍAS DE LAS ELECCIONES, NETANYAHU CAMBIA DE ESTRATEGIA: YA NO PRESIONA A LOS PEQUEÑOS PARTIDOS DE DERECHA, SINO A SUS VOTANTES
Benjamin Netanyahu está siendo juzgado por corrupción y goza de presunción de inocencia mientras no haya una sentencia.
Con cinco días para las elecciones israelíes del 27 de octubre, el primer ministro Benjamin Netanyahu dejó de insistir en que los líderes de partidos pequeños de derecha se retiren de la carrera y pasó a pedir directamente a sus votantes que apoyen al Likud, al Partido Sionista Religioso o a Otzma Yehudit. Según un análisis publicado este jueves, los intentos de sacar de competencia a Ofer Winter y a Moti Leitner fracasaron. El temor de Netanyahu es que los votos de la derecha se dispersen en partidos que no superen el umbral y se pierdan.
Qué cambió en la campaña
El análisis, publicado el 22 de octubre, describe un giro táctico en la campaña de Netanyahu. Hasta ahora, el esfuerzo se centraba en convencer a los líderes de partidos pequeños situados a la derecha de que retiraran sus candidaturas. Esos intentos no funcionaron con dos de ellos: Ofer Winter, presidente del partido Pueblo de Israel, y Moti Leitner, presidente del partido Público Jaredí.
Frente a ese resultado, la estrategia cambió. En lugar de presionar a los dirigentes, Netanyahu apunta ahora a los votantes que respaldan a esas listas, y les pide que voten por el Likud, por el Partido Sionista Religioso o por Otzma Yehudit, las tres fuerzas que forman el núcleo de su bloque.
El primer ministro y el presidente del Partido Sionista Religioso, Bezalel Smotrich, además, intensificaron sus ataques contra Winter y Leitner. Los acusan de irresponsabilidad y de poner en peligro la posibilidad de que el bloque alcance la mayoría en la Knéset.
El fantasma de 1992
Netanyahu publicó en Facebook un mensaje extenso en el que advirtió que podría repetirse lo ocurrido en las elecciones de 1992. Según el análisis, en aquella votación una derecha dividida perdió el poder.
El argumento es comprensible desde su lógica. En un sistema proporcional con umbral mínimo, cada voto que se emite por una lista que no entra al Parlamento es un voto que no se traduce en escaños. Si varios partidos de un mismo campo quedan por debajo del umbral, ese campo pierde representación aunque en conjunto sume muchos votos.
El umbral es de 3,25% de los votos válidos. Con un Parlamento de 120 escaños y una mayoría de 61, un par de listas que no lleguen pueden decidir el resultado.
Quiénes son los actores
Winter y Leitner no son figuras menores en el debate, pero tampoco grandes en las encuestas. El análisis los presenta como líderes de partidos pequeños de derecha o de orientación jaredí cuyos intentos de retiro fracasaron. No informa cuántos escaños les asignan las encuestas ni si estarían cerca del umbral.
Tampoco son el único problema del bloque. El análisis menciona al partido Reservistas-Económico, liderado por Yoaz Hendel y Yaron Zelekha, junto con Pueblo de Israel, como ejemplos de listas cuyos votantes no son el objetivo de la campaña de Netanyahu. En otras palabras: la estrategia no busca atraer a quienes votan por esas listas, sino a quienes, siendo de derecha, podrían desperdiciar su voto.
Entre las fuerzas que el primer ministro busca consolidar está Otzma Yehudit, encabezada por Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional, y el Partido Sionista Religioso de Smotrich. Son socios del actual gobierno.
Lo que Netanyahu busca realmente
El análisis sostiene que la prioridad del primer ministro es seguir en el cargo. Según esa lectura, estaría dispuesto incluso a aceptar un gobierno de unidad que excluya a Ben-Gvir. Es una evaluación del autor, no un hecho confirmado, y no hay declaración del primer ministro en ese sentido.
También se afirma que Netanyahu cree que puede ganar, y que la clave para él es maximizar los votos dentro de su propio bloque, no necesariamente captar votantes del bloque contrario. Eso explica el cambio: ya no se trata de convencer a indecisos de centro, sino de asegurar que ningún voto de derecha quede fuera.
Una fuente familiarizada con la estrategia, citada por el análisis, resumió el horizonte del plan con una frase breve: «hasta que vea éxito». Es una cita escueta y sin más contexto, pero sugiere el carácter provisional de la táctica.
Qué significa un voto desperdiciado
Conviene explicar la mecánica para quien no sigue la política israelí. Los 120 escaños se reparten en proporción a los votos de las listas que superan el 3,25%. Los votos de las listas que quedan por debajo no se redistribuyen a otros partidos: simplemente no cuentan. Si un bloque tiene varios partidos pequeños y dos de ellos no entran, los electores que los eligieron habrán participado sin influir en el reparto. Para un bloque que depende de una mayoría estrecha, esos votos perdidos pueden pesar tanto como un escaño decisivo. De ahí la insistencia de Netanyahu en concentrar el voto, y de ahí también el riesgo de presionar demasiado a quienes se resisten.
Lo que las fuentes no dicen
El análisis no incluye cifras de encuestas ni asignaciones de escaños. No indica si los partidos de Winter o de Leitner están cerca del umbral de 3,25%, que es el dato clave para evaluar el riesgo que describe Netanyahu. No hay declaraciones de Winter ni de Leitner. No hay confirmación del gobierno de unidad sin Ben-Gvir, que es una hipótesis del autor. Y tampoco hay datos que muestren si los votantes de esas listas realmente consideran pasarse al Likud.
También conviene distinguir entre lo reportado y lo interpretado. Que Netanyahu cambió su mensaje y atacó a Winter y Leitner es descrito como un hecho. Que su meta sea mantenerse en el cargo o que acepte un acuerdo con exclusiones son lecturas del análisis.
Lectura editorial
Creemos que esta noticia dice más de la aritmética electoral israelí que de la persona de Netanyahu.
La primera lectura es matemática. En un sistema con umbral, ningún bloque puede dar por seguro un voto. La oposición debe preocuparse por su propia dispersión, y también el oficialismo. Quien logre que menos votos se desperdicien en listas pequeñas tendrá ventaja en el reparto final. Por eso la fragmentación, de un lado o del otro, puede definir quién llega a 61.
La segunda es política. Si los intentos de retiro fracasaron, significa que Winter y Leitner prefieren competir. Puede ser porque creen que pasarán el umbral, porque valoran su independencia o porque la presión tuvo un costo que no quisieron asumir. El análisis no lo dice y no corresponde especular. Pero sí es relevante que dirigentes de derecha rechacen la presión del líder de su propio campo a pocos días de la votación.
La tercera es el tono. Acusar de irresponsabilidad a quienes compiten legítimamente es parte de la política electoral, pero tiene un límite: en una democracia parlamentaria, cada lista que cumple los requisitos tiene derecho a presentarse. Pedir a los votantes que elijan a un bloque es legítimo. Pedir a los candidatos que no se presenten es una presión que puede entenderse, aunque tenga un costo democrático.
La cuarta es un matiz que desde Israel se percibe con claridad. A pocos días de la votación, el país enfrenta un contexto de seguridad exigente, con una guerra aún abierta y planes que se discuten sobre Irán. En ese escenario, la cuestión de quién obtiene 61 escaños no es solo una disputa partidaria: define qué gobierno tomará las próximas decisiones. Por eso conviene que los votantes tengan información clara sobre los umbrales y sobre cómo se traduce su voto.
Por último, una advertencia a quienes leen desde fuera. Una estrategia de campaña es una apuesta, no un resultado. El análisis describe un cambio táctico, no una ventaja. Los números del 27 de octubre dirán si la apuesta funcionó o si, como en 1992, la dispersión cambió el mapa.
Qué vigilar
Hay cuatro cosas. Las últimas encuestas antes de la votación, sobre todo las que midan a los partidos cercanos al umbral. Si Winter, Leitner u otros líderes retiran su candidatura en los últimos días. Cómo responden los votantes de esas listas, y si migran al Likud, al Partido Sionista Religioso o a Otzma Yehudit. Y qué dicen Netanyahu y sus socios sobre la formación de gobierno, en particular sobre una eventual exclusión de Ben-Gvir.
Conclusión
A cinco días de la votación, Netanyahu dejó de pedir que se retiren los dirigentes de derecha que no cedieron y pasó a hablarles a sus votantes. Su temor es que la derecha repita 1992 y pierda el poder por dividirse. Si la jugada funciona, se verá en la noche del 27 de octubre: no por quién gana en votos, sino por cuántas listas quedan fuera del umbral y cuántos escaños se pierden en el camino.
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