TRUMP ARREMETE CONTRA NORUEGA POR EL NOBEL DE LA PAZ A NAVI PILLAY Y LA ACUSA DE ODIAR A ISRAEL
El presidente de Estados Unidos calificó de vergüenza que el comité noruego premiara a la ex jueza de la Corte Penal Internacional y ex alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Pillay presidió la comisión de la ONU cuyo informe concluyó que Israel cometió genocidio en Gaza, una tesis que Israel rechaza y que ni Trump ni Netanyahu comparten.
Qué dijo Trump
El viernes 9 de octubre, en un acto de campaña en Syracuse, Nueva York, Trump volvió a quejarse de no haber recibido el Nobel de la Paz. Dijo que la decisión era vergonzosa y que dejaba una “mancha imborrable” sobre Noruega. Sobre la ganadora, la sudafricana Navi Pillay, afirmó que nunca había oído hablar de ella y que nadie la conocía.
Aseguró que el premio perdió prestigio por culpa de “ideólogos radicales” y “enemigos de la civilización”, y lanzó una frase dirigida al país sede del comité: “No lo olvidaremos, Noruega”. Más tarde publicó que Pillay “obviamente, odia a Israel”.
Trump afirmó haber ayudado a evitar guerras entre Corea del Norte y Corea del Sur, Japón y Corea del Norte, y China y Taiwán. No presentó pruebas. Desde su regreso a la Casa Blanca, en enero de 2025, ha dicho cada año que merece el premio.
Quién es Pillay y qué rechaza Israel
Pillay es sudafricana, ex jueza de la Corte Penal Internacional y ex jefa de derechos humanos de la ONU. Presidió la comisión de la ONU que concluyó que Israel cometió genocidio en Gaza. Israel rechaza esa conclusión, dijo que no cooperaría con la comisión y la calificó de “moralmente en bancarrota”, por el supuesto sesgo del organismo y de Pillay.
Israel ha llegado a acusarla de ser un “representante de Hamás” con posturas antiisraelíes y antisemitas. Es una acusación de Israel, no un hecho establecido.
Conviene fijar tres datos. La comisión no habla en nombre de la ONU en su conjunto y no es un órgano judicial, aunque sus informes pueden aumentar la presión diplomática y reunir material para tribunales. Según se ha reportado, su informe menciona la masacre del 7 de octubre solo brevemente y no detalla el ataque que desencadenó la guerra. Y la comisión es la fuente de la tesis de genocidio, no una sentencia.
La respuesta de Pillay
En un acto en Núremberg, durante una ovación de pie, Pillay dijo con humor: “Si aplauden un poco más, quizás comparta este premio con Trump”. Una secretaria general de Amnistía Internacional grabó el momento y lo publicó en X. No hay, en lo reportado, reacción del gobierno de Noruega ni del comité Nobel a las críticas de Trump.
Lectura editorial
Hay dos conversaciones mezcladas, y conviene separarlas.
La primera es la queja de Trump. Pedir el Nobel por tercer año y atacar a un país entero porque el comité decidió otra cosa no es un argumento: es un reclamo personal. Tampoco ayudan los méritos que se atribuye sin pruebas.
La segunda es la elección del comité, y esa merece una pregunta seria. Un Nobel de la Paz sobre una figura cuyo informe más conocido apenas menciona el 7 de octubre, y que fue elaborado por una comisión sin carácter judicial, deja la impresión de que el premio funciona como un gesto político antes que como un reconocimiento a la paz. Cuando un Nobel divide así, su autoridad moral se resiente, gane quien gane.
Conclusión
El Nobel de la Paz quedó otra vez en medio de una disputa que nada tiene de pacífica. Entre un presidente que reclama el premio sin pruebas y un comité que elige a quien Israel rechaza, el debate de fondo sigue abierto: qué debe premiar exactamente ese galardón.
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