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ISRAEL VOTA LA 26ª KNESSET CON UNA CARRERA REÑIDA, UN BLOQUEO COMO ESCENARIO PREVISTO Y UN PRESIDENTE QUE YA ADVIRTIÓ QUE NADIE DECIDIRÁ POR ÉL

ISRAEL VOTA LA 26ª KNESSET CON UNA CARRERA REÑIDA, UN BLOQUEO COMO ESCENARIO PREVISTO Y UN PRESIDENTE QUE YA ADVIRTIÓ QUE NADIE DECIDIRÁ POR ÉL

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Por Redacción VDI Global

Israel vota hoy, martes 27 de octubre, en la elección de la 26ª Knesset. Unos 7,3 millones de personas tienen derecho a voto y los colegios abren de 07:00 a 22:00. Las últimas encuestas mostraron una contienda pareja entre el bloque del primer ministro Benjamin Netanyahu y la oposición liderada por Yashar, el partido del exjefe del Ejército Gadi Eisenkot. Se prevé que ninguno alcance la mayoría si mantiene sus promesas de no gobernar con ciertas facciones. Lo que ocurra después dependerá de la aritmética y del presidente Isaac Herzog.

Una jornada que ya está en marcha

Las urnas abrieron en todo el país y los electores comenzaron a votar para renovar la Knesset, el Parlamento de 120 escaños. La mayoría de los centros funciona de 07:00 a 22:00, aunque algunos tienen horarios distintos. Un partido necesita al menos 3,25% de los votos válidos para entrar al Parlamento, un umbral que deja fuera a las listas pequeñas y que suele decidir quién forma parte de las coaliciones.

La policía anunció el despliegue de fuerzas en miles de centros de votación. Las Fuerzas de Defensa informaron, al inicio de la jornada, de arrestos de sospechosos de terrorismo en Cisjordania. Es el cuadro habitual de un día electoral en Israel: normalidad cívica con un aparato de seguridad visible.

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Las cifras logísticas que circulan para esta elección hablan de 12.018 centros de votación, 18.000 urnas, 100.000 trabajadores de la Comisión Central Electoral, 20 comités regionales, 660 rutas interurbanas de transporte público gratuitas, trenes incluidos, y un presupuesto de 690 millones de shekels. Son números que conviene confirmar con la propia Comisión, pero dan una idea de la escala: un país de menos de diez millones de habitantes organiza una elección nacional en un solo día, con transporte gratuito para facilitar el voto.

Qué mostraron las últimas encuestas

Las últimas encuestas publicadas antes de la apertura mostraron una carrera reñida entre el bloque de Netanyahu y las facciones opositoras que encabeza Yashar, el partido de Eisenkot. Según el reporte, se prevé que ambos bloques queden por debajo de la mayoría necesaria para gobernar si cumplen sus promesas de campaña de no sentarse con ciertas facciones.

Ese condicional es la clave de toda la elección. Una coalición necesita 61 diputados. Si ninguno de los dos grandes bloques llega a esa cifra por sí solo, el resultado dependerá de los partidos que hoy se declaran fuera de uno u otro lado y de si estarían dispuestos a revisar sus vetos después de la votación. En campaña, los vetos cuestan poco. Después del recuento, cuestan mucho más.

Las encuestas de las últimas semanas, además, no coincidieron del todo entre sí. En una de ellas, el promedio de bloques parecía invertido respecto a otras mediciones, lo que aconseja no apoyarse en un solo sondeo ni dar cifras de escaños como si fueran un hecho. Lo prudente es decir lo que dicen los reportes: carrera pareja, mayoría difícil para ambos lados.

Los votantes que pueden decidir

La cobertura de la mañana apunta a tres factores de participación que podrían ser decisivos: la participación árabe, la haredí y la general. No es un dato menor. En un empate técnico, unos pocos puntos de participación en un sector pueden mover escaños y cambiar la conformación de una coalición. Los partidos lo saben: por eso la última semana estuvo marcada por llamados a votar y por acusaciones cruzadas sobre quién se beneficia de una baja asistencia.

También se estima que unos 70.000 israelíes regresan del exterior para votar. La cifra es una estimación de un solo medio y no es posible saber a qué partidos apoyarán; algunos cálculos sugieren que muchos lo harían por el bloque opositor. Hay además un dato de los votantes en el exterior: los diplomáticos que votaron fuera del país tuvieron, según un reporte, una participación 17 puntos mayor que en 2022. Es una señal de movilización, pero no dice nada sobre el resultado.

La semana que precedió a las urnas

La votación llega después de una semana cargada. Un canal de televisión israelí informó, con fuentes anónimas, de un choque entre el primer ministro y el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, por una orden de acción militar ligada a Irán, a la que Zamir habría pedido más deliberación y respaldo legal escrito. Netanyahu lo calificó de «tontería» y dijo que no hubo ninguna pelea. Una cadena estadounidense informó, también con fuentes anónimas, que Netanyahu había pedido a Trump un ataque conjunto contra Irán antes de la elección y que Trump no lo autorizó; la oficina del primer ministro lo desmintió y lo calificó de «noticia falsa». Ninguna de esas informaciones está verificada por fuentes oficiales.

Netanyahu advirtió además el domingo que Irán o sus aliados podrían atacar en los próximos días y dijo a Teherán: «No nos pongan a prueba». Trump dijo que no habría un ataque contra Irán ese día, y reiteró su respaldo a Netanyahu para un nuevo mandato. Fue en ese contexto que Herzog dijo a una cadena estadounidense que ni Trump ni nadie puede intervenir en su decisión sobre a quién encargar formar gobierno.

Nada de eso decide una elección por sí solo, pero marca el clima. Es una campaña que termina con la seguridad, Irán y las instituciones en el centro del debate, no solo la economía.

Después del recuento: el papel de Herzog

Cuando se cuenten los votos, el presidente consulta con los líderes de los partidos elegidos y designa al legislador que, a su juicio, tiene las mejores posibilidades de formar gobierno. No tiene que ser el líder del partido o bloque más grande: suele ser el diputado que recibe más recomendaciones de sus colegas.

El designado tiene 28 días, con una prórroga de 14, para formar coalición. Si falla, el presidente puede encargar la tarea a un segundo diputado. Si ese intento también fracasa, una mayoría de 61 diputados puede pedirle que asigne la tarea a un diputado específico, con otros 21 días.

Herzog describió el escenario como «muy delicado» y «un juego muy abierto, especialmente si los resultados van a ser ajustados». Reconoció que «habrá mucha presión» y subrayó su «enorme respeto» por Trump, pero dijo que se trata de «la democracia israelí y la constitución de Israel». También dijo que hará todo lo posible para evitar otra elección, incluso intentando forzar un gobierno de unidad entre el Likud y Yashar, aunque admitió: «No sé si es factible».

Esa última frase es la que más pesa para esta noche. Si los resultados son ajustados, el país podría entrar en semanas de consultas, vetos y plazos, con la posibilidad de repetir la votación.

Lo que se sabe y lo que no

Se sabe que la votación está en marcha, que hay 7,3 millones de habilitados, que los colegios cierran a las 22:00, que el umbral es 3,25% y que las últimas encuestas mostraron una carrera pareja. Se sabe que Herzog dijo que decide él.

No se sabe la participación, que no estaba disponible en la cobertura de la mañana, ni el resultado. Tampoco se sabe si los bloques revisarán sus vetos, ni si un gobierno de unidad entre Likud y Yashar es viable. Las cifras logísticas y la estimación de los votantes que regresan del exterior no están verificadas de manera independiente. La hora de los sondeos a boca de urna tampoco: una fuente habla de transmisión desde las 21:30, lo que no cuadra con un cierre a las 22:00.

Lectura editorial

VDI Global sostiene tres cosas.

Primero, una elección reñida es una prueba para las instituciones, no para los candidatos. Israel tiene reglas claras: un recuento, consultas del presidente, plazos definidos. Que se cumplan, sin presiones externas ni cuestionamientos al resultado, es lo que da legitimidad al gobierno que salga. Herzog hizo bien en decirlo antes de las urnas.

Segundo, los vetos de campaña son una promesa que el resultado pondrá a prueba. Si ningún bloque alcanza 61, el país tendrá que elegir entre una coalición de unidad, una negociación que obligue a algún partido a revisar sus líneas rojas, o una nueva elección. Ninguna es cómoda. La responsabilidad de los dirigentes será explicar por qué cada opción es mejor que la otra, y no culpar al adversario.

Tercero, la seguridad no puede ser un argumento de campaña ni un tema vedado. Irán es una amenaza real, y un primer ministro tiene el deber de advertir si tiene información. Pero las decisiones de guerra deben tomarse con los controles previstos, y cualquier sospecha de uso electoral se resuelve con transparencia, no con desmentidos genéricos.

Qué vigilar

  • La participación por hora y su comparación con elecciones anteriores.
  • Los sondeos a boca de urna tras el cierre de las 22:00.
  • Si los partidos pequeños superan el umbral de 3,25%.
  • El comportamiento del voto árabe y haredí.
  • Las primeras declaraciones de Netanyahu y Eisenkot después del cierre.
  • Las recomendaciones de los partidos a Herzog y su primera designación.
  • Si Likud y Yashar abren una conversación de unidad.
  • Cualquier incidente de seguridad o ataque desde Irán o sus aliados.
  • Si el bloqueo lleva a una nueva elección.

Conclusión

Israel vota con las encuestas empatadas, los vetos de campaña en pie y un presidente que ya dijo que decidirá él. Ninguna de las tres cosas garantiza un gobierno estable, y las tres juntas explican por qué esta noche el resultado importa menos que lo que viene después. La democracia israelí tiene reglas para un empate. Lo que está por verse es si los dirigentes están dispuestos a usarlas.

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