LAS PATITAS DE MONCKEBERG: EL MARIDO DE LA PRESIDENTA DEL SENADO SALE A PEGARLE A LARRAÍN MIENTRAS RN TENSA LA CUERDA CON KAST
La crisis por las rebajas de condena abrió un nuevo frente, esta vez dentro de Renovación Nacional. El exministro y expresidente del partido Cristián Monckeberg respondió con dureza a Carlos Larraín, que había exigido lealtad al gobierno de José Antonio Kast. Lo acusó de haberle hecho la vida imposible a Sebastián Piñera cuando presidía RN. El detalle que no es menor: Monckeberg está casado con Paulina Núñez, presidenta del Senado, la institución que eventualmente tendría que juzgar al ministro Fernando Rabat si la acusación constitucional prospera.
El cruce
Todo partió con Larraín. En el programa Desde la Redacción, el exsenador y expresidente de RN pidió a los partidos oficialistas alinearse con la decisión de Kast de mantener a Rabat. Criticó a quienes, a su juicio, se muestran hoy como guardianes de la moral, y fue más lejos. Si algunos quieren romper la coalición, dijo, que lo hagan, pero que retiren primero a todos sus representantes del gobierno. Y puso un ejemplo con nombre propio: el ministro de la Segpres, José García Ruminot, militante de RN.

La respuesta llegó desde Canal 13. Monckeberg recurrió a una expresión coloquial para decir que Larraín no tiene autoridad moral para pedir lealtad. Según él, cuando Larraín presidía RN “le hizo la vida imposible al presidente Piñera”. Agregó que todos tienen algo de razón en lo que dicen, pero advirtió que el conflicto interno puede terminar en un choque de trenes, y que eso anticipa la magnitud de lo que viene con la acusación constitucional.
La memoria selectiva
El reproche de Monckeberg tiene una base histórica. Larraín presidió RN entre 2006 y 2014 y, durante el primer gobierno de Piñera, mantuvo una relación tensa con La Moneda en varios momentos.
Pero Monckeberg también tiene historia. Hasta fines del año pasado, él y su esposa encabezaban una de las principales disidencias contra la directiva de RN liderada por Rodrigo Galilea y Andrea Balladares. Reprocharle a otro haber incomodado a un presidente de su sector, en medio de una crisis del gobierno de su propia coalición, exige justamente lo que él mismo invocó: patitas.
El factor Núñez
Paulina Núñez preside el Senado desde marzo. Es la primera mujer de derecha en ese cargo. En la crisis de las rebajas de condena, su actuación ha sido institucional: anunció un proyecto para cerrar la excepción legal que permitía esas rebajas, ofició a Rabat para que explicara cómo se tomaron las decisiones y, el mismo día en que se abrió la investigación penal, se reunió con el ministro y el ahora exsubsecretario Luis Silva para coordinar la agenda legislativa.
Precisamente por eso, las palabras de su marido no son neutras. Si la Cámara aprueba la acusación constitucional, el Senado actuará como jurado y será ella quien conduzca esa sesión. Que el exministro advierta públicamente sobre la magnitud de lo que ocurrirá en la acusación, y salga a enfrentar a quien pide respaldo al gobierno, abre una pregunta de prudencia que RN no debería ignorar.
Una RN dividida
El cruce entre Monckeberg y Larraín es solo la parte más visible. En RN conviven posturas opuestas. La senadora María José Gatica pidió la salida de Rabat. Varios diputados se abstuvieron o votaron la resolución que pidió su renuncia. Otros impulsaron una resolución alternativa para revisar las rebajas concedidas desde 2022 e incorporar a las víctimas en los procedimientos. Y García Ruminot, militante del partido, es pieza central del comité político de Kast.
Afuera, la presión no afloja. Evelyn Matthei volvió a pedir a Rabat que renuncie antes de la acusación. Y el gobierno ya pagó un costo: Kast pidió el viernes la renuncia del subsecretario Silva, tras un video en que explicó su actuación sin consultar al ministro. Asumió en su lugar Josefina Soto.
Lectura editorial
VDI Global lo ha dicho antes: Larraín tiene razón en que una coalición no puede vivir de desmarques públicos cada vez que hay una crisis. Y también lo ha dicho: corregir un error no es traicionar a nadie.
Lo que hizo Monckeberg no aporta a ninguna de las dos cosas. No discutió si Rabat debe seguir o irse. No propuso una salida. Atacó al mensajero con una cuenta pendiente de hace más de una década. Es el tipo de pelea que deja contento al adversario. En la oposición ya hablan de una “noche de Halloween” en el oficialismo, y cada episodio como este les da la razón.
Hay además un problema de forma. Cuando el esposo de la presidenta del Senado opina sobre el alcance de una acusación que la Cámara Alta podría tener que resolver, la línea entre lo personal y lo institucional se vuelve difusa. Nadie le exige silencio a Monckeberg. Pero sí la mínima prudencia que la investidura de su esposa requiere.
RN tiene que decidir qué quiere ser en este gobierno: un socio que corrige desde dentro o una oposición encubierta que se desmarca cuando conviene. Ambas cosas no caben al mismo tiempo. Y el martes, cuando la oposición presente el libelo, cada diputado tendrá que mostrar de qué lado está.
Lo que viene
La acusación constitucional contra Rabat se presentaría el martes 3 de noviembre. La oposición necesita 78 votos en la Cámara y no los tiene: depende del PDG y de los oficialistas descolgados. Si el libelo pasa, el Senado presidido por Núñez se convertirá en jurado. Para entonces, RN necesitará algo más que patitas: necesitará una postura.
