«LA SRA. DEL QUINTO» VUELVE A GOLPEAR: MATTHEI DICE QUE EL CASO RABAT YA ES PROBLEMA DE KAST
Evelyn Matthei volvió a apuntar contra La Moneda. Desde su espacio en Radio Pauta, la excandidata presidencial de Chile Vamos dijo que José Antonio Kast se equivocó al respaldar al ministro de Justicia, Fernando Rabat, y que lo mejor para el ministro sería irse ya. Lo dijo el mismo día en que la oposición anunció una acusación constitucional en su contra. No es la primera vez que la exalcaldesa dispara a su propio sector desde que quedó quinta en la primera vuelta. Probablemente tampoco sea la última.
Lo que dijo
Matthei partió con una reflexión sobre el oficio político. Comentó que todo el mundo habla de los políticos casi con asco, pero que la trayectoria enseña cosas que solo se aprenden en la reyerta pública. Y conectó esa idea con el caso Rabat.
Su análisis tuvo dos partes. En la jurídica, le dio la razón al ministro. Citó la columna dominical del rector Carlos Peña, quien sostuvo que la interpretación del ministerio era plausible según como quedó redactada la ley. Agregó que también podía entender el argumento de la economía procesal, es decir, no llenar la Corte Suprema de causas que retrasan otras.
En la política, fue lapidaria. Sostuvo que hay que haber estado expuesto a la opinión pública para entender que ciertas decisiones son imposibles de tomar, porque la gente no las entiende y el costo es brutal. Dijo que a alguien con mayor trayectoria política no le habría pasado, ni esto ni la fotografía del subsecretario Máximo Pavez en un avión de la FACh.
Sobre Rabat habló bien. Lo describió como un hombre serio, que sabe lo que hace y que es dialogante, según le han comentado senadores de ambos lados. Dijo que le daba pena lo ocurrido, pero que en estos cargos a veces hay mala suerte, y que lo mejor para él sería renunciar ahora.
El remate fue para el Presidente: Kast se equivocó al respaldarlo, porque “el problema ahora ya es del presidente, no del ministro”.
Una crítica conocida
El tono no sorprende a nadie en La Moneda. Matthei ha cultivado un perfil crítico desde el primer día del gobierno. Usa sus redes sociales y, desde mayo, su espacio como panelista radial para marcar diferencias con el paquete económico, con el plan de seguridad y con la gestión política.

Las respuestas también son conocidas. En junio, el biministro Claudio Alvarado, militante de su mismo partido, dijo que su rol de opinóloga le permite decir lo que estime conveniente. Ese mismo mes, el diputado republicano Agustín Romero le recordó en redes su quinto lugar en la primera vuelta presidencial. Ella respondió exigiéndole devolver el dinero de horas extras cuestionadas.
En la UDI, sus críticas comienzan a incomodar a la bancada, que forma parte del oficialismo y vota con el gobierno la mayoría de sus proyectos.
Lectura editorial
Hay que reconocerle algo a Matthei: en el fondo, tiene razón. VDI Global ya advirtió que un gobierno que prometió mano firme contra el delito no puede regalarle esa bandera a la oposición. También advirtió que Kast debía asumir el costo político del caso antes de que el Congreso se lo cobrara. El 64% que rechaza la permanencia de Rabat y las abstenciones oficialistas en la Cámara confirman ese diagnóstico.
Pero el mensaje tiene un problema de mensajero.
Matthei se presenta como la voz de la experiencia política, la que sabe lo que la gente entiende y lo que no. Es el mismo olfato que la llevó a quedar quinta en una elección que empezó como favorita, con todas las encuestas a su favor. Recomendar oficio desde ahí exige al menos algo de humildad.
Además, su intervención tiene una contradicción que la oposición agradecerá. Dice que la interpretación de Rabat era jurídicamente plausible y que la economía procesal es entendible. Pero también dice que debe irse. Si la decisión era legal y razonable, el problema es de comunicación, no de fondo. Si era tan grave como para exigir una renuncia inmediata, entonces no era tan plausible. Las dos cosas no se sostienen a la vez, y la acusación constitucional se construirá justamente sobre esa grieta.
Lo que más llama la atención es el lugar desde donde habla. Matthei no es una analista independiente. Es militante de la UDI, un partido del oficialismo, y fue la candidata de Chile Vamos. Cuando ella dice que el problema ya es del Presidente, no ayuda a resolverlo. Lo agranda. Un dirigente del propio sector que quisiera ayudar llamaría a La Moneda. Matthei prefiere el micrófono.
Nada de esto la obliga al silencio. La derecha necesita voces críticas, y un gobierno que solo escucha aplausos se equivoca más. Pero hay una diferencia entre la crítica que construye y la que suena a ajuste de cuentas. Seis meses de ofensivas contra el mismo blanco empiezan a parecerse más a lo segundo.
Lo que viene
La oposición presentará el libelo contra Rabat a más tardar el martes. La Moneda tendrá que decidir si sostiene al ministro hasta la votación o si se adelanta. Y Matthei, desde su micrófono, seguirá diciendo lo que estime conveniente. Ese es su derecho.
El de los demás es recordar que el consejo viene de la señora del quinto.
