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KAST POSTERGA LA DECISIÓN Y ENVÍA A PAVEZ, SIN EL MINISTRO DE DEFENSA, A LA CUMBRE CONTRA LOS CÁRTELES DE TRUMP: CHILE IRÁ COMO OBSERVADOR Y EL GOBIERNO SE DIVIDE ENTRE BARROS Y EL SEGUNDO PISO

KAST POSTERGA LA DECISIÓN Y ENVÍA A PAVEZ, SIN EL MINISTRO DE DEFENSA, A LA CUMBRE CONTRA LOS CÁRTELES DE TRUMP: CHILE IRÁ COMO OBSERVADOR Y EL GOBIERNO SE DIVIDE ENTRE BARROS Y EL SEGUNDO PISO

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Por Redacción VDI Global

El Presidente José Antonio Kast reunió el domingo 25 de octubre a parte de su gabinete para decidir si Chile ingresa a la Coalición de las Américas contra los Cárteles, la rama militar del llamado Escudo de las Américas que impulsa Donald Trump. No resolvió. Postergó el anuncio «para los próximos días» y envió a la cumbre de Santo Domingo al subsecretario del Interior, Máximo Pavez, sin el ministro de Defensa, Fernando Barros. Chile participaría como observador.

Qué se decidió el domingo

La reunión en La Moneda incluyó al biministro Claudio Alvarado (Interior y Segegob), al canciller Francisco Pérez Mackenna, al ministro de Defensa Fernando Barros, al ministro de Seguridad Pública Martín Arrau, al vocero Gonzalo Arenas y al jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval. Según El Dínamo, se trataba de decidir si Chile se suma a la coalición y si Barros asistiría a la cumbre.

El resultado, según The Clinic, fue una postergación. El Gobierno dijo que la decisión llegará «en los próximos días». Pavez representará a Chile en la reunión de seguridad hemisférica convocada por Estados Unidos en Santo Domingo, el lunes y martes, según esa nota. Barros no irá, y tampoco un ministro de ese rango. Se espera que Chile participe como observador mientras evalúa la membresía plena.

El vocero Arenas no fijó una postura. Dijo que el combate al crimen organizado «es esencial» para el país, que «este es un tema de Estado, no es fácil» y que la decisión sobre la presencia de Barros «pasa por una convicción del Presidente de la República», quien «está estudiando» el asunto.

Qué es la coalición

La coalición forma parte del Escudo de las Américas, un marco diplomático y militar que Trump presentó en marzo para desmantelar a los cárteles, reforzar la seguridad fronteriza y contrarrestar la influencia de adversarios extranjeros en el hemisferio. Su componente militar es la Coalición de las Américas contra los Cárteles, conocida como A3C, descrita en marzo como una alianza de 17 naciones. En esa cumbre, celebrada en Florida el 7 de marzo, Trump dijo que el acuerdo central es un compromiso de usar fuerza militar letal contra los cárteles y las redes terroristas, y que Estados Unidos usaría ataques con misiles de precisión si los países socios lo solicitaban.

En esa ocasión, Kast, entonces presidente electo, dijo: «Se firmó hoy día un acuerdo pero yo no lo firmé», porque aún no ejercía el cargo. Anunció que lo evaluaría tras asumir el 11 de marzo y añadió: «Nosotros no vamos a pasar más allá de lo que diga la Constitución y lo que defina el Parlamento». Evitó respaldar de forma explícita operaciones militares conjuntas lideradas por Estados Unidos.

Las notas difieren en el estatus actual de Chile. Una indica que Chile se unió al Escudo en septiembre, y que Barros dijo entonces que la participación no comprometería la soberanía, no crearía nuevas obligaciones ni involucraría a las Fuerzas Armadas. La de The Clinic habla de que Chile ha sido hasta ahora un observador. Las notas tampoco coinciden en el nombre completo ni en el número de miembros: 17 en marzo y 19 si Chile entra, según el presidente de la UDI.

Las dudas

Según El Mostrador y BioBioChile, el Gobierno tiene reparos sobre el despliegue de las Fuerzas Armadas, el uso de fuerza letal y las implicancias para la soberanía nacional. Las notas no citan cláusulas específicas del acuerdo.

Entre las condiciones que Chile planteó, según BioBio, están que no haya intervención sin autorización previa del país anfitrión, que las decisiones requieran la aprobación unánime de los miembros y que se cumpla estrictamente el derecho internacional y el interno. La Constitución chilena impide el ingreso de tropas extranjeras sin aprobación del Congreso. Chile objetó además los planes de Estados Unidos de que las fuerzas regionales operaran bajo el Comando Sur y la descripción de América Latina como «patio trasero» hecha por el secretario de Guerra, Pete Hegseth.

Fuentes del Gobierno dijeron a BioBio que «no da para firmar este tipo de cosas con Estados Unidos», en alusión a la situación política interna, y que Chile quiere ver cómo funciona operativamente la alianza antes de pensar en la membresía.

Las garantías de Washington

Fuentes del Ejecutivo estadounidense, citadas por BioBio y El Mostrador, sostienen que firmar no cede autoridad a Washington y que cada país actuaría bajo sus propias leyes. Según esas fuentes, el documento no exige que las tropas operen fuera de su territorio ni que tropas extranjeras actúen en otro país. No crea un mando multinacional y, a diferencia de versiones previas, ya no exige mayor gasto en defensa. Lo describen como no vinculante, un grupo de coordinación de información para acciones conjuntas. Y añadieron: «Si Chile no quiere hacer algo, no lo hará».

Son afirmaciones de una de las partes, no términos verificados de forma independiente. Las notas presentan esas garantías como declaraciones de las fuentes estadounidenses.

La división en La Moneda

Lo más llamativo es la división interna. Según The Clinic, que cita a El Mercurio, el Gobierno discrepa sobre el ingreso: Barros muestra distancia de Estados Unidos y se inclina por no entrar, mientras el Segundo Piso estaría a favor. Su ausencia en Santo Domingo se lee dentro del oficialismo como señal de menor compromiso.

Barros dijo hace semanas, en una frase que según The Clinic incomodó a los sectores proestadounidenses del Gobierno: «No somos el patio trasero de ningún país». Frente a la molestia de Hegseth, según BioBio, afirmó que «somos un país muy orgulloso de nuestra realidad».

Del lado de los partidos, la presión va en sentido contrario. El viernes, dirigentes oficialistas pidieron a Kast sumarse. El presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, dijo que rechazar la iniciativa «tiene poco sentido». Según El Mostrador, la embajada de Estados Unidos hizo gestiones ante legisladores oficialistas, entre ellos los senadores Manuel José Ossandón y Andrés Longton y el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella. Ossandón respalda el esfuerzo internacional contra el crimen organizado, pero lo condiciona a «proteger nuestra soberanía». Fuentes estadounidenses advirtieron que Chile podría ser el único miembro del Escudo que no firme el acuerdo militar.

El embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, fue notificado por los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores, hace dos semanas, de que Chile participaría como observador, según El Mercurio.

Qué significa ser observador

Las notas no definen con precisión el estatus de observador: qué información recibiría Chile, qué compromisos tendría y qué puede hacer si más adelante decide entrar. Las alternativas que, según El Mostrador, barajó el Gobierno eran rechazar la coalición militar y quedarse solo en la dimensión política y estratégica del Escudo, con cooperación e intercambio de inteligencia, o entrar como observador. Lo segundo es lo que parece prevalecer.

La ventaja del estatus de observador es que no compromete a Chile mientras evalúa. El costo es de señal: ser el único socio del Escudo sin firmar la parte militar se leería en Washington como una reticencia, y se suma a una discusión pública sobre la autonomía del país.

Lo que se sabe y lo que no

Se sabe que Kast reunió a parte de su gabinete, que no anunció una decisión, que Pavez irá a Santo Domingo, que Barros no asistirá y que Chile iría como observador. Se sabe que hay desacuerdo interno entre el ministro de Defensa y el Segundo Piso, y que los dirigentes oficialistas piden entrar.

No se sabe cuándo se anunciará la decisión, ni si habrá una membresía plena. Las fechas de la cumbre varían según la nota: lunes y martes (26 y 27 de octubre) en The Clinic, martes 27 en El Mostrador, y la nota de El Dínamo habla de un día después de la reunión. No se conoce el texto del acuerdo ni la fecha de su eventual firma. Y las garantías estadounidenses no están verificadas.

Lectura editorial

VDI Global sostiene tres cosas.

Primero, cooperar contra el crimen organizado es una prioridad legítima. Los cárteles y las redes transnacionales amenazan a la región, y Chile tiene interés en intercambiar inteligencia y coordinar acciones con Estados Unidos y con sus vecinos. Rechazar de plano esa cooperación sería un error.

Segundo, la cautela sobre la fuerza letal y las operaciones militares es razonable y está respaldada por la Constitución. Un país no puede comprometerse a acciones que requieran la aprobación del Congreso sin pasar por él. La condición de que cualquier operación en territorio chileno exija autorización previa y cumpla la ley nacional no es un obstáculo; es el mínimo. Si las garantías de Washington son ciertas, deberían poder escribirse en el texto.

Tercero, el problema es la forma. Un Gobierno que llega a la víspera de una cumbre sin decisión, con el ministro de Defensa distanciado del Segundo Piso y con los partidos de la coalición presionando en sentido contrario, proyecta desorden. El estatus de observador es defendible si es una decisión tomada con claridad y explicada al país, no un resultado de la falta de acuerdo interno. El Presidente debe fijar una línea y hacerla pública.

Qué vigilar

  • Cuándo y cómo anuncia Kast su decisión sobre la membresía.
  • Qué dice Pavez en la cumbre de Santo Domingo y qué firma, si firma algo.
  • Si Barros reitera sus reparos y si su permanencia en el cargo se discute.
  • La posición del Congreso, en especial de las comisiones de Defensa y Relaciones Exteriores.
  • Qué países firman el acuerdo, entre ellos Argentina, Perú y Bolivia, según BioBio.
  • Si Washington publica los términos del acuerdo y sus garantías por escrito.
  • Cómo reaccionan los partidos del oficialismo si Chile no firma.

Conclusión

Chile se acerca a la coalición contra los cárteles de Trump con un pie dentro y otro fuera. Va como observador, sin su ministro de Defensa y con un Gobierno dividido. Hay buenas razones para la prudencia, pero la ambigüedad también tiene un precio. La seguridad regional no se resuelve con una foto en Santo Domingo, pero la forma en que Chile decida sumarse, o no, dirá cómo entiende su soberanía y su alianza con Estados Unidos.

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