COREA DEL SUR VA POR LOS SUBMARINOS DE CHILE: HANWHA OFRECE LA TECNOLOGÍA DEL KSS-III PARA REEMPLAZAR A LOS 209
La carrera por renovar la flota submarina chilena suma un competidor de peso. La surcoreana Hanwha Ocean, uno de los mayores constructores navales del mundo, presentó su programa KSS-III como base tecnológica del Ocean 2000, el submarino que ofrece a la Armada de Chile para reemplazar a los dos 209/1400L que cumplen 42 años de servicio. La propuesta llega en la misma semana en que el astillero bota en Corea el segundo submarino de la nueva generación de su país, y a un mes de Exponaval, la feria naval donde Chile verá desfilar a sus posibles proveedores. En plena tensión en el extremo austral, la decisión sobre los submarinos es una de las más importantes que enfrentará la Armada en esta década.
La vitrina coreana
Este 3 de noviembre, Hanwha Ocean bota en su astillero de Geoje el Seo Hui, el segundo submarino KSS-III Batch-II de la Armada de Corea del Sur, de 3.600 toneladas. La ceremonia cuenta con la participación de la Armada coreana y de la agencia de adquisiciones de defensa de ese país. La entrega está prevista para 2028, una vez concluidas las pruebas.
El astillero tiene credenciales. Ha construido 17 de los 24 submarinos encargados por la Armada coreana en sus tres generaciones de programas: KSS-I, KSS-II y KSS-III.
Qué ofrece la tecnología KSS-III
Según la compañía, el Seo Hui incorpora:
- Sistemas mejorados de gestión de combate y de sonar.
- Mayor sigilo y capacidad de supervivencia, propias de la segunda fase del programa.
- Propulsión híbrida, que combina un sistema independiente del aire (AIP) con baterías de iones de litio.
Este último punto es clave. La propulsión AIP permite a un submarino convencional permanecer sumergido durante muchos más días sin necesidad de subir a recargar baterías, lo que lo vuelve mucho más difícil de detectar. Las baterías de litio aumentan la autonomía y la velocidad sumergida frente a las tradicionales de plomo-ácido.
Hanwha sostiene que todo ese conocimiento, en diseño, acústica, propulsión y combate, es la base del Ocean 2000 que propone a Chile.
La flota que hay que reemplazar
La Armada de Chile opera hoy cuatro submarinos. Dos son los Scorpène de origen franco-español, O’Higgins y Carrera, incorporados en la década de 2000. Los otros dos son los Tipo 209/1400L de diseño alemán, Thomson y Simpson, que llegaron a mediados de los años ochenta y que, según la propia propuesta coreana, están al final de su vida útil.
El reemplazo de los 209 es, por tanto, inevitable. La pregunta es con qué, cuándo y en qué condiciones.
Una competencia que recién empieza
Hanwha no estará sola. En diciembre, Valparaíso recibirá Exponaval, donde ya anunciaron su participación astilleros como la española Navantia, la neerlandesa Damen, la francesa Naval Group, la británica Babcock y la india Mazagon. Naval Group, constructor de los Scorpène, parte con la ventaja de conocer la flota chilena y su logística. Y es previsible que los constructores alemanes, herederos del diseño 209, también busquen un lugar.
La competencia se cruza con otros grandes programas de la Armada: el reemplazo de las fragatas, para el que el Reino Unido ofreció construir en Chile el diseño Arrowhead 140, y la Política Nacional de Construcción Naval 2025-2040, que busca que ASMAR fabrique cada vez más buques en el país.
Lectura editorial
El submarino es el arma de disuasión naval por excelencia. Un adversario que no sabe dónde está un submarino debe suponer que puede estar en cualquier parte. Para un país con más de 4.000 kilómetros de costa, un mar austral complejo y una frontera marítima sensible, como Chile, mantener una flota submarina moderna no es un lujo. Es una condición de su soberanía.
El momento lo vuelve más urgente. En el sur, la relación con Argentina atraviesa su punto más tenso en años por el Estrecho de Magallanes y la ruta hacia las Malvinas. En el Pacífico, la Armada vigila flotas extranjeras en el borde de su zona económica exclusiva. Y en el mundo, la guerra en Ormuz recuerda cuánto pesa el control de los pasos marítimos.
La oferta coreana merece ser evaluada con seriedad. Corea del Sur se ha convertido en una potencia de la industria de defensa, con capacidad de producción, cumplimiento de plazos y disposición a transferir tecnología. La propulsión AIP con baterías de litio pondría a Chile en el estándar más moderno de los submarinos convencionales.
Pero la decisión no puede reducirse a la mejor ficha técnica. Hay cuatro preguntas que deberían guiarla. La primera es la compatibilidad con la flota existente: operar dos familias distintas de submarinos tiene costos en entrenamiento, repuestos y mantenimiento. La segunda es la participación de ASMAR: cuánto se construirá o mantendrá en Chile y qué conocimiento quedará en el país. La tercera es el costo del ciclo de vida, no solo el de adquisición. Y la cuarta es la relación estratégica: con qué socio quiere Chile atar su capacidad submarina durante los próximos cuarenta años.
Como en el caso de los cazas y las fragatas, la peor decisión sería no tomar ninguna a tiempo. Los 209 ya cumplieron su ciclo. El programa de reemplazo debe definirse con criterios técnicos, financiamiento plurianual estable y una visión de Estado, no de un gobierno.
Lo que viene
Hanwha Ocean bota este martes el Seo Hui en Corea. En diciembre, Exponaval reunirá en Valparaíso a los principales candidatos. La Armada deberá definir los requisitos de su programa de reemplazo y el gobierno, cómo financiarlo. Los submarinos que se elijan ahora navegarán probablemente hasta la década de 2070.