UN INFORME DE EEUU CLASIFICA A SANTIAGO COMO DE «ALTO RIESGO» PARA SUS INTERESES Y ADVIERTE QUE EL CRIMEN ORGANIZADO SE VUELVE MÁS SOFISTICADO
Las bandas y organizaciones mencionadas son descritas por informes de seguridad y por la Fiscalía; las personas vinculadas a ellas gozan de presunción de inocencia mientras no exista condena firme.
Un informe de seguridad del Consejo Asesor de Seguridad en el Extranjero (OSAC), que reúne a representantes del Departamento de Estado y a organizaciones privadas estadounidenses con operaciones internacionales, advierte que los grupos de crimen organizado en Chile se vuelven más sofisticados y diversifican sus actividades. Clasifica a Santiago como de «alto riesgo» para delitos dirigidos contra intereses oficiales de Estados Unidos y como «amenaza media» en terrorismo. El mismo texto reconoce que los homicidios cayeron 11,5% en el primer semestre de 2026 y que la tasa de delitos violentos es relativamente baja para América Latina.
Qué es el informe
El documento fue publicado el 24 de septiembre por el OSAC, un organismo que reúne a representantes del Departamento de Estado y a organizaciones privadas estadounidenses con operaciones en el exterior. Su función es informar a empresas y ciudadanos de su país sobre los riesgos de seguridad en cada destino. La prensa chilena lo difundió este miércoles 21 de octubre.
Importa entender qué es y qué no es. No es una acusación contra el Estado chileno ni una sanción. Es una evaluación de seguridad pensada para quienes viven, viajan o invierten desde Estados Unidos. Su lectura sobre el crimen en Chile está hecha desde ese punto de vista: el de los intereses estadounidenses. Eso no la invalida, pero la ubica.
Lo que advierte sobre el crimen organizado
La conclusión central es que los grupos de crimen organizado «se vuelven más sofisticados y diversifican sus actividades». El informe cita la evaluación de 2025 de la Fiscalía Nacional, que habla de una «densificación delictiva»: mercados criminales cada vez más conectados entre sí. Narcotráfico, tráfico de armas, secuestro, extorsión, trata de personas, tráfico de migrantes y lavado de dinero ya no son compartimentos separados.
Según el informe, los grupos transnacionales operan junto a bandas locales, y la mayoría ya no se especializa en un solo delito. Nombra al Tren de Aragua, de origen venezolano; a Los Gallegos, descrito como uno de sus brazos en Chile; y a Los Trinitarios, de República Dominicana.
También señala dónde se concentra el problema. La mayor parte del delito está en la Región Metropolitana. Los delitos dirigidos a residentes de mayores ingresos en Las Condes, Vitacura y Providencia han aumentado recientemente, y el robo de vehículos ha subido en Valparaíso. El texto identifica como zonas de alto riesgo en Santiago a Villa Francia, El Castillo, La Victoria, La Pincoya, Bajos de Mena, Cerro Navia, Pudahuel, Quilicura y San Bernardo.
Lo que el informe reconoce a favor de Chile
Un análisis honesto tiene que mostrar las dos mitades. El mismo documento afirma que los homicidios cayeron 11,5% en el primer semestre de 2026 respecto del mismo período de 2025. Y admite que la tasa de delitos violentos en Chile es relativamente baja para los estándares de América Latina, aunque ha subido de forma sostenida durante la última década.
La lectura no es contradictoria. Un país puede mejorar en homicidios y a la vez enfrentar un crimen más organizado. Son fenómenos distintos: uno mide cuántas personas mueren, el otro, qué tan estructurado está el delito. Y el segundo es el que más preocupa a quien invierte o a quien tiene personal en el país.
El contexto: un diagnóstico que ya existía
Esta no es la primera advertencia. El Índice Global de Crimen Organizado, publicado por una organización con sede en Suiza, ya había mostrado en 2025 un deterioro. Chile pasó de 4,6 puntos en 2021 a 5,18 en 2023 y 5,48 en 2025, con una explicación recurrente: la consolidación de bandas transnacionales como el Tren de Aragua. Ese índice lo ubica en el octavo lugar de Sudamérica y en el puesto 76 entre 193 países, aunque con una resiliencia alta: segundo en la región, detrás de Uruguay.
También recoge elementos incómodos. Cita que la Fiscalía Nacional describe al secuestro como un componente estructural del crimen organizado y menciona casos de vínculos con el narcotráfico en instituciones armadas y policiales, y la formación de una banda de narcotraficantes entre gendarmes en la cárcel de Alto Hospicio. Esos son los antecedentes que sostienen la expresión «densificación delictiva».
El marco político
El informe llega en un momento de redefinición de la relación entre Chile y Estados Unidos. En septiembre, el presidente José Antonio Kast anunció la adhesión de Chile al Escudo de las Américas, una iniciativa regional contra el crimen liderada por Washington. Los expresidentes Gabriel Boric y Michelle Bachelet la criticaron como una posible amenaza a la autonomía del país.
Por otra parte, el embajador estadounidense, Brandon Judd, dijo que la Corporación Financiera para el Desarrollo (DFC) evalúa proyectos en Chile por miles de millones de dólares, entre ellos ampliaciones portuarias y centros de datos e inteligencia artificial, siempre que se alineen con los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.
Hay además otro documento reciente, preparado para comisiones del Congreso estadounidense, que alerta sobre la influencia china en infraestructura crítica y plantea evaluar el tratado de libre comercio vigente desde 2004. Son informes distintos, de organismos distintos y con propósitos diferentes. Pero en conjunto muestran una atención creciente de Washington hacia Chile, tanto en seguridad como en economía.
Lo que las fuentes no dicen
El informe, según lo reportado, no propone recomendaciones al Gobierno chileno ni programas de cooperación. Tampoco entrega una metodología pública para calificar a Santiago como «alto riesgo». Las notas consultadas no explican qué significa exactamente esa categoría en la escala del organismo ni cómo se compara con otras capitales de la región. No incluye cifras de delitos contra estadounidenses en particular. Y la lista de barrios de alto riesgo no viene acompañada de datos que permitan verificarla.
Además, hay una limitación propia: no pudimos leer el documento original. Esta nota se basa en la cobertura de prensa del informe, y los datos deberían contrastarse con el texto del OSAC antes de citarse como textuales.
Lectura editorial
Creemos que hay cuatro cosas que conviene separar.
La primera es el uso del informe. Un reporte de seguridad para empresas y viajeros no es una sentencia sobre un país. Santiago sigue recibiendo turistas, inversiones y delegaciones. Convertir la categoría de «alto riesgo» en un titular de catástrofe sería injusto con lo que dice el propio documento, que reconoce la caída de homicidios.
La segunda es el diagnóstico de fondo. Que los grupos criminales sean más sofisticados y diversifiquen sus negocios es una señal que las autoridades chilenas no pueden ignorar. Un secuestro, una extorsión o una red de trata no se combaten con las mismas herramientas que un robo. Requieren inteligencia, coordinación entre instituciones, control de fronteras y un sistema penitenciario que no sea una escuela del delito. Si el diagnóstico es correcto, la política de seguridad tiene que medirse por su capacidad de desarticular estructuras y no solo por cuántos detenidos exhibe.
La tercera es la soberanía. Un informe estadounidense que ordena el problema desde los intereses de Estados Unidos puede ser útil, pero no debe dictar la agenda chilena. Cooperar con Washington en seguridad es razonable. Subordinar las prioridades propias a las ajenas no lo es. La discusión sobre el Escudo de las Américas, con críticas desde la izquierda, mostró que este equilibrio está lejos de zanjarse.
La cuarta es la lectura desde Israel, donde se escribe esto. Conocemos de cerca cómo se vive con una amenaza permanente sin que la normalidad se detenga. La seguridad se sostiene con instituciones fuertes y con una opinión pública informada, no con alarma. Chile necesita datos serios, comparables y públicos sobre su crimen organizado, no solo evaluaciones externas.
Qué vigilar
Hay cuatro cosas. Si el Gobierno chileno responde al informe y cómo. Si los homicidios siguen bajando en el segundo semestre mientras suben otros delitos. Los detalles de la adhesión de Chile al Escudo de las Américas y qué compromisos implica. Y si los proyectos que evalúa la DFC se condicionan, como dijo el embajador, a criterios de seguridad nacional estadounidenses.
Conclusión
Un organismo de seguridad estadounidense ve en Chile un crimen organizado más sofisticado, con Santiago en «alto riesgo» para sus intereses, pero también una caída de los homicidios y una tasa de violencia baja para la región. Ambas cosas son ciertas a la vez. El desafío para Chile es mirar el espejo sin dramatizar y sin minimizar, y decidir con sus propios datos cuánto de ese diagnóstico le corresponde atender.
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